Variaciones del lenguaje.
Cuando íbamos a la escuela primaria siempre había un compañero al que denominábamos "el choco". Era el que usaba lentes. En esos días la palabra "choco" era la genérica para referirnos a todos aquellos que tenían deficiencias en el órgano visual. Desde los que no veían nada, hasta los que por algún defecto menor tenían que usar anteojos o espejuelos, todos eran chocos.

Es que leo mucho...
Pero luego nos dimos cuenta que la palabra "choco" era ofensiva. Que los choquitos se sentían ofendidos y discriminados cuando los denominábamos de tal modo. Resulta entonces, que el término correcto era "ciego", esa era la denominación digna para referirnos a tales personas. Entonces tuvimos que hacer nuestro primer giro del lenguaje para podernos expresar con la corrección adecuada.
Ya nos estábamos acostumbrando a llamares ciegos, cuando nos avisaron que esa palabra se había vuelto también ofensiva. Ahora la palabra correcta era invidente o no vidente. Decirle ciego a un no vidente podía hacernos acreedor a un par de bastonazos por ofensivos.

Te voy a dar tu "ciego"...
Pero este no es el único caso. En mis años mozos, a las muchachas de la vida alegre, que brindaban placeres sexuales a cambio de dinero, les llamábamos simplemente "putas". Pero cuando osamos decir esa palabra ante un adulto, después de recibir una sonora bofetada, nos explicaron, que las susodichas damas se llamaban prostitutas. Esa era la forma correcta de llamarlas. La palabra "puta" era mala, expresaba pésima educación y era terriblemente ofensiva.

¿Como me dijiste...?
Ya nos estábamos acostumbrando al uso de la palabra prostituta, cuando nos vino la reprimenda social. Decir prostituta es una grave ofensa contra las humildes mujeres que se ganan la vida con su cuerpo ofreciendo con distintas tarifas los más diversos placeres sexuales. Su nombre correcto es "Trabajadoras del sexo". Son parte del sector laboral, han dejado de ser miembros del lumpem proletariado, para ser parte integrante de la fuerza de trabajo en el complejo mercado de nuestro mundo globalizado. Además ahora ya no se esconden bajo las sombras de la noche, están sindicalizadas y protestan por las calles en pleno día.
El otro caso es el de la palabra "culero", o "maricón". Término despectivo que usábamos para referirnos a aquellos amigos amanerados, de trato suave; que sospechábamos que no les atraían sexualmente las mujeres y preferían a otros hombres.

Pero luego apareció otro concepto nuevo, que hasta nos pareció científico: “homosexuales”. Se puso de moda la palabra homosexual. Además, el resto, que éramos todos nosotros, pasamos a ser denominados heterosexuales. Es decir, que a diferencia de los primeros, teníamos gusto sexual por el sexo opuesto.
Pero luego esa palabrita comenzó a ser decadente. De pronto se convirtió en una ofensa decirle así a alguien. Surgió una nueva palabra que casi nadie sabe que significa: “Gay”. Ahora son gay, y se sienten orgullosos de que los nombren así. Incluso se habla del “Orgullo Gay”. Ser gay dejó de ser un defecto, algo vergonzante y hasta pecaminoso y se convirtió en un estilo de vida.
Con las mujeres que preferían a otras de su mismo sexo les llamábamos marimachas o machorras. Ahora son lesbianas y actualmente la moda lésbica es un éxito en todo el mundo.
En todos estos casos tenemos claros giros del lenguaje que nos demuestra que las formas de comunicación son dinámicas y se desarrollan permanentemente. Pero si revisamos a fondo cada uno de ellos lleva implícito un cambio de mentalidad, una visión diferente de las cosas, las personas y los fenómenos.
Del choquito al invidente hay un proceso transformador en nuestra forma de pensar y por tanto de concebirlo. Aunque en nuestro país es muy poco lo que se ha conseguido para dignificarlo e integrarlo realmente a la sociedad, pero hay al menos el embrión para establecer con él una nueva relación como ser humano que antes no concebíamos. Lo mismo sucede con el resto de ejemplos que he comentado y otros más que a ustedes puedan ocurrírseles.
En nuestro país estamos tan avanzados que incluso hace unos meses nuestros medios de comunicación nos informaban que le dieron licencia de conducir automóviles a un invidente. Se acabó la discriminación. Ahora solo falta que nuestro presidente ordene al MOP que ponga señales de tránsito en Braille.
En mi caso particular, como ya estoy cerca de los cincuenta y tres años de edad, estoy por entrar a esa etapa difícil en que la potencia sexual se va perdiendo, por ello deseo proponer desde ya, que la palabra impotente sea sustituida por “ereccionalmente limitado”.

Ayutuxtepeque, viernes 04 de abril de 2008


BO