A 27 años del asesinato de Monseñor Romero.
El 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba una misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, fue asesinado Monseñor Oscar Arnulfo Romero. La noticia se corrió de voz en voz. En las primeras horas de la noche ya todos la conocíamos en el país. Una sensación de tristeza, dolor y hasta desesperanza nos invadió. Era algo así como si nos quedáramos huérfanos.
Aunque parezca increíble, en los grandes y lujosos barios residenciales hubo fiestas y festejos. Para los poderosos grupos de poder económico en el país había desaparecido una piedrecilla que les molestaba en el zapato. “El Ayatola” como le decían despectivamente, ya no seguiría importunándolos.
A veintisiete años de su muerte, los asesinos continúan impunes. Durante todo el conflicto armado nunca se investigó, cuando hubo posibilidades de hacerlo a raíz de la finalización de la guerra, una ley de amnistía lo impidió.
El informe de la Comisión de la Verdad señaló claramente las cosas cuando concluyó:
“1- El Ex mayor Roberto D’ Aubuisson dio la orden de asesinar al arzobispo y dio instrucciones precisas a miembros de su entorno de seguridad, actuando como “escuadrón de la muerte”, de organizar y supervisar la ejecución del asesinato.
2- Los capitanes Álvaro Saravia y Eduardo Ávila tuvieron una participación activa en la planificación y conducta del asesinato, así como Fernando Sagrera y Mario Molina.
3- Amado Antonio Garay, motorista del ex Capitán Saravia, fue asignado para transportar al tirador a la Capilla. El señor Garay fue testigo de excepción cuando, desde un volkswagen rojo de cuatro puertas, el tirador disparó una sola bala calibre 22 de alta velocidad para matar al Arzobispo.”
Es difícil que pronto halla justicia, pero algún día esta llegará. No nos olvidemos que según las normas de derecho internacional estos crímenes nunca prescriben ni pueden ser sujetos de amnistía.
Lo importante es que lo salvadoreños bien nacidos, los que amamos de verdad nuestra patria, no olvidemos nunca el legado de Monseñor Romero. No olvidemos sus palabras, su lucha por los mas pobres y débiles. Mientras le recordemos e imitemos, monseñor Romero continuará viviendo. Algún día haremos realidad el sueño de Monseñor: un país donde todos vivamos con dignidad y donde impere la justicia social.
Ayutuxtepeque, viernes 24 de marzo de 2007-
Tags: Monseñor Romero, conflicto salvadoreño
Monseñor Romero no ha muerto, como bien dijo él mismo, ha resucitado en el pueblo Salvadoreño.
Ya nadie en este país ignora la verdad sobre este tema, Lamentablemente como lo dijo un canadiense y por lo cual estaban pidiendo que se disculpara. “los Salvadoreños tenemos la violencia en los genes “. Y miren como realmente tiene razón, ya que sabiendo la verdad siguen manteniendo a estos asesinos en el poder. Y no será nada raro que sigan ganando ya que la gente seguirá votando por ellos, QUE LAMENTABLE.