Domingo, 09 de septiembre de 2007
Quisiera darles a conocer que ya existe un nuevo blog en la comunidad cibertrucha, ve tu aciber, el nombre del blog es el siguiente:

Psicoloquio


El blog ha sido abierto por Ligia y V?ctor, dos blogueros que poseen estudios superiores sobre psicolog?a, los aportes son bastante objetivos, y aunque se basa en art?culos en las materias retoman los temas desde otros enfoques importantes.

Me gustar?a sin embargo que ellos como profesionales profundizaran desde el campo de la psicolog?a para analizar el tema desde ciertas valoraciones y estad?sticas que se pudieran hacer en cuanto al tema que estan desarrollando.

He tenido que acortar este escrito, pues me ha salido largo, asi es que al final decid? omitir algunas preguntas, y creo que las podr?a plantear en otro tema. De por si este ya establece un t?pico.

Y prev?e algunos fundamentos de lo que antes he criticado en cuanto a la falta de fundamentar el camino hacia un proceso realmente democr?tico y propio, y no dictado bajo los esquemas de guerra, y terrorismo de estado, que silenciosa actualmente se vive en el pa?s, para que entes de extrema derecha provenientes de la escuela de tortura y escuadrones de la muerte se perpet?en en las c?pulas de la dictadura actual.

Democracia y reparaci?n. el cual encuentro muy bien planteado por Ignacio Mart?n-Bar? en el a?o 1989.

El tema fue publicado por Ligia en el mismo blog, nos trajo las palabras profetizadas en ese a?o, por uno de los mejores intelectuales de aquella ?poca, que al final mur?o de forma violenta exactamente en el mismo a?o, Ignacio Mart?n ? Bar? fue un sacerdote jesuita que como psic?logo social aport? tanto a nuestro pa?s, su asesinato asi como el asesinato de los jesuitas y las otras personas que murieran junto con ?l, ha sido una de las perdidas de intelectuales tan capaces, una tragedia que al punto de escribir estas lineas, considerar?a un crimen de lesa humanidad.

Su ausencia hace falta, hace falta por que el conocimiento de este hombre abr?a llaves a los candados que actualmente vive nuestro pueblo, y sin embargo su analisis fue visionario, futurista, progresista, su aporte a nuestras conciencias es ahora tan urgente y va mas alla de una necesidad pues sin ser provocativa reflexion.

Padre Nacho, es necesario que regreses, donde chingados te encuentres, saca tu heroismo de nuevo, tu pensamiento es tan necesario hoy, venite pues deja de estar durmiendo, despiertanos la conciencia para liberarnos a nosotros mismos.

Presentanos la postura del hombre nuevo bajo la carta magna del alto humanismo que enarbolabas en tus proliferas letras, tu inteligencia se percibe como el viento cuando alza las hojas de tu pensamiento que no se pierde entre nosotros.

Vuelve con tu Crisol, recuerdanos que existe el color aunque este se disfrace algunas veces con pigmentos que encubren el lodo de nuestras mismas faltas.

Explicales de nuevo con tus propias letras a los que hablan de ?polarizaci?n? del porque no contemplan tus observaciones.

?La guerra implica polarizaci?n social, el movimiento de grupos hac?a extremos opuestos? (Ignacio Mart?n-Bar?)


Que gran falta hace un gran pensador, al no estar por aqu? y por all?.

Ps.

V?ctor, tengo memoria muy buena, asi que te recuerdo que me debes unos argumentos, aun estoy esperando. Recuerda los compromisos, siempre debes tener espacio para todo.

