La Comisión Presidencial para la Seguridad Ciudadana contra la delincuencia.
El compromiso de este grupo de respetables ciudadanos es articular propuestas que se deben desarrollar en el corto, mediano y largo plazo y sus áreas de acción abarcarán la prevención, rehabilitación, reinserción y coerción contra el crimen común y organizado.
La idea de crear una comision para buscar las medidas para combatir el crimen, la mafia y la violencia en nuestro país ha comenzado a dar “sus pasitos” para encontrarse con la verdadera respuesta que se necesita para detener esta guerra sin sentido que destruye hogares y poco a poco se va llevando a muchos salvadoreños al mas allá.
Salvadoreños necesitarme
Como es natural en nosotros los salvadoreños es la de criticar que “la comisión es otro juego político”, “que no dará las respuestas adecuadas”, “que no encontrara la formula”, “que fue creada para gastar mas dinero en comidas y papeles que en conseguir llevarle el pan a aquel que amaneció en este país sin la posibilidad de alimentarse y de alimentar a sus seres queridos”, “que mejor llamemos a Gulliani el ex de Nueva York”. O “quizas
'robocop' seria la solución” o que
"tribunales especiales" sean la base para encerar a los delincuentes
Un amigo bloguero salvadoreño
me ha invitado a salvarlos
Esta creada comisión ha entrado a “funcionar” en una etapa donde nuestro país vive momentos de grandes peligros, de grandes responsabilidades y de muchas oportunidades. La guerra entre los delincuentes por control territorial, el control de las decisiones de los jueces, el control de las cárceles desde donde “colocan su puesto de mando” para seguir cometiendo fechorías, donde asesinan a testigos, donde el temor de ser asaltado crece diariamente, donde la “gente” busca como ganarse el sustento del día en trabajos informales, y donde los políticos dejan mucho que desear con sus actitudes de prepotencia, sapiencia y corrupción. La amenaza delincuencial da como resultado el pensar en forma espontánea en la amenaza del terrorismo, esa nueva guerra sin fronteras y sin frentes. El temor de que un tontito pueda adueñarse pronto de armas de grueso calibre y asaltar un banco, o en lo mas grave, asaltar una residencia con saldos desastrosos no es infundado, y ha logrado que, dentro del Estado de Derecho, se haya tenido que recurrir a sistemas de seguridad parecidos a los que antes sólo existían en las dictaduras; pero, de todos modos, existe la sensación de que todas estas precauciones no puedan bastar jamás del todo en realidad, al no ser posible, ni deseable, un control delincuencial a nivel nacional.
La comisión si es cierto que debe de buscar las medidas inmediatas para detener la violencia
(no armas en los 20 municipios mas peligrosos en nuestro país y es
apoyada por el Presidente Saca, las recomendaciones que con la misma autoridad que se dice tendrá deberán estar encaminadas a la educación a largo plazo de nuestros jóvenes estudiantes de todos los niveles en el País. Menos visibles, pero no por ello menos inquietantes, son las posibilidades de auto-manipulación que el político salvadoreño ha conseguido...
En las escuelas tenemos que enseñar mucho sobre el diario vivir del ser humano. Desde el kindergarten, cuando te enseñan a jugar con carritos, allí debe de ir a la par la enseñanza sobre el como se conduce en un país civilizado, donde impera el respeto a las leyes. Como debe el ciudadano proteger la salud al no contaminar con la basura que a diario tiramos por toneladas de los autobuses, los automóviles y caminando por las calles de esta El Salvador desordenado.
Muchos han olvidado a Dios, un hombre en el que ya no brilla el esplendor de su ser a imagen y semejanza de Dios, que es lo que le confiere su dignidad e inviolabilidad, sino únicamente el poder de las capacidades humanas. Ya no es más que imagen del hombre –¿de qué hombre?– del político?, del papa cervecero? del cura pedofilo, del pastor que se lleva todo el diezmo a su casa? de las ideas empresaiales, de las ideas comunitarias?, de las ideas marxistas?, del que consigue las cosas fuera del orden normal y por ello vale mas? A ello se añaden los grandes problemas del pais, como en cualquier pais: desigualdades, creciente pobreza, explotación de la tierra y sus recursos, hambre, enfermedades, choque de ideas. Todo esto demuestra que, al crecimiento de nuestras posibilidades, no corresponde un igual desarrollo de nuestra energía moral. La mentalidad técnica confina a la moral a un ámbito subjetivo, mientras que lo que necesitamos es una moral pública que sepa responder a las amenazas que se ciernen sobre la existencia de todos nosotros. El verdadero y más grave peligro de este momento está, justamente, en este desequilibrio entre posibilidades técnicas y energía moral. La seguridad que necesitamos como presupuesto de nuestra libertad y de nuestra dignidad no puede venir, en resumidas cuentas, de sistemas técnicos de control, de comisiones creadas por Presidentes o asambleístas, sino que sólo puede brotar de la fuerza moral del hombre; donde ésta falte, o no sea suficiente, el poder que tiene el hombre se transformará cada vez más en un poder de destrucción. Y alli debe de estar encaminadas las observaciones o cambios que este pais necesita para salir adelante después de años de locura.
