Pues para los que les gusta pelear y la controversia, yo les vengo a tirar una enrevista hecha a el autor del famoso libro "El Asco", Horacio Castellanos Moya, en la cual explica varios aspectos de su libro y de otras de sus obras, y el por qué y cuál es el contenido de éstas. Me resulta curioso que encuentro en éste autor ciertas similitudes de pensamiento con los míos.
Es una entrevista cortita, ya que no me gusta poner largos y tediosos artículos con poca substancia para impresionar, como a otros les gusta hacer
Vértice, 16 de junio de 2002
ENTREVISTA
Horacio Castellanos Moya:
“La violencia... es parte de la salvadoreñidad”
Finalista en el Premio Internacional de Novela “Rómulo Gallegos”, logró el respaldo de Tusquets Editores, que publica su obra, y dirige el periódico mexicano Milenio. Algunos solo lo recuerdan por su novela “El asco”.
Por: Rafael Menjívar Ochoa
vertice@elsalvador.com
Tras una larga temporada en el extranjero, el escritor Horacio mg srCastellanos Moya regresó a El Salvador para formar parte del proceso de paz.
Hace cinco años publicó su novela “El asco” y se fue nuevamente del país, al que sólo ha regresado durante muy breves periodos entre sus estancias en Guatemala, México, España y Suiza.
Esta semana estuvo en El Salvador durante un par de días, para firmar un contrato de ocho años con la Dirección de Publicaciones e Impresos de Concultura para su novela “La diáspora” que, al igual que “El asco”, generó fuertes controversias, como casi todo su trabajo literario. Este contrato ocurre luego de la publicación de dos obras de Castellanos Moya (“El arma en el hombre” y “Baile con serpientes, también editada por DPI hace algunos años) en la prestigiada casa Tusquets Editores.
La visita fue una buena ocasión para conocer de primera mano las opiniones del autor acerca de su propia obra, en especial de la novela que causó y aún causa fuertes simpatías y resquemores.
Rafael Menjívar Ochoa (RMO) : Cuando apareció “El asco”, los lectores se lanzaron a discutir si lo que decías era cierto, y se fijaron poco en que se trataba de una construcción literaria.
H
oracio Castellanos Moya (HCMoya): Por lo general cuando una novela hace críticas muy fuertes sobre aspectos políticos o culturales, y cuando se publica en un mundo de lectores más acostumbrados al texto de testimonio, que busca la verdad histórica, la gente no reacciona en un sentido literario, no hace una lectura literaria.
Claro, no es la primera vez que me pasa.
Cuando publiqué “La diáspora”, en 1989, se hizo una lectura política; la novela, en ese caso, hacía críticas constructivas (o destructivas) de la izquierda.
Con “El asco” el lector, en general, no repara en los aspectos literarios, de la construcción de personajes, de la trama (digamos en la fabulación literaria), sino que se concentra en los aspectos que le parecen más sensibles en cuanto a su manera de ver el mundo. No piensa en literatura, sino en si esa opinión política es cierta o es falsa, si esa opinión sobre la cultura nacional es verdadera o es falsa.
¿Había en “El asco” la intención de provocar o hubo una interpretación un tanto obvia?
Un poco de las dos cosas. Tanto “La diáspora” como “El asco” tienen un componente de provocación. Y no porque yo me proponga provocar (aunque si no hubiera una voluntad la provocación no se expresaría), sino porque hace críticas a ideas muy fijas y muy establecidas, muy dadas por supuestas, en lo que respecta a la política y a la cultura del país: la nacionalidad, la identidad, todas esas cosas.
Al meterte en el terreno de los valores esenciales de lo nacional, evidentemente le cuestionas a la gente los juicios terminantes alrededor de los cuales se construyen sus valores.
Una de las características de tu “generación” literaria, por llamarla de algún modo, es que varios han vivido y se han formado en el extranjero, y expresan un punto de vista “extranjero” con respecto a El Salvador...
Yo no lo creo. Cuando salí de aquí ya estaba totalmente formado...
Estuviste en Costa Rica, México, Canadá...
Pero salí a los veintiún años, y a los veintiún años ya tienes un mundo hecho. Lo que te determina y te marca, en cuanto a criterios y a valores, es tu mundo adolescente. No creo que sea tanto una visión extranjera, sino una visión que permite contemplar al país “desde fuera” para interpretarlo de otra manera.
Probablemente las nuevas generaciones van a estar formadas por escritores que han vivido su infancia y adolescencia en Los Angeles, que son salvadoreños pero llegaron allá a los cuatro años. Yo llegué aquí a los cuatro años y salí a los veintiuno, así que el mundo de El Salvador es mi mundo, el mundo que me determinó.
Salir te da distancia, y la distancia, para la literatura, es importante. Para la ficción es determinante en el sentido de que te permite tomar perspectiva y pensar las cosas con más “añejamiento”. Creo que ése es más el punto, no que haya una visión extranjera. Es algo que no comparto.
Joyce sale a los veintiún años de Dublín para no volver jamás (bueno, regresa una vez) y no tiene una visión extranjera de Irlanda.
Y esa distancia quizá sea lo que le da esa visión tan irlandesa...
