Buenos mis jóvenes y no tan jóvenes amigos, hurgando por ahí en el baul arcano del disco duro, encontré un pequeño cuentito que escribí hace algún tiempo. (Lógicamente entenderán luego de leer, las razones por las que tuve que abandonar la idea de escribir para ganarme la vida) En aquellos tiempos en que uno es menos cínico y todavía le quedan a uno vestigios de fé y de ingenuidad, que la vida se encarga de matar.
En fín, creo que para el día de hoy se acopla bien la historieta, en lugar de regalar algo material, les traigo algo para que recuerden que a veces los pequeños detalles bastan para cambiarnos la vida.
Dicen que el dinero no da la felicidad aunque proporciona una sensación muy parecida, pero no se compara con la verdadera felicidad que puede dar el amor.
Saludos a todos en este día de la amistad.
"When we met for the first Time
I didn't even like your name...."The Strawbs
Cuando Fernando bajó del autobus recordó el nombre, el cual era: Sandy Denny, asi era el nombre artístico de la cantante que acompañó por un breve período a The Strawbs, pero eso al fin y al cabo tenía tanta trascendencia como que Rick Wakeman tambien los acompañara en los teclados de vez en cuando, es decir nada impactante o significativamente decisivo para el estilo de ellos, mas allá de que muchos conocen a los Strawbs precisamente por estas coincidencias, es decir por Sandy o por Rick.
Con estas ideas y las notas neo-clavicordicas de la canción Savy Saylor de Steeleye Span revoloteando dentro de su cabeza se dirigió a devolver los dos libros que había pedido prestados en la biblioteca de la universidad hace tres días y que había terminado de leer precisamente minutos antes de llegar a la parada de buses en donde se bajó.
Al llegar a la entrada de la universidad vió a Julia en medio de un grupo de compañeros cerca de la entrada y siendo Fernando el último tímido sobre la tierra le paso lo que siempre le sucedía cuando estaba frente a ella, su corazón aceleró sus palpitaciones hasta que lo sentía en la punta de la lengua, el temblor de sus piernas y el golpeteo suave en sus sienes, pero esta vez no pensaba esquivarla como siempre hacía, sobre todo porque para soslayarla tenía que dar una vuelta como de 2 kilometros, asi que haciendo de tripas corazón caminó directamente hacia la zona en donde ella se encontraba, sin percatarse de que iba por la carretera de acceso a los parqueos de la universidad y fingiendo leer sus papeles caminó por en medio de la calle hasta que el fuerte claxon de una RAV 4x4 lo asustó, haciendolo correr y arrojar todo lo que llevaba en las manos que se desparramó por la acera.
Ahí en medio de las carcajadas de todos los presentes quedó recogiendo sus libros y papeles, mas rojo que una guinda madura y sintiendo la cara totalmente caliente por el rubor y sin atreverse a levantar la vista por miedo a verla riendose de él, en realidad las risas de los demás le tenían sin cuidado, pero de ella no podría soportar ver que se burlara también.
Recogió sus cosas y paso como una exhalación escuchando apenas las risitas mal disimuladas de los que estaban en ese momento a la entrada de la universidad.
"Jai Guru deva Ommmmm..." pensó mientras en su mente resonaba el dulce coro de Laibach cantando la vieja canción de los Beatles, a veces se sentía como "El Mágico", con una música permanentemente sonandole en la cabeza, pero él no podía ni jugar bien al futbol, aunque de igual forma la música persistía, iba y venía pasando de intérprete y de ritmo.
El frío viento levantaba el polvo y arenilla del suelo, en forma molesta entraba a los ojos, revolvían los cabellos y resecaban los labios, estos eran los vientos de octubre que solo le evocaban los tiempos (muy cercanos por cierto) en que se iba a las lomas cercanas a elevar piscuchas con sus amigos.
Cincuenta y cuatro años con un par de meses antes un niño había sembrado el majestuoso arbol de mango que tenía ante la vista con la ayuda de su abuelo materno que le había dicho aquello de sembrar una árbol, escribir un libro y tener un hijo mientras cavaban el agujero en donde plantaron la que entonces parecía un frágil arbusto, pero en este tiempo era un inmenso y frondoso árbol, su grueso tronco ya estaba comenzando a ser carcomido por el hongo y los insectos pero aún tendría suficiente fuerza para otros 50 años mas antes de caer abatido por un fuerte viento, destrozando cerca de 15 vehículos y causando golpes y heridas, algunos graves, a 25 personas que estaban desayunando en un chalet cercano y que no se dieron cuenta que el arbol había colapsado por los "vientos de diciembre", pero esas son otras lineas de tiempo que no vamos a revisar hoy.
