Siendo parte del “exceso de profesionales” que dicen que existe, el artículo sobre el tema (
¿Hay exceso de profesionales?, El Diario de Hoy, p. 17) me pareció muy interesante, y me llevó a algunas reflexiones adicionales, partiendo de ciertas lecturas* sobre la juventud salvadoreña.
No hay que preocuparse por la cantidad de profesionales, sino por estar en ese grupo pequeño que destaca por su calidad humana y la excelencia de sus conocimientos (…)
Ciertamente El Salvador es un país con muchas dificultades, que requiere toda la atención y esfuerzo de personas bien preparadas. Siempre habrá un grupo que sobresalga, pero no es posible resignarse a pensar que los pocos buenos profesionales que hay encontrarán trabajo. ¿Qué se hace con los demás profesionales? Más bien, ¿qué nos dice el hecho que exista esa mayoría que no está bien capacitada?
Hay que preocuparse por la cantidad de profesionales que salen, precisamente de esa mayoría que “no destaca”. Porque continúa siendo capital social, y representa al estudiante/profesional promedio que sale al mundo. El sistema educativo en todos sus niveles tiene serios vacíos en los puntos más elementales, y de por sí la cultura actual en la que crecen los y las jóvenes se caracteriza por el empobrecimiento de los procesos de pensamiento (es discusión aparte, pero
“homo videns: la sociedad teledirigida” de G. Sartori se recomienda). Aún más, continúan sufriendo exclusión en cuanto a la educación, empleo digno, hacinamiento, y falta de espacios organizativos y recreativos; carece de memoria histórica y políticamente volátil. Lo cual no es de extrañar, en un contexto que no provee ejemplos coherentes, personales e institucionales (3).
Habría que realizar una depuración, con la técnica del embudo.
… con el fin de rescatar aquellos profesionales que tienen conocimientos sólidos, de la disciplina y sobre cultura general, notas altas, conoce otro idioma y sabe computación, tiene presentación personal y formación en valores. De acuerdo. Pero esta idea bien podría ser un anuncio de empleo. Los tips que se le brindan a los jóvenes sobre el éxito laboral son ya bien conocidos: conocimientos técnicos y dominio del inglés. Las oportunidades en boga son los call centers, y las áreas de ventas, turismo y recursos humanos. Se solicitan "jóvenes integrales, con estudios universitarios, con posgrado/experiencia, acostumbrados a trabajar bajo presión". Esta es la oferta laboral nacional, aunque la demanda, lo realmente necesario para el país, no va en la misma dirección (3).
Cada año salen de las aulas universitarias miles de jóvenes licenciados, para los cuales no hay igual número de empleos en el país y ni el gobierno ni la empresa privada serán capaces de generarlos.
Ciertamente, el sistema económico actual no es capaz de generar fuentes de empleo (2), ni suficientes ni acordes a la formación del selecto sector que puede acceder a la educación superior Y finalizar una carrera (113,799 estudiantes, para el 2005, según
LPG). Actualmente existe un “sesgo empresarial”, con la consiguiente huida del campo social-comunitario. Para garantizarse un empleo, se debe responder menos a las habilidades e intereses personales y más a los filtros del mercado de trabajo. Hay poco interés en las humanidades, lo que se refleja en el descenso en la matrícula, el cierre de algunas carreras, y el énfasis en dimensiones más rentables de las mismas. El debilitamiento de sociología y filosofía, por ejemplo, apunta a que los intereses altruistas, científicos y analíticos como habilidades de expresión y comprensión verbal y de investigación estarían quedando en el olvido. Las carreras humanísticas más rentables, como comunicaciones y derecho, tienen matrículas elevadas, igual que ingeniería, administración y economía (3).
El exceso o carencia de profesionales depende en buena medida del enfoque que se le de a las problemáticas sociales. Por ejemplo, la concepción tradicional de las maras como un problema de individuos “faltos de valores”, y violentos por herencia (según la PNC) deja como línea de acción perseguirlos y encarcelarlos. Para hacer esto, sólo se necesitan policías y guardias, jueces, abogados y similares. Bajo esta óptica, sería alarmante, como dice el artículo, que existieran más profesionales que policías. Como es costumbre en el país, al presentar los fenómenos sociales no se indaga en su origen y significado; así se obtiene una respuesta rápida y se ocultan responsabilidades (3).
Una concepción alternativa que aborda a las maras como un fenómeno complejo en el que se interrelacionan los ámbitos personales, familiares, comunitarios, sociales e institucionales llevaría a un abordaje mayoritariamente preventivo; más allá de las trilladas charlas, talleres y celebraciones con piñatas (que no lo resuelven todo), lo que se necesita son grupos multidisciplinarios, que se aproximen a estos ámbitos.
Y no es únicamente que existan profesionales -sabemos que existen, muchos en subempleo o desempleo-, si no que cuenten con una preparación sólida, tanto en conocimiento como en humanismo. Y si la mayoría no cuenta con ella, al hablar de la situación de los y las profesionales en el país, “exceso” no sería la primera preocupación.
*En Revista ECA: “juventud y desarrollo en Centroamérica” (número monográfico). 685-686, noviembre-diciembre 2005.
(1) Santacruz, M. “Creciendo en El Salvador: una mirada a la situación de la adolescencia y juventud en el país”
(2) Carranza, M. “Inserción de las y los jóvenes en el mercado laboral salvadoreño”
(3) Orellana, C. “Reflexiones sobre la cultura juvenil contemporánea”
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