Tomado de: Blog El Salvador
Escribe Pocote.
En razón de los tiempos que corren, resulta necesario investigar con espíritu crítico el estado que guarda el aparato cultural salvadoreño. Para facilitar esta crítica o análisis, se puede dividir este cuerpo imaginario en tres partes. 1. La cultura oficial 2. La cultura del sector privado 3. La cultura de la sociedad civil.
Lo primero por observar es que en nuestro medio la sociedad civil le ha dejado al Estado y a la iniciativa privada la organización y el manejo del aparato cultural. Y las consecuencias están a la vista. Por un lado, las instituciones oficiales encargadas de cumplir esta tarea se han convertido en conjunto en un lento y destartalado paquidermo que se come el 85% del poquísimo dinero que el Estado destina a la producción y difusión de la cultura.
Por otro lado, la iniciativa privada ha monopolizado el manejo de los medios electrónicos de comunicación, de tal forma que la sociedad civil no tiene cabida en ese aparato más que como receptor pasivo de los mensajes que ahí se generan con un último fin:
defender los intereses del capital.
Debemos reconocer que declarativamente el Estado se presenta en el terreno de la cultura como el impecable instrumento del bien común. Si leemos simplemente los pronunciamientos que se hacen al respecto o escuchamos las declaraciones del presidente de CONCULTURA, Federico Aguilar, caemos en la cuenta de que en nuestro país hay libertad de creación porque al Estado no le interesa reglamentar ni limitar de ningún modo este derecho. (En la economía el Estado procede de igual manera y deja al consumidor sometido a las leyes salvajes del modelo neoliberal). Todo lo que hace es recomendarle a los creadores que tomen en cuenta el sentido de la identidad nacional (?), y los más altos intereses de la nación, para ejercer su libertad.
En el cuaderno, el gobierno arenero propicia la pluralidad y democratización de la cultura; propone la atención y el respeto a la diversidad de manifestaciones culturales que se dan en el país; lucha por la descentralización y la equitativa distribución de los bienes y servicios culturales; declara que debe apoyarse fundamentalmente el mantenimiento y desarrollo de la cultura popular; se erige en defensor de las culturas tradicionales, y se quita el sombrero ante artesanos y orfebres: se dice protector de los valores nacionales y considera que los poquitos indígenas que nos dejó el genocidio, ya no necesitan de su paternalismo sino de su fraternal apoyo, porque ellos ya pueden decidir por sí mismo qué desean hacer con su forma de vida.
En la práctica todo esto es una verdad a medias, que como ya sabemos, resulta peor que la mentira. La realidad es que la burrocracia cultural ha crecido a tal grado que no sólo se inventan alquimias, debates culturales, cafés de poetas, sino que hay tres burócratas por cada productor y activista del arte; lo cierto es que descentralización cultural sólo se ha cumplido en los discursos de los funcionarios. Los hechos nos demuestran que en la mayoría de los casos se sigue trabajando en la producción y difusión cultural con criterios decimonónicos; que de ningún modo se ha alcanzado la meta de hacer una cultura de y para las mayorías (¿a cuántas personas llegan los festivales (?) anuales de teatro, o las presentaciones de la Sinfónica Nacional, o las Ferias del Libro)? que siguen existiendo grupos y personas que acaparan los pocos recursos que deja la burrocracia para el quehacer artístico, y que trabajar con las instituciones es vivir un calvario casi tan feroz como el de Cristo.
Quien haya viajado al interior del país, sabrá el estado deplorable que guarda en provincia el aparato oficial de la cultura. No digamos ya los pocos sitios y monumentos históricos, culturales y naturales. Si en San Salvador el cacicazgo cultural se ejerce guardando al menos las formas y los modos, en los departamentos la cultura sigue siendo cuestión de la señora, la hija o el amigo del gobernador, y o no existe la infraestructura necesaria para la tarea cultural, o aquello es el elefante blanco que sólo cobra vida como actividad partidaria de ARENA y como escenario del peor espectáculo comercial
(continuará).
Tags: SIN CULTURA, Burocracia cultural, Elites DE ARENA
Sr. Tepez ¿Podrìa tener la amabilidad de postear algo de su propia cosecha?
Yo leo el Blog de El Salvador en su sitio, no necesito que me lo venga a recordar a este otro lugar.
¿O es que no es capaz de generar ideas propias?
Atentamente
Puma
Ah! Y cuando borre este comentario, por que lo mas seguro es que lo harà, eso no evitarà que el resto de lectores sienta la misma molestia que yo.
Saludos
Buenas, creo que lo que hace Tepezcuintly es valido, debido a que no todos conocen como usted el el-salvador.blogspot.com, además uno de los principios básicos del internet es compartir y que mejor compartir con el resto de compatriotas sobre el conocimiento, muchas gracias por la web parece muy amplia, saludos