Del sueño americano a la pesadilla de la realidad.

Desde 1999 los norteamericanos comenzaron a ganar menos. Trabajaban mas, pero su salario real comenzó a caer. Allí comenzó a deteriorarse el sueño americano. Pero nadie se dio cuenta. La tendencia era ver si la bolsa de valores de Nueva York crecía, nadie veía su propio bolsillo. Las bolsas de las familias iban cayendo lentamente, pero el oropel del gran Casino de Wall Street brillaba demasiado y cegaba a la gente, que no veía la realidad.
En ese momento millones de familias, cegadas por las luces que irradiaban las grandes financieras, decidieron cambiar sus hábitos de vida. Decidieron adquirir viviendas grandes y hermosas sin pensar en como las pagarían. Decidieron topar las tarjetas de crédito, que les llegaban a granel por el correo ordinario. Decidieron irse de vacaciones y a comer a los mejores restaurantes. Era el sueño americano a la vuelta de la esquina. Un sueño adquirido al crédito que se amortizaría en módicas cuotas mensuales a largo plazo.

Todo este consumismo generó un crecimiento artificial de la economía. La gente consumía. Las importaciones y las exportaciones crecían. Los precios de las casas se dispararon muy arriba de su valor real, pues la demanda para adquirirlas era enorme. Todos compraban auto nuevo, muebles nuevos, ropa de la última moda. La bolsa de valores seguía subiendo, el mundo marchaba como debía, no había nada que temer. Si había alguna duda, se disipaba esa noche al ver en la televisión el crecimiento de la Bolsa de Valores de Nueva York.

Ahora todos han despertado de ese sueño y descubren la pesadilla de su realidad.
La bella casa que adquirieron no es posible seguirla pagando. No pueden venderla, porque todos andan en lo mismo, vendiendo sus casas. Además no vale lo que les dijeron, su valor es mucho menor. La deuda de las tarjetas hay que pagarla, llegan tantos avisos de cobro como plásticos tenían. Los operadores de tarjetas los amenazan con embargarles la vivienda si no pagan, pero no es posible ya que el embargo de la vivienda ya llegó al no poder seguirla pagando.
Ahora solo miran su casa desde la calle. Ya no pueden ingresar a ella porque no les pertenece. Viven en sus autos. Los mas afortunados se amontonan en la casa de algún pariente que todavía no ha perdido la suya. Los mas desafortunados y deambulan por las calles.

Dios no lo permita, pronto veremos el espectáculo de los años veinte del milenio pasado, en que decenas de miles de familias deambulaban por las calles, viajaban en grandes multitudes de un Estado a otro, buscando trabajar aunque sea por un plato de comida. De casi millonarios, a mendigos.
Todo parece indicar que el paquete de salvataje será aprobado por el Congreso norteamericano. Tengo profundas dudas sobre su efecto benéfico. No veo como salvando los banqueros y sus instituciones financieras, se ayudará a la empobrecida clase media norteamericana. No hay un plan integral para salir de la crisis. El paquete de salvataje es un salvavidas en medio del océano, que nos puede prolongar la vida unos días mas.
No veo claro cual es el plan concreto para que los que están a punto de perder sus casas, puedan salvarla. No veo claro cual es la oportunidad para el que perdió su casa y vive en la calle. No veo claro cual es el plan de reactivación de la economía que generará los empleos suficientes y de calidad para la Población Económicamente Activa que se encuentra desempleada en los EUA.

Al menos volvieron a leer a Keynes, allí hay varias recetas que fueron exitosas durante la gran depresión de los años veinte. Una purga de intervencionismo estatal keynesiano les dolerá a los banqueros pero es necesaria. Los olvidados textos de monetarismo pueden tener ideas todavía valiosas.
Muchos los acusarán de socialistas, por pura confusión. Se les olvida que el intervencionismo de Estado en la economía fue lo que salvó al capitalismo de la crisis de los veinte. El Estado socialista no interviene en la economía, pues es el dueño de los medios de producción. Simplemente la planifica y decide todo, por ello fracasaron. Intervenir es llegar desde fuera y meterse en lo ajeno.
Ayutuxtepeque, miércoles, 1 de octubre de 2008