Y también tan universal. En algunas ocasiones me han preguntado que por qué la violencia. Cada vez que regreso al país lo veo muy violento, y lo escribo muy violento. Y es que el país es violento. Cuando alguien me pregunta acerca del “recurso de la violencia”, me doy cuenta de que para mí la violencia no es un recurso: es parte de la salvadoreñidad. Es una cultura muy violenta, y permea la familia, las instituciones, el estado, todo. Por eso la violencia se expresa en la literatura, y no sólo en la mía, sino en las diversas literaturas que se dan en el país.
Existen otras literaturas que surgen en países muy pobres, en situaciones muy parecidas, y no son tan violentas: Honduras, Ecuador, Bolivia... Quizá la colombiana tenga un componente fuerte de violencia.
En tus textos tocas puntos que duelen. Está la llaga y pones el dedo allí.
Creo que la provocación per se es inútil.
No me propongo la provocación como tal. Digamos que la provocación es un componente de mi carácter, de mi manera de ser, pero no es parte de un plan ni de un proyecto. A la hora de buscar la materia narrativa, la materia prima para construir la historia y los personajes, me encuentro con que tengo que tocar aspectos duros de la realidad, o recrearlos, y la óptica desde la que lo hago para muchos lectores es muy provocadora. Yo no me lo propongo: así es mi óptica. No es un plan, o que yo me diga: “Voy a hacer una literatura esencialmente provocadora”. Es provocadora a pesar de sí misma; al final de cuentas, cuando escribo es más importante sacar lo que traigo adentro que proponerme un tipo de literatura.
¿Qué te estabas sacando con “El asco”?
Al paso del tiempo, pienso que en esa novela se reflejan los años de la primera posguerra, que se produjeron en la frustración de la transición democrática, vividos, en mi caso, a partir de proyectos en los que me embarqué, en los que se embarcó un grupo de gente cuando terminó la guerra civil. Teníamos una expectativa, una ilusión en torno a la transformación de la sociedad salvadoreña con el fin de la guerra. Todo eso de la transición democrática y la consecución de un nuevo estado de derecho basados en los patrones de la democracia para nosotros no era una abstracción política, sino la posibilidad de algo distinto: que florezca la cultura, que florezcan las nuevas expresiones, que florezcan las nuevas mentalidades, que esto se convierta en una fuente de cosas novedosas.
Llegamos con esa idea, trabajamos en función de esa idea, hicimos lo que pudimos, y algunos (yo entre ellos) nos reventamos la cara. Y, cuando te revientas la cara, la literatura surge más de la frustración, del fracaso, de la tragedia, que de la felicidad y del éxito. Una literatura que se basa en la felicidad y el éxito no es creadora. Si revisas bien, la literatura surge de la tragedia, de la frustración esencial, del fracaso, de lo que no se puede realizar.
No planifiqué mucho “El asco”. Lo escribí en un mes, y cuando iba en la segunda cuartilla no sabía para dónde iba. Fue un texto muy compulsivo, muy poco planificado. Creo que es explicable. Y no surgió de mi caso personal, sino de un grupo, y muchos de ese grupo tampoco viven ya aquí.
Eso no significa que piense que haya sido inútil la transición y el fin de la guerra. Estamos hablando de que todo lo mides en función de las expectativas y de las ilusiones, de los proyectos que no funcionan, y se tradujo de esta manera. “El asco” fue una descarga. Una descarga de frustración.
Pero también es una construcción literaria...
¡Ah, claro! Porque pretendía, y siempre pretendió, ser una novela. No pretendía ser un discurso. Para eso están los ensayos. No es una novela de tesis. Habla de un personaje que vomita su visión del mundo, que a veces puede ser contradictoria, poco agradable, pero es una construcción literaria. Está basada en Bernhard, un escritor austriaco que detesta Austria, que detesta Salzburgo y a su gente... Más o menos a partir de ese modelo hice una construcción literaria.
Igual que cuando Alvaro Menen Desleal publicó “Cuentos breves y maravillosos”, usando como modelo a Borges, hubo “gente enterada” que te acusó de ser plagiario de Bernhard.
Eso es ignorancia. Plagio es cuando la gente copia a un escritor y lo esconde. Un plagiario ni siquiera escribe como otro escritor, sino que copia el texto. “El asco” no esconde nada: se llama “Thomas Bernhard en San Salvador”, y es un ejercicio de estilo basado sus cosas.
Ahora están de moda los plagios. Hay un montón de gente que cree que es muy fácil ser escritor y escribe o contrata a alguien para que le escriba las novelas. Pero eso no tiene encanto en nuestros países.
En El Salvador hay tan poco que ganar con la literatura que, si uno no la siente, si uno no tiene nada que decir, para qué se mete en todo ese estorbo. En Europa por lo menos puedes tener status, ganar dinero, cosas que te sirven en la vida. Aquí no veo francamente para qué te pueda servir el plagio.
¿No es la publicación un proceso natural de la escritura?
Exactamente. Por suerte no he tenido que gastar una enorme cantidad de energía en la búsqueda de un editor, y es algo que agradezco, así sean editores pequeños. Ha de ser muy desgastante estar dedicado sólo a ver quién te publica.