S?bado, 13 de septiembre de 2008

La Ley de amnistia fué la base para que las armas callaran. La Ley de amnistia nació como en todo conflicto armado como un instrumento para alcanzar que la guerra continuara en el campo político. Derrogarla es volver al pasado y a crear una ingobernabilidad insostenible para cualquier Presidente que entre en funciones en el 2009. Es pedir que la guerra misma vuelva a su estado anterio, donde se irrespeto a medio mundo.

Los militares Salvadoreños y los guerrilleros del FMLN pelearon batallas y batallas donde ninguno de los dos fué vencido. En Chile y Argentina la guerra interna contra el comunismo se libró de otra manera. No existio un Batallon Atlacatl que asesino Jesuitas o Ejercito Revolucionario del Pueblo ERP que asesino a Alcaldes, No hubo un Partido de los Trabajadores Centroamericanos PRTC que asesino a a Marines en la Zona Rosa, No hubieron Fuerzas Armadas de la Liberacion FAL o o FPL que asesinaron y secuestraron a cientos de Salvadoreños. En Suramerica la dictadura fue TOTAL. Ministerios fueron gobernados por militares. Aqui Hubieron procesos con Presidentes elegidos democraticamente como el Presidente Duarte.

La Razón para deponer las armas se materializó con los Acuerdos de Paz y el FMLN logro su estatus politico actual y comenzo a gobernar LEGALMENTE muchos municipios del pais al ganar alcaldias y un porcentaje e incidencia politica parea crear leyes en la Asamblea legislativa.

Jugar a ser jueces donde les corresponde estar sentado en el banquillo de los acusados junto a los que cometieron crimenes es jugar a ganar una partida donde será la de nunca acabar.

¿Que le espera al pais por derrogar esta ley? ¿Volver al pasado y dejar de ver el futuro que tantos muertos del FMLN, de la Fuerza Armada, de la sociedad civil que ofrecieron sus vidas para encontrar los caminos de libertad y de democracia que ahora se vive?

Les entrego este discurso que habla por si solo, lo de condenar al vencedor por el vencido.

 





Discurso del Almirante Massera ante los jueces que lo condenaron.

Alegato durante los Juicios a las Juntas Militares Argentinas.

 

'No he venido a defenderme' Nadie tiene que defenderse por haber ganado una guerra justa. Y la guerra contra el terrorismo fue una guerra justa. Sin embargo yo estoy aquí procesado porque ganamos esa guerra justa. Si la hubiéramos perdido no estaríamos acá --ni ustedes ni nosotros--, porque hace tiempo que los altos jueces de esta Cámara habrían sido substituidos por turbulentos tribunales del pueblo y una Argentina feroz e irreconocible hubiera substituido a la vieja Patria. Pero aquí estamos. Porque ganamos la guerra de las armas y perdimos la guerra psicológica. Quizás por deformación profesional estábamos absortos en la lucha armada; y estábamos convencidos de que defendíamos a la Nación y estábamos convencidos y sentíamos que nuestros compatriotas no sólo nos apoyaban. Más aún, nos incitaban a vencer porque iba a ser un triunfo de todos.

 

Ese ensimismamiento nos impidió ver con claridad los excepcionales recursos propagandísticos del enemigo y mientras combatíamos un eficacísimo sistema de persuasión comenzó a arrojar las sombras más siniestras sobre nuestra realidad hasta transformarla, al punto de convertir en agresores a los agredidos, en victimarios a las víctimas, en verdugos a los inocentes... Y esa guerra psicológica no ha cesado. Lleva más de diez años golpeando la sensibilidad de la gente, ayudada por un extraordinario apoyo de la prensa. Era --y es-- imposible contestar esos ataques porque, en primer lugar, es muy difícil encontrar los medios dispuestos a jugarse por la verdad cuando la correntada social avanza en sentido contrario; y en segundo lugar, porque no se han tergiversado solamente las palabras se ha tergiversado la convención social que le da a cada palabra un significado aceptable para todos.

 

Así parecería que la democracia era el terrorismo y los que combatíamos al terrorismo éramos los auténticos terroristas. Así hemos perdido el sentido de la palabra libertad que es un bien en sí mismo, independiente de que alguien intente arrebatárnoslo, y las usinas destinadas a la perversión de las ideas la han suplantado por la palabra 'liberación', que no supone un bien intrínseco, sino un bien coyuntural sujeto que alguien nos esté oprimiendo. Se da entonces por sentado que siempre estamos oprimidos a menos que, claro, estén los liberadores manejando el poder.

 

Cuando el enemigo se dio cuenta de que empezaba a perder la guerra de las armas montó un espectacular movimiento de amparo, inobjetable, del sagrado tema de los derechos humanos. Yo tenía muy buenas razones informativas para saber que se trataba de una guerra psicológica totalmente desprovista de buenos sentimientos, pero si algo me hubiera faltado para convencerme, aparece una satánica discriminación en los derechos humanos. Nunca, ninguna de las entidades beneméritas ni de las personas notables que alzan su voz por los derechos humanos, ninguna dijo nunca nada sobre las víctimas del terrorismo. ¿Qué pasa con los policías, los militares, los civiles que fueron víctimas --muchas veces indiscriminadas-- de la violencia subversiva? ¿Tienen menos derechos o son menos humanos?

