Dicen que es el oficio más antiguo del mundo. A lo mejor quieren dar a entender que la concepción de la mujer como objeto (mercancía) data del inicio de los tiempos. Sin embargo, no es habitual que se considere a la prostitución como una forma de violencia hacia la mujer. Y aunque, según EDH*, “el mercado está controlado por las mujeres en un 65 por ciento, el resto se complementa con travestis y homosexuales”, sigue siendo un problema de género.
David Rauda, director del Cuerpo de Agentes Metropolitanos*, sostiene que “el crecimiento de la prostitución no sólo obedece a que no hay una legislación que la penalice con mayor seriedad, se debe a otros indicadores sociales”. Según Expósito y Moya**, este fenómeno ha experimentado cambios drásticos como consecuencia de la globalización y la inmigración. Los factores que llevan a esta situación son predominantemente sociales: actitudes sexistas, pobreza, situaciones de abuso sexual, vulnerabilidad económica, dificultad para desarrollar otras profesiones, y la falta de formación y de educación.
El sociólogo Juan José García* manifiesta que ahora se acerca la oferta al cliente: “la actividad de los y las trabajadoras del sexo responde a un nuevo comportamiento y valorización que se le da a la actividad social. El sexo ya es visto como una actividad más, ya no es la actividad oculta. Esto es el resultado de los crecimientos urbanos. En los espacios rurales esto no se da. La prostitución ya no está connotada de todas estas valoraciones sociales que la reprimían”. Antes, las mujeres se ofrecían en lugares discretos, dice EDH (ah, los buenos y pudorosos tiempos...). Ahora es en la calle, cerca de escuelas, hospitales, etc. Y cierto, ese es un gran problema.
Hay tres posturas de intervención sobre esta problemática**: la primera es mantener la prohibición; la segunda, castigar a quienes la promueven. Por ejemplo, en Suecia, a partir de una ley promulgada en 1999, se persigue el proxenetismo y se establece multas a los clientes, a los que además se les hace llegar una carta como medida disuasoria, para hacer pública, en la medida de lo posible, su conducta. La ley sueca parte de que las mujeres que ejercen la prostitución lo hacen siempre, o casi siempre, obligadas por mafias y circunstancias sociales adversas, y por tanto la manera de eliminar esta forma de comercio no es castigando a quienes la ejercen, sino actuando sobre las circunstancias que la propician.
La tercera postura es la legalización, y aquí surge el debate de la conveniencia o no de reglamentar la prostitución como si fuera cualquier otra actividad laboral. Quienes apoyan esto argumentan que es para que quienes la ejercen obtengan asistencia sanitaria, pensiones, etc. Por otro lado, supondría dar cobertura y legitimidad a una actividad que atenta contra la dignidad humana. Regularizar la prostitución supone legitimar y trivializar la violencia contra las mujeres, al punto de que muchos de los hombres “consumidores” la consideran (según un estudio en Madrid**) “una actividad más de ocio”, y perciben a las mujeres a las que acceden como personas que han hecho una elección libre.
“Quienes están a favor de considerar la prostitución como una profesión argumentan algo así como que la regularización permitirá a quienes la ejercen tener sus controles sanitarios y los mismos derechos que cualquier otro trabajador tiene. Además, si realizan esta actividad es porque quieren libremente realizarla. Se olvidan (...) que las mujeres que se dedican a esta 'profesión' lo hacen precisamente porque no tienen los mismos derechos que los demás ni las mismas condiciones para elegir ¿Estaríamos de acuerdo con legalizar la esclavitud sencillamente porque haya personas dispuestas a ser esclavas? (y es probable que en el mundo actual, muchos estarían dispuestos a hacerlo simplemente para sobrevivir)”**.
El Semanario El Independiente*** publicó hace algunos meses testimonios de mujeres que trabajan en "Barras Show":
“Sufrimos humillaciones, insultos y hasta violaciones sexuales por parte de los dueños de los negocios”.
“Nos rifan entre los clientes y nos obligan a tener sexo con el ganador. Si nos negamos, nos multan y algunas compañeras han sido violadas por negarse a hacer el rato con ellos....”.
“Casi todo el dinero que ganamos lo dejamos dentro del local, nos ponen multas, nos obligan a comprar en el local la comida, la bebida, los vestidos para el baile, tratamientos de belleza, tratamientos adelgazantes....”
“Aunque hayamos ganado bien un día, en ocasiones tenemos que prestar cinco dólares a alguna compañera para poder comer”.
Según EDH, en su artículo sobre la problématica: “los entrevistados [entre los que figura Rodrigo Samayoa, gobernador de San Salvador, más preocupado porque su jurisdicción no es tan ordenada como la de su compañera correligionaria de Antiguo Cuscatlán] coinciden en la necesidad de una o varias zonas de tolerancia en las que se puedan ubicar sin discriminar travestis, homosexuales y mujeres”. Como contraparte a esta propuesta, la filosofía que subyace a la ley sueca es que “una sociedad moderna no necesita tener mujeres que vendan sus cuerpos”.
Expósito y Moya apuntan que “la mayoría de los miembros de la sociedad saben que esas cosas pasan, pero piensan que sólo afectan a cierto tipo de personas, a las que por supuesto ellos no pertenecen”. En realidad, afecta a toda la sociedad. La existencia de los centros de tolerancia no es ningún favor que se le hace a quienes viven de este “oficio”. A pesar de que es imperante que quienes se dedican a la prostitución tengan un mínimo de garantías, la creación de estos “espacios”, a largo plazo, no hace más que justificar condiciones sociales precarias y reforzar los mitos de género más enterrados en nuestro pensamiento colectivo.
La pésima educación sexual en El Salvador, marcada indeleblemente por la doble moral, continúa valorando a las mujeres en términos de un fino tejido vaginal intacto (que no siquiera puede romperse sólo por penetración), y a los hombres según el ejercicio constante de su genitalidad. Pero es necesario comenzar a desaprender la concepción de que los hombres son animalitos con urgencias que no pueden controlar, y que quienes ejercen la prostitución lo hacen por placer y son "propiedad pública". De hecho, la violencia sexual y física es una experiencia habitual en esta población. Y esto no debería seguir tolerándose.
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*El Diario de Hoy. “Prostitución fuera de control en San Salvador” Pp. 2 Y 3. Domingo 12 de agosto de 2007.
**Francisca Expósito, Miguel Moya (2005). "Violencia de género".
***Semanario El Independiente. “Sobre lo que sucede en las barras shows de El Salvador”. Lunes 7 de mayo de 2007. P. 4
Excelente artículo.
Y comparto la visión Sueca, a quien debe castigarse es al proxeneta o rufian y al cliente consumidor.
Nuestra sociedad es tan hipócrita que no toca el tema y si lo hace es con la trivialidad de quien no le interesa.
El organismo de justicia no tienen ni por cerca una conceptualización clara del problema y lo aborda desde la visión sexista de hombres corruptos que minimizan el problema o lo justifican con atenuantes sin base.

