Domingo, 14 de enero de 2007
Imagen


Es trabajo, amor a la familia, amor a Dios y respeto a los seres humanos

Queremos Felicidad!! y le pedimos al gobierno que nos la de!

La felicidad es un estado psicol?gico que trasciende la noci?n del estado an?mico. Dota, a quien lo disfruta, de la sensaci?n de autorrealizaci?n y plenitud para con uno mismo y los elementos del entorno circundante, ya sea ?ste f?sico o imaginado.

La capacidad de dar soluciones a los diferentes aspectos del vivir cotidiano, hace del individuo m?s o menos feliz. Esto se pone de relieve cuando entendemos lo que es la frustraci?n, causa principal de la p?rdida de la felicidad

Soci?logos y economistas nos dicen que la felicidad de los pueblos puede ahora ser medida y comparada, como si todos supi?ramos de qu? estamos hablando cuando hablamos de felicidad. Yo entend?a que el desarrollo y el bienestar eran las metas de todo gobierno -con lo cual tienen m?s que suficiente-, y me cuesta entender que en adelante los gobiernos tuvieran que responder por la felicidad de la gente. Si hacerlo por el desarrollo de los pa?ses y el bienestar de las personas constituye una exigencia a cuya altura la mayor?a de los gobiernos no son capaces de colocarse, me imagino que el inventario de los malos gobiernos se volver? interminable si les adjudicamos como meta la felicidad de los individuos.

Tampoco existe un derecho a la felicidad, puesto que nada como un derecho es posible oponer a las malas pasadas que nos juega la vida. Como tampoco hay, propiamente hablando, un derecho a la vida, porque todos, inevitablemente, vamos a morir, y a nadie le es dado invocar su derecho a la vida cuando est? perdi?ndola en una unidad de cuidados intensivos. Ni siquiera existe un derecho a la salud, sino a la asistencia sanitaria, porque "derecho a la salud" sugiere que estar?amos dotados de una potestad para no enfermar y reclamar cada vez que una gripe nos manda a la cama.

Volviendo a la felicidad, lo que hay es un derecho a su b?squeda, como estableci? la Declaraci?n de Independencia de los EE.UU. Adem?s, aquel derecho, si hemos de entenderlo de una manera no grandilocuente ni ingenua, representa s?lo la autonom?a que tienen las personas para determinar preferencias y hacer opciones de vida sin ser coaccionadas.

Pero henos aqu? con que el tema de la felicidad se ha vuelto tambi?n materia de encuestas y mediciones, ante lo cual temo que nos pase lo mismo que con la educaci?n y la economia: que estemos m?s preocupados de medirla que de mejorarla.

Ahora la izquierda piensa que es el Presidente de la republica el que debe hacer feliz a cada ciudadano salvadore?o.

En su teoria enamorada de lo de Castro o de Chavez, donde "ellos" son el "dios que les dara felicidad y rios de miel" van por el camino equivocado, porque los salvadore?os sabemos que es uno el que debe de encontrar la felicidad.

Que yo sepa, nadie ha alcanzado jam?s la felicidad como un estado. Lo que todos conseguimos son apenas toquecitos de felicidad, algo as? como punzadas que nos hacen pronunciar su nombre.

La felicidad no s?lo es esquiva, tambi?n es intermitente, como las rachas de un jugador en el casino. La ruleta est? en continuo movimiento, pero nuestro n?mero de la suerte sale en raras ocasiones. Y cuando el crupier canta ese n?mero, sabemos que pasar? un buen tiempo antes de que vuelva a hacerlo. La felicidad repite poco. Pero seguimos al pie de la ruleta, ?vidos, expectantes, con los cinco sentidos puestos en el brinco final de la bolita impulsada por el azar.

Si la felicidad no tiene que ver necesariamente con la sabidur?a ni con la bondad, menos tiene que ver con el acceso a bienes materiales. Todos conocemos el dicho: aunque ayuda, el dinero no hace la felicidad. Y hacer depender ?sta de la posibilidad de ir al supermercado, cambiar el carro o irse de vacaciones al mar (la playa de su gusto), es s?lo otra de las ?trampas comerciales? que el pensamiento econ?mico dominante trata de hacernos creer.

Imagen
no confundir la risa con la felicidad


Si bien a veces estamos felices, nunca somos felices. Y ello por la brevedad de la vida, la inevitabilidad del fin y ese terror que admit?a Pascal: el que te sobreviene si piensas en el breve lapso de tu vida absorbido por la eternidad anterior y posterior a ella. Yo me cuidar?a de regalar a los economistas la palabra "felicidad", puesto que si se la apropian, como han hecho con casi todas, la banalizar?n, confundi?ndola con la satisfacci?n de necesidades, y, peor a?n, con el simple af?n de comprar y consumir, reconduci?ndola al concepto ante el cual han capitulado ya todos los dem?s: el mercado.
Imagen
la felicidad que causa un resultado deportivo

Imagen

el ni?o es feliz
Publicado por nelsons @ 20:59  | Educacion y Cultura
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por beka
Lunes, 15 de enero de 2007 | 8:20
mmm... no queremos que nos de la felicidad, ya sabemos que no puede, ni podria jamas. Lo que queremos es que no nos estorbe para alcanzarla.