 

Esta sencilla observación, que no hace falta demostrar porque ahí están los hechos, nunca fue objeto de la atención o al menos de la curiosidad de nadie únicamente terroristas de la guerrilla subversiva. y a esta altura, es una especie de valor aceptado por la sociedad que la violación de los derechos humanos estuvo únicamente a cargo de los represores y que las víctimas de esas violaciones son únicamente terroristas de la guerrilla subversiva.

 

El asombroso silencio que hay en torno de esta monstruosa falsificación es suficientemente indicativo del grado de parcialidad que ostentan desde los dirigentes políticos hasta aquellos que deberían ser -por su investidura- profesionales de la imparcialidad, pasando por los jefes de los grupos de presión, siempre preparados para poner en la calle diez mil o veinte mil irracionales ululantes capaces de convencer a los poderes públicos de que ellos son la historia y ellas ya han dado su veredicto.

 

No le reprocho al fiscal el estilo con que ha desarrollado la acusación porque después de todo, el estilo es el hombre. Le reprocho sí, sus desagradables ironías sobre nuestros héroes, como en el caso del teniente Mayol.

 

Alguien me dijo que era intolerable que se jugara al sarcasmo con nuestros muertos. Pero ¿quiénes son nuestros muertos?; ¿de quién son los muertos? Terminado el fragor de la guerra, todos los muertos son de todos, y nadie tiene derecho a hablar de ellos, sin el respeto que a cualquier hombre moral y civilizado debe inspirarle la dignidad intrínseca de la muerte, aunque más no sea, porque cada muerto es un testimonio tangible de la eternidad. Pero si no ha habido serenidad para hablar de nuestros muertos, ¿quién sería tan candoroso de esperar un proceso objetivo para los que están vivos?; ¿quién sería tan candoroso de esperar un proceso objetivo en medio de esta presión social?; ¿quién sería tan candoroso de pensar que se está buscando la verdad, cuando mis acusadores son aquellos a quienes vencimos en la guerra de las armas?.

 

Aquí estamos protagonizando todos algo que es casi una travesura histórica: los vencedores son acusados por los vencidos. Y yo me pregunto: ¿en qué bando estaban mis juzgadores?; ¿quiénes son o qué fueron los que tienen hoy mi vida en sus manos?; ¿eran terroristas?; ¿estaban deseando que ganaran los represores?; ¿eran indiferentes y les daba lo mismo la victoria de unos que la de otros?. Lo único que yo sé es que aquí hubo una guerra entre las fuerzas legales, en donde si hubo excesos fueron desbordes excepcionales, y el terrorismo subversivo en donde el exceso era la norma. Esto que acabo de decir es el punto central y tanto que la acusación no ha hecho otra cosa que tratar de demostrar que los excesos eran norma en las fuerzas legales. Naturalmente no es cierto. Cualquiera puede imaginar que nadie transforma a los oficiales y suboficiales del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada en una banda de sorprendentes asesinos que de la noche a la mañana pierden todo reflejo ético.

 

Pero lo que no hace falta demostrar es que en una organización terrorista, el exceso sí es la norma, simplemente porque el exceso es su razón de ser. Claro que de eso no se habla, parece un simple detalle. Pero ellos, los que ejercieron el exceso como norma, son mis acusadores, son mi simple detalle.

En la obsesión del enemigo por debilitar a las Fuerzas Armadas no ha ahorrado hasta el uso de la infamia menor, tratando de mostrar supuestos agravios y recriminaciones recíprocas entre los que ejercimos el comando de las Fuerzas Armadas en aquel momento. Los distintos puntos de vista políticos que existieron, se mantuvieron siempre dentro del plano de las ideas y es simplemente ridículo pensar que eso tenía consecuencias en las relaciones institucionales como las personales.  A pesar de esas diferencias, nunca se perdió el respeto entre nosotros. No obstante comprendo que a los vencidos les interese difundir esa fábula, con la esperanza de que las Fuerzas Armadas de hoy se miren entre sí con suspicacia. Dividir para reinar. Pero los que están delatando es, en definitiva, miedo, mucho miedo. Porque el enemigo sabe que las Fuerzas Armadas de hoy son capaces de derrotarlo como las fuerzas armadas de ayer.