Me parece muy atinado el artículo, pero más allá que comparta la posición de castigar a quienes se lucran de ese dolor humano y fomentan que se siga sosteniendo, es alarmante como indica el invitado anterior que la sociedad se sienta ajena a este problema.
Poco o nada se dice y mucho menos se combate.
Es necesaria la sensibilización y orientación en los jóvenes y niños, son nuestro futuro para que no caigan en estos abusos.
Gracias por abordar estos temas y dar lugar a este debate
mientras las mujeres no puedan ejercer y disfrutar libremente su sexualidad al igual que el hombre y se les clasifique como santas o putas, honradas y pepereches seguira habiendo prostitucion...estamos como a 50 o 100 años atras del desarrollo social de escendinavia...y no parece que estemos acortando ese atraso, al contrario, la sociedad salvadoreña parece cada vez mas retrograda y religiosa.
No comparto tu opinión, que quieres decir con Disfrutar libremente la sexualidad, aclaremos primero la sexualidad es la relación entre los sexos. La genitalidad es un entrega mutua con respeto buscando la felicidad y satisfacción de tu pareja. Cuidado que si esa libertad es tratada irresponsablemente basada en satisfacer instintos como si fuesemos animalitos, compadre estas equivocado, soy mujer y en primer lugar no soy un objeto. No es cuestión de la sociedad o la religiosidad es cuestión de respeto a la dignidad humana. Es cambiar la mentalidad machista que sostienen los hombres y muchas mujeres también. No veo que un hombre o mujer cuando contrata estos "servicios" tenga una genitalidad enfocada en la satisfacción de la pareja, más bien busca su propia satisfacción. Por lo tanto irrespeta la dignidad de la otra persona. No hay que confundir que por falta de "libertad" en ejercer la genitalidad se tenga que tolerar la prostitución.
Es importante señalar que el título del artículo hace pensar que solo en San Salvador está "fuera de control" la prostitución. Aunque la discusión sobre el tema es siempre vigente y apropiada, me parece que hay que tener claro que El Diablo de Hoy ha empezado ya la campaña electoral de "campaña sucia" contra el frente. Todo lo que huela poquito o mucho a la izquierda o al frente (incluyendo el gobierno de la Ciudad de San Salvador) va a ser atacado sistemáticamente. El Conde Altamirano, esta programando a sus plumiferos de la OIE disfrazados de periodistas, para que cada semana vomiten sobre un tema específico, desde aqui hasta el 2009. Ponganse truchos y truchas y ya veran... la pregunta es ¿A quien le toca esta semana la vomitada del Diablo de Hoy?

a todos este es uno de los articulos mas interesantes que he leido en mi vida es increible sigan así bueno grax me sirvio de mucho para mi clase de sociologia bueno bye

sigan así
