
Hemos visto terminar el año viejo e iniciar el año nuevo con un terrible enfrentamiento y genocidio en una batalla desigual en la que los adversarios no quieren ceder terreno a cualquier precio, Hamás lanzando unos cuantos misiles en forma indiscriminada a Israel y éste país respondiendo con una ofensiva militar desproporcionada, bombardando inmisericordemente sin que importen vidas civiles, niños o de voluntarios de ayuda comunitaria.
Con cautela de parte de los gobiernos de América al pronunciarse al respecto, pero el repudio es casi total en los pueblos americanos y se condena en forma casi unánime el excesivo uso de fuerza de parte de Israel en la Franja de Gaza, en contra de Hamás, ante lo que se considera una agresión directa de Israel contra los Palestinos amparada en el manto de la "autodefensa".
Los paises americanos con gobiernos de corte izquierdista, han sido mas tajantes en la condena a Israel y los otros coinciden en que debe cesar la ofensiva israelí, aunque también criticaron el uso indiscriminado de cohetes palestinos, de parte de brazos armados de Hamas.
Venezuela fué mas lejos porque ha expulsado al embajador Israelí en ese país, en una acción previsible dadas las características psico-patológicas de su Presidente Hugo Chávez, pero otros paises han demostrado su desacuerdo con el ataque Israelí, incluso Colombia que al igual que nuestro gobierno, es un tradicional aliado de los Estados Unidos (y por añadidura, aliado de Israel), pidió que Cese "todo tipo de Agresión militar".
En varios paises de América incluyendo el nuestro se han producidos manifestaciones como el martes 6 de enero en Buenos Aires, en Uruguay este día un grupo marcho en protesta por los ataques, en El Salvador un jóven lanzó un zapato contra guardias de la embajada de Israel, emulando al periodista Irakí que se hizo famoso haciendo lo mismo contra el George Bush.
Pero por el lado cruel de las noticias, La ONU tuvo que suspender la ayuda humanitaria pues el fuego Israelí alcanzó unos convoyes de ayuda.
"La UNRWA se ha visto obligada a suspender la distribución de alimentos por no poder garantizar la seguridad de su personal. Es inaceptable que la ONU no pueda proporcionar asistencia en esta crisis humanitaria, que se está agravando", apuntó la portavoz de Naciones Unidas, Michele Montás.
El Cardenal Renato Martíno de El Vaticano afirmó que Gaza se parece cada vez a un campo de concentración.
Los desplazados llegan a 20,000 que se refugian en las instalaciones de Naciones Unidas, el número de muertos sobrepasa los 700 Palestinos de los cuales un enorme porcentaje son civiles y se cuentan mucho niños entre los muertos heridos que llegan a mas de 3000.
En Argentina la comunidad judía que es la mas numerosa de Latinoamerica, realizó un acto de solidaridad con Israel justificando la ofensiva militar sobre el territorio palestino y en diversos paises de américa las comunidades judías se han pronunciado a favor de los ataques.
El país publica un interesante artículo que les transcribo a continuación:
http://www.elpais.com/articulo/opinion/sera/dificil/derrotar/Hamas/Hezbola/elppgl/20090107elpepiopi_4/Tes
Israel contra Hamás en Gaza y la guerra de 2006 entre Israel y Hezbolá en Líbano. He aquí, a mi juicio, las más importantes.
"Cuanta más fuerza y más brutalidad emplee Israel contra los árabes, mayor será la reacción de éstos"
Ésta es la historia de David y Goliat, a la inversa y en el mismo paraje.
La primera analogía tiene que ver con los orígenes: Hamás y Hezbolá no existieron hasta 1982, aproximadamente. Para entender su nacimiento y su fortalecimiento es preciso verlos, en gran medida, como una respuesta contra las políticas israelíes de ocupación y colonización en Palestina y Líbano, además de otras razones de orden secundario.
Hamás y Hezbolá son los hijastros ideológicos del Partido del Likud y especialmente de Ariel Sharon, cuya estrategia de recurrir a la violencia, el racismo y la colonización como principales instrumentos para ocuparse de las poblaciones árabes ocupadas acabó engendrando una voluntad de resistencia. Los tres principales responsables de mantener en la actualidad el legado de brutalidad de Sharon -Ehud Olmert, Ehud Barak y Tzipi Livni- parecen tener una ceguera genética ante la realidad de que, cuanta más fuerza y más brutalidad emplee Israel contra los árabes, mayor será la reacción de éstos, en forma de movimientos de resistencia más eficientes y con más apoyo de la población.
La segunda analogía es la relativa a la competencia técnica. Tanto Hezbolá como Hamás han aumentado de forma sistemática su empeño y su capacidad de utilizar diversos cohetes y misiles para hostigar y atacar a Israel. Y, aún más importante, ambos han aumentado su capacidad de proteger sus lanzamisiles frente a los ataques preventivos israelíes.