En nuestro momento el arbol se erguía fuerte y poderoso, desafiando vientos y tempestades que apenas movían su copa, estaba colmado de enormes y rojos mangos de clase, que resultaban la delicia de grandes y chicos, pero que aquí nadie cortaba porque ya eran todos universitarios y eso de subirse a cortar fruta de los árboles es para niños o para gente del campo, todos ellos eran de la ciudad e intelectuales, aunque no por eso dejaban de mirar con deseo los enormes y jugosos mangos que pendían de ellos como grandes y redondas estrellas rojas y amarillas.
Fernando se detuvo observando el enorme arbol y recordó lo bueno que era para trepar árboles y bajar fruta de ellos siendo niño y luego de un momento de duda en la que sus prejuicios le decían que pasara del árbol, tomó una decisión y poniendo sus libros en la base del tronco, comenzó a subir al arbol y en una de las ramas intermedias encontró un buen lugar en donde sentarse y ver toda la extensión del campus.
Algunos estudiantes lo vieron y comenzaron a comentar entre ellos acerca de él pero al ver que tomaba uno de los mas grandes frutos y con un pequeño cortaplulas cortaba una tajada de mango dulce, jugosa y amarilla se les hizo agua la boca y ya no lo vieron con burla sino que con envidia.
De pronto Julia se acercó al árbol corriendo, surgida casi de la nada y le dijo entre leves jadeos poniendo sus cosas a la par de las de él:
- Fernando! Ayudame a subir
Fernando quedó un poco estupefacto pero rápidamente bajo hasta las ramas principales y le alargo la mano, ella la tomó y entre risas logró trepar hasta el tronco en donde estaba Fernando poniendose de todos colores.
Ella le dijo:
- Me vas a ayudar a no caerme porque yo no soy buena para andar en los árboles.
Y comenzó a trepar siendo sotenida por un sorprendido Fernando hasta que llegaron al punto donde convergían varias gruesas ramas y que hacían una cómoda plataforma natural para estar sentados, un poco protegidos del fío viento y comiendo la deliciosa fruta.
Fernando cortó un hermoso y grande Mango para Julia y se lo partió en tajadas para que pudiera disfrutar de su deliciosa pulpa, al poco rato, ya habían dos compañeros mas sobre el arbol y en cosa de unos veinte minutos estaban cerca de 12 jóvenes entre chicos y chicas ubicados como podían en las ramas del arbol y saboreando todos de sus frutos.
Fernando descubrió muy sorprendido de que Julia tenía una gran afición por Fairport Convention en donde cantaba Sandy Denny y él que era un experto en los Strawbs le contó que por un tiempo Sandy cantó con ese grupo y por suerte, entre sus cosas andaba un Disco Compacto
(*) recien "quemado" que contenía las canciones de un disco que se había grabado por el año 68 pero que fue editado y publicado hasta 1973 bajo el nombre de “All Our Own Work”, en realidad Julia no conocía mucho sobre el trabajo de Sandy antes de su pertenencia al grupo Fairport Convention, asi que enterarse y poder tener una grabación desconocida para ella de su cantante favorita Sandy la emocionaba al extremo, sobre todo porque al parecer únicamente a Fernando le importaba y conocía la música que ella tanto adoraba.
La tarde se fué corriendo tras el viento sin molestarse en esperarlos, algunos de los estudiantes bajaron del arbol y otros mas subieron, al final de la tarde ya no había nadie mas, pero ellos cómodamente instalados en la plataforma, siguieron hablando de otras cosas además de la música que evidentemente compartían, al comenzar el frío ella se acomodó junto a él para compartir el calor y para Fernando la existencia de Dios adquirió matices de certeza absoluta.
Cuando por fin bajaron ya conmenzaba a oscurecer, Fernando le entregó el disco compacto
(*) a Julia quien lo guardó con cuidado entre sus pertenencias y se encaminaron a devolver los dos libros prestados hasta la biblioteca que lógicamente encontraron ya cerrada a esa hora.
A Fernando le tocaría pagar una multa por el retaso en la entrega de los libros y la consiguiente reconvención de Don Richard el biblliotecario, pero para ser sinceros esa multa y todo lo demas ya le importaba una mierda.....
(*) Nota: El original tenía Cassettes pero dicho medio magnético es virtualmente desconocido por las nuevas generaciones por lo cual fué cambiado a CD (Compact Disc)Tags: cuentos, san valentin, romance