Si lo necesitas y te atreves... pídeles que se lleven para siempre tus miedos. A tu miedo a no poder vencer miedos libres que se expanden a menudo en ti, a su antojo.
Miedo a las verdades que sobre ti descubrieron, a las piadosas mentiras y disimulos de otros que, quizás, te sostienen, a los decepcionados "ojalá".
A que la margarita diga no, a que diga sí, a que no diga.
A cierto tipos de ruidos, al silencio, al vacío terror.
Miedo a sobrevivir siempre esperando en ascuas, a desesperar, a las pesadillas.
A no ser capaz de llorar o a las mejillas resecas de lágrimas.
Al buzón sólo lleno de facturas, avisos de apremio y publicidad,
a tus teléfonos con ciertos números entrantes restringidos.
A aparecer en casa o en cualquier parte, de cualquier manera, sin que a nadie importe demasiado, a no oír nunca más "te quiero", "te deseo", "te creo".
Miedo a que la magia de tu genio, inteligencia, pericia y habilidad, siendo sólo cosa tuya como tú bien sabes, lo sepan los demás y no existan los Reyes Magos para evitarlo, como llevas tanto tiempo barruntando.
Ese que, a menudo, se acuesta y levanta, escribe en el blog, baja a la tienda, come, observa, escucha trabajando de lo lindo anotando pormenorizado, escrupulosamente, siempre alerta acechando gestos, detalles y actitudes de familiares, allegados, conocidos, vecinos y nuevos contactos, por si acaso..., contigo.
A tus pesadas maletas siempre preparadas en la cabecera de tu cama, llenas de miedo.
Mira pedile sabiduria vos mejor para saber de lo que hablas,tolerancia para saber que no solo tu punto de vista es valido,y una gota de dignidad para dejar de ser tan
rastrero y vendido felices Reyes.
Como su propio nombre indica, el misterio que envuelve a los tres Reyes Magos sigue aún sin ser descifrado. Cierta es su pretérita existencia, revelada por San Mateo en uno de los evangelios, por la que llegaron a ver al niño Jesús, le entregaron los regalos y marcharon de regreso. Sin embargo, de su condición de magos, su número y rasgos físicos, nunca se han sabido.
Citados en el Nuevo Testamento de la Biblia por San Mateo, lo único que se conoce de los Reyes Magos es lo expresado de esta manera:.
“Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? (Mateo 2,1-2)”. A lo cual prosigue este párrafo en el que se expone su intención:.
“Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. (Mateo 2:11)”.
Orientados por una estrella
Sin embargo, no se detalla nada con respecto a sus rasgos físicos, el número de ellos, sus nombres, ni su condición o categoría ya que ‘mago’ – en aquella época- podía ser un astrónomo, sacerdote, sabio o alquimista pero la hechicería era algo prohibido en la Biblia.
De esta manera y siguiendo las sagradas escrituras, podemos comprobar que sí que atesoraban conocimientos astronómicos al ser orientados por una estrella en su complejo camino topográfico al pesebre, donde había nacido el Mesías.
Del mismo modo, tuvieron un encuentro desafortunado con Herodes, rey de Jerusalén, que –encelado- inquiría más detalles de ellos acerca de las profecías que situaban al niño Jesús como su rival potencial.
Los Reyes visitarían a Jesús, le entregarían oro, incienso y mirra y marcharían de regreso a sus tierras. No obstante, Herodes – inquieto por la posibilidad de perder el trono- decidió ir a buscar al niño a Belén y mandó a sus tropas que mataran a los menores de dos años (‘La matanza de los santos inocentes’).
Esta es la versión más extendida, que atiende al legado de las creencias cristianas. Las versiones populares añaden que son tres y con los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar.
Así es la leyenda la que forja el mito y encierra el círculo del misterio, con la ayuda del friso de la Iglesia de San Apolinar Nuevo (Rávena, Italia), donde aparecen por primera vez con tal número – anteriormente se llegó a asegurar que podían haber sido seis e incluso doce- y con los nombres inscritos sobre sus cabezas
Este conjunto de mosaicos data del siglo VI y su inspiración es persa, otra especulación sobre sus orígenes. Otra confirmación de esta opción es que Beda, en su libro “De tempóribus liber” (VIII), indica que fueron “Melchior”, “Hiespar” y “Walthauser”, a los que en la actualidad conocemos como Melchor, Gaspar y Baltasar.
Por otro lado y mientras que los testimonios más antiguos afirman que procedían de Persia, otros hablan de Caldea, que es donde se inicia la astronomía.
Con todo ello, las enseñanzas filantrópicas del cristianismo quisieron simbolizar a través de ellos las diferentes razas del hombre y sus edades. Esa es la razón por la que en la actualidad poseamos la imagen de un Melchor anciano de tez y barbas blancas, un Gaspar joven y rubio y un Baltasar de raza negra. Los tres con oro, incienso y mirra, respectivamente en sus manos.
Siguiendo estas claves, cada regalo representa para la historia del Mesías una realidad. El oro es su naturaleza real, el incienso la divina y la mirra el dolor y sufrimiento.
Muy buen post y excelente comentario.
Gracias y Feliz dia de reyes magos!!