Sal?d! Brindis



Democracia y reparaci?n.
Publicado por Ligia on 8/09/07

Uno de los problemas m?s escabrosos que confronta el intento por establecer reg?menes democr?ticos en los pa?ses latinoamericanos lo constituye la necesidad de resolver las secuelas por las campa?as de represi?n pol?tica desarrolladas por los gobiernos de ?seguridad nacional?. Este es un problema de palpitante actualidad*. La presunta transici?n pac?fica de dictadura a democracia, sin que medie una guerra que establezca como vencedoras a las fuerzas democr?ticas, vuelve muy dif?cil toda pretensi?n de justicia y a?n de simple elaboraci?n del pasado. Pero, parafraseando un conocido dicho, bien puede afirmarse que los pueblos que no pueden confrontar su pasado hist?rico, est?n condenados a repetirlo.

Resulta necesario recordar la magnitud, cuantitativa y cualitativa, del da?o producido por las campa?as de contrainsurgencia o de represi?n estatal, para comprender el enga?o de querer hacer borr?n y cuenta nueva de esa historia; el pasado que tan festinadamente se quiere cerrar no s?lo est? vivo en personas y grupos -v?ctimas y victimarios-, sino que sigue operando en las mismas estructuras sociales. Por supuesto, ah? est? el vac?o dejado por todos aquellos miles de personas asesinadas o ?desaparecidas?, vac?o que a?n sigue acongojando a sus familiares; pero est? tambi?n la herida viviente de todos aquellos, probablemente tantos o m?s que los muertos, que sobrevivieron tras sufrir en carne propia la crueldad de prisiones crueles, de interrogatorios sin fin, de torturas refinadas; finalmente, est? el trauma de aquellos innumerables que en alg?n momento fueron amenazados, hostigados y perseguidos y que, para salvar sus vidas y las de sus familiares, tuvieron que renunciar a sus ideales y principios o bien esconderse, huir, refugiarse y aun exiliarse de su propia patria. Todo este da?o es de tal magnitud que resulta casi ingenuo o c?nico pretender que se olvide de la noche a la ma?ana. Porque, en el fondo, no se trata de un problema de individuos aislados, pocos o muchos; se trata de un problema estrictamente social. El da?o producido no es simplemente el de la vida personal que se destruye; el da?o se ha causado a las estructuras sociales mismas, a las normas que rigen la convivencia, a las instituciones que regulan la vida de los ciudadanos, a los valores y principios con los que se ha educado y en funci?n de los cuales se ha pretendido justificar la represi?n.

Son varios y de diversa naturaleza los argumentos que se esgrimen en defensa de un olvido total de los da?os producidos y de un perd?n incondicional a sus ejecutores: (1) en algunos casos, se retoma el argumento de la ?debida obediencia?, que dejar?a como ?nicos responsables a algunos pocos jefes supremos, por supuesto, considerados siempre como individuos, no como representantes del estado o de las fuerzas armadas; (2) el argumento m?s utilizado es el de la necesidad pol?tica de superar el pasado a fin de no perpetuar el conflicto, lo cual requerir?a el perd?n y la reconciliaci?n social; en ocasiones, se intenta revestir este argumento con esp?ritu cristiano, como si esa salida fuera la ?nica concorde con las ense?anzas cristianas; (3) finalmente, de vez en cuando se trae o se insin?a el argumento ?de fuerza mayor? de que, si no se produce ese perd?n y olvido social, hay el peligro de que los militares se rebelen contra el sistema democr?tico y vuelvan a establecer una dictadura. Por consiguiente, tanto por conveniencia social como por realismo pol?tico, habr?a que abandonar toda pretensi?n de encausamiento a los violadores en nombre de la seguridad nacional y de reparaci?n a los da?os personales y sociales por ellos producidos.

No es el caso insistir en el retroceso hist?rico que supone el argumento de la ?obediencia debida?; los juicios de N?renberg pierden toda validez y se convierten en una simple venganza de los vencedores si su l?gica ?tica, jur?dica y social no fuera aplicable en las circunstancias actuales. En este sentido, el famoso caso del Teniente William Calley, uno de los responsables de la matanza de My Lai, ya constituye un mal precedente.