El número de muertos israelíes en los últimos años asciende a unos pocos centenares, frente a los miles de palestinos que Israel ha matado. Pero la destrucción y el recuento de cadáveres no son los criterios más útiles en este análisis. Las verdaderas varas de medir para valorar lo que importa desde el punto de vista político son el persistente sentimiento israelí de vulnerabilidad y la sensación palestina de poseer fuerza, una actitud desafiante y la capacidad de responder luchando.
Desde el punto de vista de Hamás, el mero hecho de poder seguir disparando 30 o 40 cohetes diarios contra el sur de Israel mientras los israelíes destruyen gran parte de la infraestructura civil y de seguridad en Gaza es una victoria, espantosa pero tangible. Es la historia de David y Goliat a la inversa, y se desarrolla exactamente en la misma región del sur de Palestina / Israel en la que está situado el relato de la Biblia.
La frustración y la impotencia que siente Israel quedan reflejadas en sus bombardeos de la Universidad Islámica y el edificio del Parlamento palestino en Gaza, dos símbolos del tipo de modernidad y democracia que Israel y Estados Unidos aseguran querer promover en el mundo árabe pero que, en la práctica, les resulta mucho más fácil hacer saltar por los aires. Los palestinos y los libaneses pagan un precio muy caro por su perseverancia, su resistencia y sus "victorias", pero, hasta que alguien proponga una forma menos costosa de hacer frente a la violencia israelí en este conflicto, lo más probable es que sigamos presenciando este ciclo de guerras durante bastante tiempo.
Las imágenes que vemos en televisión de los niños y otros civiles inocentes muertos en Gaza engendran una tremenda voluntad de lucha entre los palestinos y sus partidarios, tanto en todo el mundo árabe como fuera de él. Israel mantiene los ojos cerrados al hecho de que los árabes, ante la brutalidad, tienen la misma reacción que los israelíes.
En un sondeo realizado esta semana, la mayoría de los israelíes apoya que continúen los ataques contra Gaza, a pesar del elevado número de muertes entre la población civil. Por lo visto, los israelíes piensan que tienen derecho a responder a los ataques contra ellos empleando la violencia indiscriminada contra los civiles palestinos, pero que los palestinos no tienen ese mismo derecho a responder cuando les ataca Israel. ¿Por qué el doble rasero? Esta actitud racista y brutal de muchos israelíes, sobre todo los que están en el Gobierno, ha provocado, entre otras consecuencias, el nacimiento, el desarrollo y el fortalecimiento de Hamás y Hezbolá, y ha hecho que su capacidad de lucha se haya incrementado hasta el punto de obligar a Israel a aceptar un alto el fuego.
La tercera analogía está relacionada con la convergencia entre religión, nacionalismo, gobierno y política. Tanto en Palestina como en Líbano, los sistemas políticos laicos predominantes han demostrado durante años que eran disfuncionales, corruptos e incapaces de proteger a la sociedad tanto contra las agresiones israelíes como contra las luchas internas y el crimen. Los movimientos como Hamás y Hezbolá se desarrollaron en gran parte para llenar el vacío que suponía no tener ni una dirección eficaz, ni una garantía de seguridad contra los ataques israelíes ni un mínimo orden interno. Entre los resultados que han obtenido ha habido de todo: han logrado éxitos en algunas áreas pero no han sabido evitar una intensificación de la guerra y la destrucción en otras.
Tratar de desacreditar a estos movimientos acusándoles de una transgresión fundamental -por ejemplo, que emplean el terrorismo, atacan a la población civil, llevan armas, coquetean con Siria e Irán, adoptan un programa de tipo islamista- no sirve de nada, porque no va a desacreditarlos ni a destruirlos.
La razón es hasta qué punto es estructural la manera en la que desempeñan una serie de funciones que satisfacen las necesidades reales de sus ciudadanos y sus seguidores en los ámbitos de la gobernación, la seguridad local, la defensa nacional y los servicios básicos, unas responsabilidades que sus respectivos Gobiernos nacionales laicos no supieron cumplir.
La combinación de estos atributos hace que a Israel le resulte muy difícil "derrotar" a Hezbolá y Hamás tal como están estructurados en la actualidad, por mucha muerte y mucha destrucción que lleve a sus sociedades. Estos dos movimientos nacionalistas islamistas son el reflejo de una larga lista de agravios, en su mayoría legítimos, que es preciso abordar si queremos que la paz y la seguridad puedan reinar alguna vez en esta región.
Rami G. Khouri es adjunto a la dirección del periódico de Beirut The Daily Star y director del Instituto Issam Fares de Política Pública y Asuntos Internacionales en la Universidad Americana de Beirut, Líbano. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. © 2008, Rami G. Khouri. Distribuido por Agence Global.
