Un saludo
A los que están siempre en el parque Libertad, en las escaleras eléctricas de metrocentro, a la salida de tu casa. Los que buscan entrar al estadio Cuscatlán, los que salen a correr en las canchas de la zacamil, a los que esperan una cora en los conacastes de Soyapango, a los vendedores de discos piratas, a la de los tamales de elote, al del vigesimo de loteria, al de los guacales plásticos de a dólar, el que voceador de la mañana de la Prensa y “eldihoy”, al de los guineos en la plaza bethoven, la de las rosas en la calle, al policia sirviendo el trafico, al profesor en su aula, la que vende shuco cerca del Garcia Flamenco, los bolitos del parque, los que cuidan carros en el puerto, en metrocentro y restaurantes, a los de siempre, la que reza en la iglesia, el loquito de la esquina, la mendiga, el que está agazapado y grita cuando pasas. Los cipotes de la colonia y su pelota. Los distintos, los otros.
Ahí afuera, como de costado, o bien adentro, ocultos, encerrados. Peleando por la vida, buscando el alimento, razonando y analizando su vida, a ese que anda con la mirada perdida sin encontrar “el con que del día”. Esa mirada del niño: fascinada, encendida, siempre brillante. Viva. Inquieta ante, despierta oblicua indirecta. Inquietante. Tan distinta con la que nos cruzamos a diario y tal vez ni siquiera mirada, sino visión continua que no hinca ni apela, sino enlaza envuelve rodea.
A ellos mi amor, mi cariño y mi admiración.
Contrasta con ellos; Los políticos que "deberían estar internados": los tontos, los bolos, los mogólicos. Y es que resulta tan tranquilizador tatuarles algún epíteto, nominarlos, tantas veces vilipendiarlos, "porque son un peligro para la sociedad", dicen unos, o "hay que protegerlos de sí mismos", presumen los compasivos: "es la única forma de cuidarlos".
Y ahora estamos frente a ellos. Los vemos, te miran, son ellos, los sueltos, los fuera de serie que no necesitan aferrarse a algo, que con otras dos manos romperian de un tiro el pais, están satisfechos, repletos de falso afecto, seguidores de un culto, que les ha robotizado para levantar manos colectivas. Ellos que se acobijan en el seno de su partido, donde se les permite “aprobechar” el dia, donde su Jeep 4x4 lo hace indestructible, donde se abraza para que le exoneren de esto y de aquello, donde se receta bonos, prevendas y salarios, el que regala tres tarjetas de credito a “su amiga”, el que compra prestanombres, el abusivo, el incoherente, el hijueputa. Ese que ve diferente esta nacion, este que se equivoca al caminar, que vende almas, pasiones y hermanas, el corrupto, el idealizado, el idiota, mi amigo el politico.
Los veo ahí encerrados, no en la “honorable” sino alli adentro del hospital psiquiátrico y no puede dejar de apenarme su estado. Que estan afuera y nos gobiernan, No puedo observarlos demasiado sin soltar un "pobrecito" lastimoso, y así me pongo cuando realmente los veo: ahí abrazados, acariciándose, de la mano, sonriendo, quizás danzando, con esa llama de adentro que le ilumina las caras. Entonces empiezo a pensar que el "pobrecito" es para mí, y que la ristra de palabras vacuas que intentaban encasillarlos, no hacen más que definir alguna de mis partes. "Mejor están ahí, porque mirá si.", recuerdo que alguien me dijo. Y claro, tal vez sepan algo que los normales hemos vedado.
Y yo acá clavado, con la vista acechándolos, mis ojos apagados que escapan de lo distinto, no vaya a ser que se salga de la matriz de la ciencia humana o exacta, bien abrigadita bajo la gruesa colcha de lógica -tautológica- que no transforma, que no disloca, que poco aporta cuando aplasta, somete y recorta. Desde ella son perfectamente intolerables (a lo sumo interesantes para el difunto análisis), pero inclasificables por ese destello tan claro y esa manera distinta de ver, de sentir, de mirar: esa manera de ser.
Porque no se someten a nuestros mandatos, porque son siempre espontáneos. Tal sea eso lo que no toleramos: que sean siempre ellos. Y así los dejo -me quedo- tras las rejas que forjan mis miedos. Pavores que obturan distintos sentidos. Terrores de ver a través del otro, niebla que nubla los prismas diversos, esos en que no me atrevo y que por miedo cancelo.
Mañana sera otro dia, el elote esta caliente, escondo mis discos a la policía, preparo el shuco, encuentro mi cora, vendo las rosas, los guineos, el guacal, el “chica” con “el premio mayor”, le rezo a la virgen, oriento el trafico y me escondo en interior de mis penas y en el escondrijo de este mar de gente.