3 años más de desgracia,
para el pueblo salvadoreño
¨Nos quieren asustar con el petate del muerto¨
Lunes, 04 de Junio de 2007 hora 11:53
La derecha partidaria está en plena campaña y no va a vacilar para destruir y desacreditar a quién se le ponga en frente.
El fin de semana anterior, en plena gira política, al menos dos dirigentes de arena aseguraron que las encuestas de opinión dadas a conocer hace unos días están maquilladas para favorecer a la izquierda.
La base de su argumento es que en sus propias encuestas arena aparece doce puntos arriba del FMLN y que por tanto, no es cierto que exista una lucha cerrada entre ambos partidos mayoritarios.
No es ético y menos inteligente de parte de la dirigencia de ARENA desacreditar un instrumento de medición que ha demostrado su confiabilidad a través de los años únicamente porque no está de acuerdo con los resultados que está arroja.
Faltan veinte meses para las elecciones generales del 2009 y cualquier proyección que se haga de aquí a entonces es
justamente eso: una proyección.
Sin haberse destapado las principales candidaturas, sin conocer detalles del programa de gobierno que cada partido puede ofertar, sin estar seguros si los partidos correrán solos o articularan alianzas y coaliciones, es muy difícil predecir cual será el resultado de los próximos comicios.
¿A qué viene, entonces, tanto alboroto?
¿A qué viene tanto nerviosismo, incluso del propio Presidente de la República? Quien asegura que tiene hondas convicciones democráticas no debería tener miedo a la alternancia y menos cuando ésta es provocada porque la oposición logra acreditarse el respaldo de la población.
Lo que sí es digno de evaluar es el desempeño del gobierno del presidente saca luego de tres años en el ejercicio del poder.
En este caso no estamos frente a especulaciones. El veredicto de la población es claro: la mayoría de los salvadoreños no están totalmente de acuerdo con lo que se ha estado haciendo.
No solo porque falta mucho por hacer aún, sino porque lo que se ha hecho no ha traído los resultados que fueron anunciados. Si los salvadoreños sintieran que su situación económica
hubiera mejorado o que tiene esperanzas de mejorar, si la población se sintiera cada día mas segura y percibiera que la delincuencia ha disminuido, entonces, los resultados serían otros, independientemente de la crítica sistemática que, según la derecha, ha impulsado la izquierda en su contra.
Datos oficiales demuestran que hace tres años se necesitaban más de 400 dólares para adquirir la canasta alimenticia, tres años después se necesitan más de quinientos dólares para ello. Es decir, si hace tres años con tres salarios mínimos una familia promedio compraba los alimentos que necesitaba para vivir ahora esa misma familia necesita por lo menos cuatro salarios mínimos para comprar la misma canasta alimenticia.
Si los salvadoreños hubieran mejorado todo este tiempo, con el mismo salario tendrían más capacidad de compra o ganarían más para consumir más.
Ni una ni otra cosa ha ocurrido. La situación es más dramática cuando se agregan a la canasta, otros bienes y servicios que no son los alimentos. Ahí la diferencia entre lo que gana una familia y lo que puede comprar con ello es aun mayor.
En eso las encuestas no se equivocan. Son el reflejo del estado de ánimo de la población como resultado de una insatisfacción creciente frente a la situación de carencia que vive la mayoría de ciudadanos.
Por supuesto que no faltará quién se sienta a gusto con el estado de cosas existente. Pero en este caso, lo realmente importante no es que los que hasta ahora se sienten bien sigan sintiéndose así.
Un gobierno, sobre todo un gobierno sensible ante los problemas de la gente, debería preocuparse porque la porción de los que se sienten bien aumente o que la porción de los que se sienten mal disminuya. Pero aquí lo que hemos visto hasta ahora, como primera reacción, es un gobierno y unos dirigentes que atribuyen a los que critican el actual estado de cosas, a los que piden un rumbo diferente, los males que padece el país.
Según el gobierno y algunas plumas compradas, como el paranoico editorialista que suele presentarse como adalid de la democracia y de la libertad, la responsabilidad de los problemas del país radica en la existencia de una oposición insensata, que no deja gobernar. Para ellos no es el conductor de la nave el que debe enderezar el rumbo de esta. Para ellos son los que están fuera de la nave gubernamental los que deben hacerse los desentendidos y no criticar los desatinos cometidos durante la conducción. Es como que si al conductor que no ha demostrado capacidad de llevar el carro al destino trazado, en lugar de pedirle que corrija el rumbo o que deje a otro al frente del timón para garantizar que el vehículo llegue a la meta deseada, lo premiamos por su incapacidad, le invitamos a que siga conduciendo y aun mas, que lo haga de la forma como lo ha estado haciendo hasta ahora.
Los plumíferos, aduladores del poder, seguramente le dirán que desean acompañarlo para que no conduzca solo. Las plumas compradas, las plumas vendidas, como las definía hace 30 años Monseñor Romero, seguramente celebraran el rumbo que lleva.
Las lenguas que a través de la radio tienen que comer y se alimentan de la calumnia, lenguas que hoy se expresan mediante la televisión también, seguramente le sobaran la leva al presidente y le extenderán la mano para seguir viviendo de las migajas que reparte. Así parece que esta ocurriendo ahora que un grupo de comunicadores y empresas de la comunicación, representadas por ASDER, se rasgan las vestiduras por la decisión del gobierno venezolano de no renovar los permisos de transmisión a Radio Caracas de Televisión.
Critican las actuaciones del Gobierno de Venezuela, pero toleran y hasta ocultan un ejercicio autoritario que, manejado en forma más discreta, produce nacionalmente los mismos resultados. En El Salvador no hay necesidad que el gobierno amenace con cancelar o no renovar los permisos de concesión de una frecuencia radial o televisiva para influir en la línea editorial de estos medios de comunicación. Lo hace, violando la Declaración sobre Libertad de Expresión de la OEA, a través del manejo discrecional del gasto publicitario.
El artículo 13 de esta Declaración dice claramente que ningún estado miembro podrá utilizar fondos públicos para castigar o premiar un medio de comunicación en función de su línea editorial.
Cuando un gobierno asigna publicidad o quita anuncios gubernamentales para favorecer o afectar a un medio de prensa, acaba influyendo en su línea editorial.
Sobran los casos de medios de comunicación en el país que eliminan de sus agendas periodísticas temas que son incómodos para el gobernante en turno, o bien, que ajustan el enfoque de estos temas a las necesidades políticas del gobierno.
En el fondo, estos medios temen perder el favor del gobierno, expresado ante todo por la inversión publicitaria que les asignan. Al respecto el Obispo Mártir sentenciaba en el año de 1978: “ la verdad muchas veces no produce dinero, sino amarguras... pero más vale ser libre en la verdad que tener mucho dinero en la mentira”.
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Tags: Mentiras y medios
Te pelaste chavo, sobalevas hay en todos lados, puta y entonces de que se va a vivir, los cipotes piden o que el partido les va a dar, a la hora del voto, ahi se da su poquito pa la lucha, pero mucho lloriqueo para nada, mas accion, ya el desvergue ya se conoce, puta 17 anitos es suficiente para saber que pasa......
pueda ser que al aautor sea sobalevas, pero nadie puede negar la realidad que vive nuestro pais.
Pero siempre la gente ha sido pendeja comiendo mierda y votando por mas desgracias, talvez el fente no sea la solucion pero cualquier cambio seria mejor