
Hace 31 años sucedió un crimen que en cierto modo cambió la historia del pais, porque aunque no fué el primero ni el mas terrible, generó o aceleró un cambio en el rumbo doctrinal de Oscar Arnulfo Romero.
Rutilio el Grande, párroco de aguilares el 12 de marzo de 1977 manejaba su vehículo cerca de El Paisnal acompañado por Manuel Solorzano, de 72 años, y Nelson Rutilio Lemus, de 16 cuando fueron emboscados y ametrallados por elementos de la hoy extinta Guardia Nacional a las órdenes del General Humberto Romero.
La prensa "oficial" lógicamente guarda silencio respecto a estas conmemoraciones e intentan borrar de la memoria histórica del pueblo a personajes como Rutilio o Monseñor Romero así que lo mas probable es que no encontrarán mayores referencias a esta fecha en nuestros periódicos favoritos.
Al respecto, el Padre José Ma. Tojeira escribe en el Colatino:
http://www.diariocolatino.com/es/20080311/opiniones/52976/
"...La riqueza suele dar prepotencia, la sencillez generosidad.
Y efectivamente Rutilio fue un hombre ganado por la generosidad del Evangelio y deseoso de contagiar esa misma generosidad a sus hermanos y hermanas.
De hecho lo mataron cuando iba a dar los últimos sacramentos a una persona pobre en un catón. Solidario con los enfermos, con los pobres y con quienes padecían cualquier tipo de injusticia.
Su muerte nos descubre, año con año, lo terrible de nuestra propia historia y, simultáneamente, el derroche de bondad y trabajo que tantos hombres y mujeres buenos le han dejado como herencia a El Salvador.
Lo asesinaron miembros de la Guardia Nacional conocidos en Aguilares, hubo sobrevivientes del asesinato que conocían a los victimarios, pero ni siquiera se llegó a abrir el caso realmente. 
Nadie investigó, nadie le dio seguimiento al homicidio. La impunidad era una plaga que golpeaba a demasiada gente y Rutilio se unió también a las víctimas que ni siquiera eran reconocidas como tales por el Estado.
Pero al mismo tiempo su muerte fue testimonio luminoso de la fuerza del Evangelio. Un hombre con debilidades que a la luz del espíritu de servicio que nace del Evangelio se entregó a la tarea de hacer conscientes de su dignidad cristiana a los miembros de su parroquia.
Dignidad de seres libres que deben buscar el bien, la justicia, el desarrollo, el respeto a sus propios derechos...."
Su asesinato junto a un niño y un anciano sumada al posterior crimen contra Monseñor Oscar Romero creo que inspiraron a Ruben Blades a escribir aquella valiente y memorable canción "El Padre Antonio y su monaguillo Andres".
Hoy Rutilio y Monseñor Romero están mas vivos que nunca en el corazón del pueblo salvadoreño, mientras que sus asesinos intelectuales y materiales se esconden entre el miedo, el odio y el olvido.
Negar estas realidades es lo que nos tiene en el estado en que nos encontramos.
"Queridos hermanos y amigos, me doy perfecta cuenta que muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán cruzar las fronteras. Sólo nos llegarán las cubiertas, ya que todas las páginas son subversivas—contra el pecado, se entiende. De manera que si Jesús cruza la frontera cerca de Chalatenango, no lo dejarán entrar. Le acusarían al Hombre-Dios ... de agitador, de forastero judío, que confunde al pueblo con ideas exóticas y foráneas, ideas contra la democracia, esto es, contra las minoría. Ideas contra Dios, porque es un clan de Caínes. Hermanos, no hay duda que lo volverían a crucificar. Y lo han proclamado." P. Rutilio grande
El Padre Antonio Y Su Monaguillo Andres
El Padre Antonio Tejeira vino de España,
buscando nuevas promesas en esta tierra.
Llegó a la selva sin la esperanza de ser obispo,
y entre el calor y en entre los mosquitos habló de Cristo.
El padre no funcionaba en el Vaticano,
entre papeles y sueños de aire acondicionado;
y fue a un pueblito en medio de la nada a dar su sermón,
cada semana pa' los que busquen la salvación.
El niño Andrés Eloy Pérez tiene diez años.
Estudia en la elementaria "Simón Bolivar".
Todavia no sabe decir el Credo correctamente;
le gusta el rio, jugar al futbol y estar ausente.
Le han dado el puesto en la iglesia de monaguillo
a ver si la conexión compone al chiquillo;
y su familia esta muy orgullosa, porque a su vez se cree
que con Dios conectando a uno, conecta a diez.
Suenan la campanas un, dos, tres,
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.
Suenan la campanas otra ves
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.
El padre condena la violencia.
Sabe por experiencia que no es la solución.
Les habla de amor y de justicia,
de Dios va la noticia vibrando en su sermón:
suenan las campanas: un, dos, tres
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.
Suenan la campanas otra ves
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.
Al padre lo halló la guerra un domingo de misa,
dando la comunión en mangas de camisa.
En medio del padre nuestro entró el matador
y sin confesar su culpa le disparó.
Antonio cayo, ostia en mano y sin saber por qué
Andrés se murió a su lado sin conocer a Pelé;
y entre el grito y la sorpresa, agonizando otra vez
estaba el Cristo de palo pegado a la pared.
Y nunca se supo el criminal quién fue
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.
Pero suenan las campanas otra ves,
por el Padre Antonio y su monaguillo Andres
Suenan las campanas
mi tierra va a temblar
suenan las campanas
por amërica
suenan las campanas
oh; virgen señora
y quien nos salva ahora
suenan las campanas
Centroamericana
de Antonio y Andres
suenan las campanas
ven y oyela otra ves
suena la campana
centroamericana
suena la campana
por mi tierra hermana
mira y tu veras
Suenan las campanas
por un cura bueno
Arnulfo Romero
Suenan las campanas
de la libertad
Por america.....
Tags: Rutilio Grande, Monseñor Romero, martires


La muerte de Rutilio fue necesaria, los oligarcas de aquella época creyeron que matándolo mataban las esperanzas y las aspiraciones reinvidicativas de las masas, más nunca se imaginaron que su muerte sería la luz que iluminaría a su mejor amigo, un hasta ese entonces hombre que acompañaba a la derecha recalcitrante de esa época, ese hombre se llamó Oscar Arnulfo Romero, y el asesinato de Rutilio fue el punto máximo de los desmanes de la oligarquía de esa epoca, que al igual que a Saulo de Tarso (posteriormente San Pablo o simplemente Pablo), sirvió para trastocar la vida de ese hombre de apellido Romero, para que se volcara a SU OPCIÓN POR LOS POBRES de este país, y desde entonces, desde su púlpito GRITARA A VOZ EN CUELLO: LES PIDO, LES ORDENO, EN NOMBRE DE DIOS CESE LA REPRESIÓN, contra nuestro sufrido pueblo; así como la luz cegadora de Saulo de Tarso, que lo convirtió en Pablo, fue la muerte de Rutilio, que abrió los ojos, la mente y la corazón de nuestro mártir. Abur.