Es trabajo, amor a la familia, amor a Dios y respeto a los seres humanos
Queremos Felicidad!! y le pedimos al gobierno que nos la de!
La felicidad es un estado psicológico que trasciende la noción del estado anímico. Dota, a quien lo disfruta, de la sensación de autorrealización y plenitud para con uno mismo y los elementos del entorno circundante, ya sea éste físico o imaginado.
La capacidad de dar soluciones a los diferentes aspectos del vivir cotidiano, hace del individuo más o menos feliz. Esto se pone de relieve cuando entendemos lo que es la frustración, causa principal de la pérdida de la felicidad
Sociólogos y economistas nos dicen que la felicidad de los pueblos puede ahora ser medida y comparada, como si todos supiéramos de qué estamos hablando cuando hablamos de felicidad. Yo entendía que el desarrollo y el bienestar eran las metas de todo gobierno -con lo cual tienen más que suficiente-, y me cuesta entender que en adelante los gobiernos tuvieran que responder por la felicidad de la gente. Si hacerlo por el desarrollo de los países y el bienestar de las personas constituye una exigencia a cuya altura la mayoría de los gobiernos no son capaces de colocarse, me imagino que el inventario de los malos gobiernos se volverá interminable si les adjudicamos como meta la felicidad de los individuos.
Tampoco existe un derecho a la felicidad, puesto que nada como un derecho es posible oponer a las malas pasadas que nos juega la vida. Como tampoco hay, propiamente hablando, un derecho a la vida, porque todos, inevitablemente, vamos a morir, y a nadie le es dado invocar su derecho a la vida cuando está perdiéndola en una unidad de cuidados intensivos. Ni siquiera existe un derecho a la salud, sino a la asistencia sanitaria, porque "derecho a la salud" sugiere que estaríamos dotados de una potestad para no enfermar y reclamar cada vez que una gripe nos manda a la cama.
Volviendo a la felicidad, lo que hay es un derecho a su búsqueda, como estableció la Declaración de Independencia de los EE.UU. Además, aquel derecho, si hemos de entenderlo de una manera no grandilocuente ni ingenua, representa sólo la autonomía que tienen las personas para determinar preferencias y hacer opciones de vida sin ser coaccionadas.
Pero henos aquí con que el tema de la felicidad se ha vuelto también materia de encuestas y mediciones, ante lo cual temo que nos pase lo mismo que con la educación y la economia: que estemos más preocupados de medirla que de mejorarla.
Ahora la izquierda piensa que es el Presidente de la republica el que debe hacer feliz a cada ciudadano salvadoreño.
En su teoria enamorada de lo de Castro o de Chavez, donde "ellos" son el "dios que les dara felicidad y rios de miel" van por el camino equivocado, porque los salvadoreños sabemos que es uno el que debe de encontrar la felicidad.
Que yo sepa, nadie ha alcanzado jamás la felicidad como un estado. Lo que todos conseguimos son apenas toquecitos de felicidad, algo así como punzadas que nos hacen pronunciar su nombre.
La felicidad no sólo es esquiva, también es intermitente, como las rachas de un jugador en el casino. La ruleta está en continuo movimiento, pero nuestro número de la suerte sale en raras ocasiones. Y cuando el crupier canta ese número, sabemos que pasará un buen tiempo antes de que vuelva a hacerlo. La felicidad repite poco. Pero seguimos al pie de la ruleta, ávidos, expectantes, con los cinco sentidos puestos en el brinco final de la bolita impulsada por el azar.
Si la felicidad no tiene que ver necesariamente con la sabiduría ni con la bondad, menos tiene que ver con el acceso a bienes materiales. Todos conocemos el dicho: aunque ayuda, el dinero no hace la felicidad. Y hacer depender ésta de la posibilidad de ir al supermercado, cambiar el carro o irse de vacaciones al mar (la playa de su gusto), es sólo otra de las “trampas comerciales” que el pensamiento económico dominante trata de hacernos creer.
no confundir la risa con la felicidad
Si bien a veces estamos felices, nunca somos felices. Y ello por la brevedad de la vida, la inevitabilidad del fin y ese terror que admitía Pascal: el que te sobreviene si piensas en el breve lapso de tu vida absorbido por la eternidad anterior y posterior a ella. Yo me cuidaría de regalar a los economistas la palabra "felicidad", puesto que si se la apropian, como han hecho con casi todas, la banalizarán, confundiéndola con la satisfacción de necesidades, y, peor aún, con el simple afán de comprar y consumir, reconduciéndola al concepto ante el cual han capitulado ya todos los demás: el mercado.
la felicidad que causa un resultado deportivo