Es verdad que hoy existe un
nuevo moralismo, cuyas palabras claves son justicia, paz, conservación de lo creado; pero, sin los necesarios valores morales esenciales, este moralismo se queda en vaguedades y se desliza, casi inevitablemente, a la esfera político-partidista. Es, sobre todo, una pretensión dirigida a los demás, y demasiado poco un deber personal de nuestra vida cotidiana. En los últimos 30 años hemos visto de sobra, en nuestras calles y plazas y parques, cómo el “pacifismo”, el sindicalismo”, “el maestro en la clase”, “el doctor y la enfermera”, “los soldados”, los obreros y campesinos” los marginados, los lisiados, los padres de los desaparecidos, los estudiantes puede desviarse hacia un anarquismo destructivo y hacia el terrorismo sea este de guerrillas, de estado o de cualquier Juan Pueblo como los que asesinaron a los dos Policías en las cercanías de la Universidad Nacional.
Las consecuencias morales son el resultado de una amplia y clara falta de educación, que reforzado con el abuso de quienes deben de proteger a que la justicia sea igual para todos haya fallado y con ello consecuentemente la autoridad legalmente constituida a sufrido ese resquebrajamiento que ha llevado a este país al caos humano moral y espiritual de cada uno de nosotros.
Quiero ser Diputada!!
La guerra creo monstruos que ahora pululan en los caminos de esta patria, esta es la verdadera crisis que vivimos, y no vamos a señalar si ellos vienen de la derecha, de los soldados, la guerrilla o la izquierda, sino que vienen de las secuelas que dejo la guerra, en toda aquella niñez y juventud que vivió día a día lo horrible de la guerra de los 80’s. Ellos que se alimentaron de violencia que era “justificada por ambos lados del conflicto”. La recomposición de las fuerzas humanas afectadas por el caos de la guerra no tuvieron ningún incentivo y consecuentemente ningún efecto positivo en cuanto al retorno de los valores morales después de los acuerdos de paz o simplemente jamás se busco el alimentar de amor y esperanzas a los salvadoreños.
La política arrancó y comenzaron a insultarse, amenazarse y agredirse sin encontrar los puntos de encuentro o coincidencias positivas para el desarrollo del bien común para el cual habían luchado por mas de 12 años.
La guerra civil siguió en otros frentes y el perdón aun no ha llegado. Nadie ha pedido perdón por lo ocurrido, aunque se amnistió, el perdón se requiere para cerrar las heridas que aun unos mantienen y que transmiten a las nuevas generaciones.
Esta breve mirada sobre la situación salvadoreña nos lleva a reflexionar sobre la actual situación en la que vivimos seamos cristianos o no cristianos, y, en consecuencia, también sobre las bases de que deben de ser en este país. La violencia actual, que es secuela del pasado brutal, no puede ser clasificada como una violencia “importada” por el simple echo que “las maras nacieron en los EEUU” y fueron deportadas a nuestro país. Pienso que las estructuras de delincuencia moral ya estaban las raíces creadas aquí. Y es aquí donde recibió su impronta cultural e “intelectual” desarrollo.
Se creen invencibles
En la estela de esta forma de racionalidad, El Salvador ha desarrollado una cultura que, de manera hasta ahora desconocida para la patria, excluye a Dios de la conciencia pública, bien negándolo del todo, bien juzgando su existencia no demostrable, incierta y, por tanto, perteneciente al ámbito de las opciones subjetivas, algo en todo caso irrelevante para la vida pública. Esta racionalidad puramente funcional, por decirlo así, ha traído consigo una subversión de la conciencia moral que ha provocado que la maldad reine en el interior de los seres humanos.
En un mundo basado sobre el cálculo, es el cálculo de las consecuencias lo que determina qué es lo que hay que considerar moral o no. Aquí emerge, sobre todo, la responsabilidad que nosotros, los salvadoreños, debemos asumir en este momento histórico: en el debate en torno a la definición de El Salvador, en torno a su nueva forma política, no se juega una cierta nostálgica batalla de retaguardia de la Historia, sino sobre todo una gran responsabilidad para la juventud de hoy, nuestros lideres del futuro.
Esta comisión debe de dejar escrita en la historia, que la alegría y la esperanza de las nuevas generaciones no dependen de “llevar dulcitos” a los cantones y caseríos, o “quitarle las pistolitas” a los “muchachos bandoleros”, sino que mejorarles permanentemente la estructuras básicas de su diario vivir. El derecho al agua potable, a la salud, a una vivienda digan, a una educación encaminada en los principios morales a fuentes de trabajo permanentes a fin de que puedan llevar el sustento básico a sus descendientes y al respeto basico como humano e hijos de Dios..
Ya la Constitución política lo dice, pero hay que ponerla a funcionar.