El segundo argumento es, sin duda, el m?s fuerte y hay que concederle un grado de validez. Es indudable que el progreso de las sociedades requiere la capacidad de superar conflictos, de perdonar ofensas y a?n de renunciar a ciertas reivindicaciones circunstanciales en aras de la concordia y el bien com?n, hist?ricamente viable. Sin embargo, el problema estriba en si ese perd?n y renuncia se van a establecer sobre la base de la verdad y la justicia, o de la mentira y la injusticia perpetuadas. Es evidente que nadie va a devolver su juventud al disidente apresado, su inocencia a la joven violada, su integridad al torturado, o los muertos y desaparecidos a sus familiares; lo que s? puede y debe restituirse p?blicamente es su nombre y su dignidad, el reconocimiento formal de que lo ocurrido es injusto y, hasta donde se pueda, una reparaci?n material. Y, en el caso de los ?desaparecidos?, una clarificaci?n de lo sucedido y, si fuera posible, la devoluci?n de los restos mortales de la v?ctima o de la propia persona, en el caso de aquellos ni?os que fueron robados a su familia. El cristianismo llama al perd?n, s?, pero sobre la base de la verdad y de la justicia, y hasta en la moral m?s tradicional s?lo se habla de reconciliaci?n junto con el ?prop?sito de enmienda?, es decir, del reconocimiento del mal cometido, y de la ?satisfacci?n de obra?, es decir, de la reparaci?n.

El tercer argumento es, por desgracia, el de m?s peso pol?tico, aunque tambi?n el m?s deleznable. Porque, en el fondo, lo que se est? reconociendo es el car?cter falsamente democr?tico de un ordenamiento hipotecado a la fuerza de los militares y supeditada a su voluntad. Una democracia as? siempre pender? de la espada de Damocles de quienes, desde el control de la violencia, pueden decidir sobre la conveniencia de un ordenamiento legal o de una orientaci?n pol?tica en funci?n de sus intereses gremiales y a?n personales. Una democracia as? siempre ser? una democracia atada, censurada, castrada, que desde sus ra?ces contradice su propia naturaleza y vocaci?n. M?s a?n, este argumento representa una ofensiva desnaturalizaci?n de la propia instituci?n militar, a la que se le niega la posibilidad de cimentarse en la justicia o de funcionar con honestidad; en otras palabras, no se considera que las Fuerzas Armadas sean capaces de enfrentar y aceptar el mismo principio de justicia a cualquier otra persona, grupo o instituci?n social. ?Realmente creemos que ?ste principio puede llevar al establecimiento de una sociedad en verdad democr?tica? ?No se estar? vendiendo como condici?n de posibilidad hist?rica para la democracia lo que precisamente constituye una condici?n para su imposibilidad?

Quienes claman por una reparaci?n social no est?n pidiendo venganza ni se est?n obcecando en hacer todav?a m?s dif?cil un proceso hist?rico nada f?cil. Por el contrario, est?n promoviendo la viabilidad personal y social de una sociedad nueva, realmente democr?tica. ?En base a qu? podr? ejercerse la justicia en nuestras sociedades, si los principales violadores a los derechos humanos pueden campar libremente, incluso presumiendo ante sus propias v?ctimas de que lo que hicieron fue ?lo correcto? y a?n amenazando con repetirlo? ?Con qu? derecho castigar o encarcelar al ladr?n de los bienes ajenos o al que mala por celos personales, si se ignora el da?o del que rob? vidas humanas y asesin? masivamente por celos ideol?gicos?

As? como la superaci?n de los traumas personales exige su elaboraci?n terap?utica, nuestras sociedades latinoamericanas requieren esa terapia socio-pol?tica de una justa reparaci?n a ese verdadero genocidio cometido en nombre de la seguridad nacional y aun de la civilizaci?n occidental.

Ignacio Mart?n-Bar?
San Salvador, 16 de octubre de 1989**

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