Se ha convertido en una constante, que cuando terminan las elecciones se inicia un debate nacional sobre la necesidad de implementar reformas electorales. Este dura varias semanas, después de las cuales el tema va quedando relegado. Finalmente no hay reformas y todo fue una catarsis para no cambiar nada.
Después de las pasadas elecciones, se ha iniciado otra vez este trillado debate. Pero pareciera que ahora tiene nuevos elementos. La diferencia es que en esta ocasión, fue la oposición la que ganó. Para muchos ya llegó la hora de reformar la ley electoral, pues ya el sistema actual no funcionó para que los mismos volvieran a ganar.
Por ello, aunque debemos mantener nuestra posición favorable a las reformas, es necesario actuar con cautela. En nuestro país tenemos bastante experiencia sobre reformas electorales que no son para mejorar el sistema. Las que se hicieron en el último año son un claro ejemplo. Solo servían para aumentar las ventajas de los partidos de derecha.
La clave es que sepamos diferenciar aquellas propuestas de reforma electoral que son necesarias para mejorar la democracia formal y volver más eficiente la participación ciudadana, de las que solo sirven para que los partidos saquen ventajas y mantengan sus privilegios.
También es necesario que entendamos que algunas importantes reformas que la izquierda ha propuesto, no han sido con el objeto de obtener ventajas para esta, por tanto debemos mantener la necesidad de su vigencia.
Desde hace muchos años hemos hablado de la necesidad de separar la función jurisdiccional, de la administrativa o logística, en el TSE. Hasta hoy la derecha se oponía, pues ambas funciones estaban de alguna manera controladas por la Presidencia del TSE y ellos tenían este cargo. Ahora en que el presidente del TSE será del FMLN, es probable que la derecha comience a ver con buenos ojos esta reforma. Por tanto, esta puede ser la oportunidad de lograrla. La izquierda nunca ha propuesto la separación de funciones electorales para sacar ventaja política, lo ha hecho pues es necesaria para la mayor eficiencia y transparencia de los procesos electorales.
Ahora ARENA descubre que la movilización de votantes no es un mecanismo de todo eficiente para ganar alcaldías y diputados (aunque se puede alegar que sí les funcionó en el municipio de San Salvador). Por tanto muchos de los temores sobre el voto residencial comienzan a desaparecer. Además en el departamento de Cuscatlán, donde se implementó el Plan Piloto de Voto Residencial, ARENA siempre mantuvo su tradicional ventaja, a pesar que el número de votantes aumentó. Por tanto ahora podríamos tener condiciones para lograr que el voto residencial se implemente a nivel nacional.
Hay otras reformas que también pueden implementarse, como que la foto y el nombre de los candidatos aparezcan en la papeleta de votación. Que se pueda votar por personas y no por partidos también debe impulsarse.
También es probable abrir debate serio sobre la integración plural de los Concejos Municipales. Esta ha sido una de las demandas más antiguas de la izquierda. Ahora que la derecha siente que poco a poco, en cada elección, pierde importantes espacios en el campo municipal podría mostrar interés en ella. Esto podría convertir a los Concejos en asambleas municipales donde se discutan y busquen soluciones a los problemas locales. La presencia de otros partidos en el Concejo los obligaría a más transparencia.
No debemos olvidar que está pendiente la implementación de las recomendaciones que hizo la OEA en su auditoria sobre el registro electoral. Es necesario cumplirlas para tener un padrón confiable. Además el otro año vencen los DUIS por tanto todos los salvadoreños tendremos que abocarnos a obtener un nuevo documento. Esta debería de ser la gran oportunidad para que generemos un nuevo Registro Electoral confiable y que pueda implementarse el voto residencial.
Los elementos anteriores no agotan la agenda pendiente que la clase política tiene con el país en el tema de las reformas electorales. Las he enfatizado por su importancia y como ejemplos de las nuevas posibilidades que ahora se abren.
Ahora toca a la ciudadanía exigir que los discursos se vuelvan hechos concretos y realidades. Los y las ciudadanos deben exigir que no solo experimentemos otra catarsis para que al final no haya reformas electorales.
Además, este momento es también propicio, pues tendremos tres años sin elecciones, que es el mayor tiempo que tenemos sin “ruido electorero”. No podemos desperdiciar esta oportunidad.
Ayutuxtepeque, lunes, 06 de abril de 2009.