 

No he venido a defenderme. He venido como siempre a responsabilizarme de todo lo actuado por los hombres de la Armada mientras tuve el incomparable honor de ser su Comandante en Jefe. También me responsabilizo por los hombres de las fuerzas de seguridad y policiales que durante mi comando actuaron subordinadas a la Armada en la guerra contra la subversión. Quiero decir, además, que me responsabilizo por los errores que pudieran haber cometido. Pero, si el Tribunal necesita para eximir de responsabilidad a mis subordinados, a todos mis subordinados, que yo deba aceptar además que todas sus actuaciones fueron cumpliendo órdenes precisas que yo debiera haber impartido personalmente y en forma omnipresente lo acepto. Yo y sólo yo tengo derecho al banquillo de los acusados. Sentar a otros aquí sería como sentar a la Argentina en el banquillo de los acusados, porque en verdad les digo, que la Argentina libró y ganó su guerra contra la disolución nacional. Pido a Dios que el Tribunal no cometa la equivocación de poner al país en estado de proceso, porque esa equivocación equivaldría a haber perdido también la guerra de las armas. Si necesitan acabar con nosotros, háganlo, pero no le arrebaten a la Argentina su única victoria de este siglo.

 

Mi serenidad de hoy, proviene de tres hechos fundamentales. En primer lugar, me siento responsable pero no me siento culpable, sencillamente porque no soy culpable. En segundo lugar, porque no hay odios en mi corazón. Hace tiempo que he perdonado a mis enemigos de ayer, a mis flamantes enemigos que no han podido substraerse a la compulsión que estamos viviendo. Y en tercer lugar, porque estoy en una posición privilegiada. Mis jueces disponen de la crónica, pero yo dispongo de la historia y es allí donde se escuchará el veredicto final. Casi diría que afortunadamente carezco de futuro. Mi futuro es una celda. Lo fue desde que empezó este fantástico juicio y allí transcurrirá mi vida biológica, ya que la otra, la vida creadora, la vida de la inteligencia, la vida del alma, se la entregué voluntariamente a esta veleidosa y amada Nación. Sólo de una cosa estoy seguro. De que cuando la crónica se vaya desvaneciendo, porque la historia se vaya haciendo más nítida, mis hijos y mis nietos pronunciarán con orgullo el apellido que les he dejado.

 

EDUARDO E. MASSERA.


Tags: amnistia

Publicado por nelsons @ 10:20  | Politica
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Comentarios
Publicado por nelsons
S?bado, 13 de septiembre de 2008 | 10:32
http://hunnapuh.blogcindario.com/2007/01/01315-los-senalmientos-de-culpabilidad.html
Publicado por GatoFrentudo
S?bado, 13 de septiembre de 2008 | 11:42
NOS VAMOS OTRA VEZ A LA GUERRA?? Llama

ESO ES LO QUE QUIERE ESTE VIEJO CACARICO: http://www.laprensagrafica.com/opinion/1136067.asp
Publicado por Invitado
S?bado, 13 de septiembre de 2008 | 12:15
Esa ley tiene que ser abolida porque todos esos asesinos de la tandona que cometieron crimenes contra los mil campesinos del mozote,el rio sumpul los jesuitas y muchos ni?os que hicieron desaparecer etc no puede quedar impune no les va a alcanzar la vida aqui en la tierra para pagar a estos asesinos de mierda,pero despues lo seguiran pagando en el infierno a estos malditos criminales de guerra.
Publicado por Invitado
S?bado, 13 de septiembre de 2008 | 22:54
Y q se supone queres dar a entender con esto q es malo llevar a juicio a tanto militar q fue autor intelectual de masacres contra civiles? q Chavez es el q segun ARENA s.a. dice, se quiere adue?ar del pais..nombre!!!! Si no se trata de llevar a juicio solo a los q cometieron delitos de guerra, tambien les va a tocar a los q hicieron robos al pais, malversaacion de fondos publicos, narcotrafico, politiqueria, pastores evangelicos, ladronespresidentes ineptos, corruptos, pandilleros,etc, etc... imagina q establecieramos la pena de muerte para todos ellos a ver q pasaria con tanto picaro, por q no le preguntamos a la poblacion de pais q piensa de esto y otros temas, Cual es el miedo???????
Publicado por Invitado
Domingo, 14 de septiembre de 2008 | 9:42
Mi estimado Nelsons, Al comienzo de tu comentario dec?s frases como: ...no hubieron fuerzas armadas y...aqu? hubieron procesos. Ten?s que decir: No hubo F. A, y... aqu? hubo procesos...
Bueno. Ya vez que todos los d?as se aprende algo.
En cuanto a la "carta dram?tica" del esbirro y criminal argentino, mand?sela a los de la tandona para elevarles mas su "patriotismo y amor a la patria", y que le den verga al pueblo cuando gane Mauricio.
No puede justificarse que "en aras de defender a la patria" se masacre a miles de ni?os, mujeres y ancianos.
Los luchadores franceses contra la monarqu?a; los harapientos revolucionarios mexicanos; los "sin tierra" brasile?os; los guerrilleros salvadore?os luchando contra las injusticias. Todos. Todos han sido llamados "subversivos" pero...?C?mo han cambiado la historia!