La primera vez que leí sobre la noticia del Mozote fue a partir de haber recibido un correo electrónico relatando los sucesos de la masacre del Mozote.
Meses después, quizás un año, pude conocer a Rufina Amaya, una mujer cubriendo su cabellera con una sencilla manta de color. Según recuerdo haber leído en el relato ella recibió un golpe en la frente que le habría abierto una herida, y quizás, la herida misma era en su propio corazón adolorido, quizás el luto de la gente que muriera masacrada en el Mozote.
Sus manos parecían de hierro, por su trabajo como campesina, un rostro de barro con ojos tristes.
Les diré que no quiero escribir nada mas, cada vez que toco este tema, hay algo dentro de mi que duele.
Escuche por primera vez la voz que relataba la masacre por las palabras que Rufina Amaya valientemente denunciaba para dar a conocer algo negro sucedido dentro de la tierra Cuzcatleca.
Y ella, valientemente y a pesar del posible dolor encerrado dentro de su alma dejaba salir de su pecho el terror que había sentido durante esas horas de infierno vivido en el mismo infierno.
Las últimas palabras de Rufina Amaya se dieron en la última conmemoración de este hecho, manifestó a los que estuvieran presentes ese día que posiblemente no estaría mas, en las próximas conmemoraciones, y sin embargo invitaba al resto continuar con el objetivo que ella valientemente había iniciado al denunciar la masacre.
Creo pertinente decir que su voz y su memoria ha quedado en nosotros, y en tanto exista un Salvadoreño digno en el mundo, la denuncia sobre esta masacre siempre será hecha para que las generaciones venideras conozcan la verdad acerca de este genocidio.
Y aunque ella no se encuentre mas entre nosotros, sus palabras no quedaran jamas en el olvido, y seguiran orbitando entre la gente, aun cuando muchos no quieran hablar sobre algo que recae en sus propias conciencias que no desean verse en los espejos las caras de vergüenza cuando callan.
Alli estaremos se los aseguro, para seguir el trabajo que ella inicio cuando salio de las puertas de genocidio que ella sufrio en carne propia.
Mi mas sentido pésame a la familia de Rufina Amaya, y a todos aquellos que saben la profundidad de esto que nos acompaña, al no verla mas.
Rufina Amaya,
en el nido de nuestro corazón
Tu voz seguirá viviendo,
también fuiste
nuestra valiente madre.
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