En el estudio de las carreras, se reconocen cinco grandes áreas: la humanística, la médico-biológica, la artístico-plástica, la económico-administrativa y la físico-matemática. Ayer y hoy, me ha llamado la atención una serie de artículos de La Prensa Gráfica (16 de junio, pp. 2-4; 17 de julio, pp. 20, 22), acerca de las nuevas demandas profesionales que tienen las empresas. Dicha demanda se centra en las dos últimas áreas mencionadas.
Actualmente, hay una saturación el mercado laboral, en cuanto a licenciaturas, maestrías y doctorados, mientras se exigen más técnicos bilingües. En La Prensa, aparece el comentario de una ejecutiva de Tecoloco.com: “
es un error que las universidades sigan graduando así. En oriente, el 70% de los que se gradúan son abogados y en seis años que tengo en Tecoloco.com a lo sumo se habrán necesitado cinco”. Ayer me di a la tarea de revisar los suplementos de ofertas de trabajo, de ambos periódicos. De, por lo menos, 20 páginas, cada una con alrededor de seis ofertas, solamente dos anuncios requerían otra profesión u ocupación que no fuera gerente, vendedor, secretaria, ingeniero, técnico, rutero, vigilante o asistente de mayordomo (específicamente, para ambos, se requería un/a trabajador/a social).
En la nota de La Prensa “no es lo mismo ser ingeniero, a ser de comunicaciones”, la persona que habla de su situación laboral, licenciada en comunicaciones, comenta que quienes no cuentan con formación técnica o en ingeniería, terminan no cuajando del todo en los sitios laborales: “
no sé si colocarlo aquí o allá, vamos a ver si lo colocamos en algún lugar”. Lo que caiga. Y tener títulos de posgrado no mejora las cosas: ahí ya se está “sobrecualificado”. Al final, se termina en un lugar que no corresponde a la preparación y la experiencia de la persona (gracias a Dios por los call centers, ¿no? Ahí se encuentra una amalgama de profesionales que, de otra forma, estarían desempleados…están subempleados para el dinero, el tiempo invertido en su formación y el acervo de conocimientos adquirido, pero empleados al fin).
En la Prensa Gráfica, un economista de la Fundación Nacional para el Desarrollo sostiene que “
si promuevo X política económica, necesito una mano de obra que cumpla con estas características. Debe haber una coherencia entre apuesta educativa con apuesta económica”. Esta misma persona sostiene que el Ministerio de Trabajo debe “
orientar las políticas laborales o políticas públicas del Gobierno para generar programas o mecanismos de generación de empleo del Gobierno, en la demanda o empresas para absorber a jóvenes” (ni hablemos de los requerimientos de edad; ayer en la sección de empleos de El Diario de Hoy, aparece un artículo sobre la problemática de las personas de más de 35 años, que no consiguen empleo, o, si tienen, son vistas de menos por los más jóvenes).
Sí. Políticas laborales. Coherencia entre educación y apuesta económica. Pues la apuesta económica debe cambiar. La directora nacional de Educación Superior, María Isaura Arauz (siempre en la Prensa) sostiene que “si soy bachiller, lo normal es que tenga una toma de conciencia de qué es el país, cuáles son los retos que está impulsando el Gobierno, y luego tomar la decisión”. Qué disyuntiva: suele suceder, para muchos, que hay una discrepancia entre formarse en una profesión que es requerida en el mercado laboral y formarse en algo que realmente le guste, o para la que tenga aptitudes.
Los estudios superiores se han convertido en un producto más en el mercado, y la directora de Educación Superior, tal vez
sin querer queriendo (y no sin razón), deja en claro que, “si tenemos conciencia”, nuestra libertad de decisión debe estar en función de la oferta y demanda de las empresas. Ni siquiera en función de los problemas reales que aquejan al país. Me explico: se necesitan ingenieros y técnicos, correcto. Pero quedan aspectos en la realidad nacional sin resolver. Los gremios jurídicos, de sociología, psicología, médicos y los de otras profesiones que están basadas en el trato directo con la gente tienen mucho que aportar, en temas como la violencia, las pandillas, los roles de género, la pobreza, la exclusión, la educación, la migración, la salud, la prevención de desastres...
Entiendo que las humanidades y las ciencias sociales no sean bienvenidas en este mundo “cambiante y globalizado”. Mientras otras ciencias, como las que se impulsan actualmente, colaboran fuertemente en el avance del país, las sociales colaboran al ir examinando hacia dónde se avanza. Detenerse a cuestionar el rumbo que llevamos, quienes se benefician poco y quienes se benefician mucho, qué se está haciendo bien y qué debería mejorarse, debe ser molesto para quienes llevan las riendas del progreso. ¿Quién quiere escuchar un reporte harto pesimista del PNUD? ¿Quién quiere detener el plan Súper Mano Dura (ya pasado de moda) por algunos meses, para hacer una evaluación de proceso y detectar qué parte del mismo es el que no está funcionando?
No se trata de qué carrera o área de estudio es mejor y a cuál debería dársele preponderancia. Cada una, con sus propias herramientas, aporta a segmentos específicos del desarrollo del país. Pero justamente esta conciliación es la que se ha dejado de lado. No me parece que sea “un error” que las universidades “sigan graduando así”, en tanto que estas personas –licenciadas, doctoradas- sí son necesarias. Mi intención de formarme en el área humanística nació precisamente porque los déficits del país en el aspecto social son considerables, y de haber campo, lo hay; lo que no hay son entidades con recursos (llámese empresas, organizaciones) que apuesten por el trabajo en este campo. ¿Cómo era el lema aquel del presidente, “lo social es la base de todo”? Palabras que quedaron pegadas al micrófono. Tal parece que ahora se ha decidido dar un paso atrás y dejar que sean las empresas quienes seleccionen las áreas a las que se le darán atención.
Al gobierno le vendría bien tratar las problemáticas sociales desde una perspectiva multidisciplinar, y dificultades que atender hay de sobra. Traigo a colación, para finalizar, una idea de Segundo Montes, que denota lo fundamental del trabajo mano a mano: "hay de momento, un campo del conocimiento en el que todavía el Tercer Mundo puede ser competitivo del Primero: las humanidades y las ciencias sociales, si se dedican recursos y se implementan técnicas propias, no trasplantadas; y la invención o adopción de tecnologías apropiadas, menos absorbentes de capital y más consumidoras de fuerza de trabajo, que es la gran riqueza de los pobres y uno de los principales vehículos de realización para la humanidad".
Más sobre las ciencias sociales:
En defensa de las humanidades y las ciencias sociales.
Todo empuja a que es el mercado el que decide que vas a estudiar. La sociedad neoliberal no tiene tiempo en las humanidades ni en la investigación si esta no lleva al mejor aprovechamiento industrial de los recursos.
Claro que eso aplica al tercer mundo porque somo la mano de obra barata y debemos ofrecer lo que ellos demanden, y las políticas del gobierno adaptarse a lo que las tendencias del mercado apuntan y es por eso que le dán énfasis a las carreras que pueden ser ofertadas.
"Lo social es la base de todo", se quedó únicamente en ser una frase cliché bonita como todos los demás "slogan" del señor presidente.
"El mercado es la base de todo", es la realidad que nos aplican día a día.