Amigos y amigas, pongo a disposición de ustedes un interesante artículo. Espero que les haga reflexionar.
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TRIBUNA: JEFFREY SACHS
La amenaza antiintelectual estadounidense
JEFFREY SACHS 04/10/2008
En los últimos años, Estados Unidos ha sido más una fuente de
inestabilidad mundial que de resolución de problemas en el mundo.
Abundan los ejemplos: la guerra de Irak, iniciada por Estados Unidos
con falsos argumentos; la obstrucción de los esfuerzos para reducir el
cambio climático; la escasa ayuda al desarrollo; la violación de
tratados internacionales como los Convenios de Ginebra... Aunque son
muchos los factores que contribuyeron a las acciones
desestabilizadoras de EE UU, uno de ellos, muy poderoso, es la actitud
antiintelectual, simbolizada recientemente en la gran popularidad que
obtuvo en un primer momento la candidata republicana a la
vicepresidencia, Sarah Palin.
Al decir antiintelectual, me refiero en especial a una perspectiva
agresivamente anticientífica, apoyada en el desprecio por quienes
defienden la ciencia y la necesidad de pruebas. Pero los retos que
afronta una gran potencia como Estados Unidos exigen análisis
rigurosos de la información con arreglo a los mejores principios
científicos.
El cambio climático, por ejemplo, plantea graves amenazas para el
planeta que es preciso valorar de acuerdo con las normas científicas
preponderantes y la creciente capacidad de las ciencias del clima. El
proceso científico mundial denominado Panel Intergubernamental sobre
el Cambio Climático (PICC), premiado con un Nóbel, ha establecido la
pauta del rigor científico en el análisis de las amenazas que
representa el cambio climático provocado por el ser humano.
Necesitamos políticos con conocimientos científicos y capaces de
ejercer un pensamiento crítico basado en las pruebas para transformar
esos hallazgos y recomendaciones en estrategias políticas y acuerdos
internacionales.
Sin embargo, en Estados Unidos, las actitudes del presidente Bush, los
responsables republicanos y, últimamente, Sarah Palin, son todo lo
contrario de científicas. La Casa Blanca ha hecho todo lo que ha
podido durante ocho años para ocultar el abrumador consenso científico
sobre el hecho de que los seres humanos están contribuyendo al cambio
climático. Intentó impedir que los científicos del Gobierno hablaran
con sinceridad en público. The Wall Street Journal también ha tratado
de vender anticiencia y pseudociencia con el fin de oponerse a las
políticas diseñadas para luchar contra el cambio climático de origen
humano. Estas actitudes anticientíficas afectaron no sólo a la política del
clima, sino también a la política exterior. Estados Unidos emprendió
la guerra de Irak basándose en el instinto y las convicciones
religiosas de Bush, no en pruebas rigurosas. Ahora Palin también dice
que la guerra fue "una tarea ordenada por Dios".
No estamos hablando de personas aisladas, aunque poderosas, que no
tienen ni idea de la realidad. Son reflejo del hecho de que una parte
importante de la sociedad estadounidense, que hoy vota, en general, a
los republicanos, rechaza o simplemente ignora las pruebas científicas
básicas relacionadas con el cambio climático, la evolución biológica,
la salud humana y otros ámbitos. Estos votantes no suelen renunciar a
las ventajas de las tecnologías que les proporciona la ciencia
moderna, pero sí rechazan las pruebas y los consejos que ofrecen los
científicos en relación con las estrategias políticas.
Los datos de una encuesta reciente llevada a cabo por la Fundación Pew
revelan que, mientras que el 58% de los demócratas cree que los seres
humanos están causando el calentamiento global, sólo el 28% de los
republicanos está de acuerdo. En el mismo sentido, una encuesta
realizada en 2005 descubrió que el 59% de los que se reconocían
republicanos conservadores rechazaban cualquier teoría de la
evolución, mientras que el 67% de los demócratas liberales aceptaban
alguna de sus versiones. Por supuesto, algunos de los que niegan estas cosas son sencillamente
ignorantes, víctimas de la mala calidad de la educación científica en
Estados Unidos. Pero otros son fundamentalistas bíblicos, que rechazan
la ciencia moderna porque consideran que la palabra de la Biblia es
una verdad literal. Rechazan las pruebas geológicas del cambio
climático porque rechazan la ciencia de la geología como tal.
No se trata de enfrentar religión contra ciencia. Todas las grandes
religiones tienen tradición de relaciones fructíferas e incluso apoyo
a la investigación científica. La Edad de Oro del Islam, hace un
milenio, fue la era en la que la ciencia islámica mandaba en el mundo.
El papa Juan Pablo II declaró su respaldo a los principios científicos
básicos de la evolución, y los obispos católicos son muy partidarios
de limitar el cambio climático provocado por el ser humano, a partir
de las pruebas científicas.
Varios científicos destacados, incluido uno de los principales
biólogos del mundo, E. O. Wilson, han tendido la mano a comunidades
religiosas para colaborar en la lucha contra el cambio climático
causado por el ser humano y por la conservación biológica, y esas
comunidades religiosas han respondido trabajando en armonía con la
ciencia. El problema es el fundamentalismo agresivo que niega la ciencia
moderna, la actitud agresivamente antiintelectual que considera que
los expertos y los científicos son el enemigo. Ésas son las opiniones
que pueden acabar matándonos. Al fin y al cabo, ese tipo de extremismo
puede incluso derivar en una guerra, si parte de la opinión
distorsionada de que una guerra concreta es deseo de Dios, y no un
fracaso de la política y la cooperación. En muchas de sus
declaraciones, Palin parece empeñada en invocar a Dios cuando opina
sobre la guerra, un mal presagio para el futuro si resulta elegida.
Desde luego, daría excusas a muchos enemigos de EE UU, que recurrirían
a sus propios fundamentalismos. Los extremistas de ambos signos acaban
poniendo en peligro a esa gran mayoría de personas que no es ni
extremista ni fundamentalista.
Es difícil saber con certeza lo que está despertando el
fundamentalismo en tantas partes del mundo. Lo que ocurre en Estados
Unidos, por ejemplo, no ocurre en Europa, pero sí es típico, como es
lógico, de algunas zonas de Oriente Próximo y Asia central. El
fundamentalismo parece surgir en épocas de cambios trascendentales,
cuando las estructuras sociales tradicionales se ven amenazadas. El
crecimiento del fundamentalismo estadounidense moderno en la política
se remonta a la era de la lucha por los derechos civiles, en los años
sesenta, y refleja, al menos en parte, una reacción de muchos blancos
contra la fuerza política económica, cada vez mayor, de grupos
minoritarios no blancos e inmigrantes en la sociedad norteamericana.
La única esperanza de la humanidad es que se sustituya el círculo
vicioso del extremismo por una interpretación mundial común de los
enormes retos del cambio climático, las reservas de alimentos, la
energía sostenible, la escasez de agua y la pobreza. Los procesos
científicos de ámbito mundial como el PICC son fundamentales, porque
son nuestra mejor posibilidad de elaborar un consenso basado en las
pruebas científicas. Estados Unidos debe reincorporarse al consenso mundial basado en datos
científicos comunes y dejar la actitud antiintelectual. Ésa es la
tarea más urgente que tiene hoy la sociedad estadounidense.
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Tags: elecciones EUA, cambio climático












Con todo mi amor para la dupla mf/sc, la cupula del frente, y a ti mi hunna, y todos los q piensan votar por el CAMBIO!!!! Inmigrante/a xoxoxoxo