Buscando la paz, nos encontramos en Guerra.
El 16 de enero de 1992, el Gobierno de la República y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), suscriben en Chapultepec, México, los Acuerdos de Paz, poniendo con ello cierre a uno de los capítulos más dolorosos de la historia de El Salvador. Los 12 años de conflicto armado tuvieron como consecuencia más de 75,000 muertos. En términos de población, este número equivale a 3.2 millones de ciudadanos americanos, o visto de otra manera equivale a la población de la segunda ciudad más poblada de Estados Unidos: Los Angeles, California.
Despues de 14 años aun estamos en guerra, si señores, EN GUERRA! Es una guerra económica, Es una guerra ideológica por la toma del poder político para controlar la economía del país.
Muchos lo han tomado como cuando vas al estadio a ver a tu querido Alianza y te sientas a la par de un aguilucho (tu enemigo) y lo que pita el arbitro en contra de tu equipo o lo que voz personalmente crees, (un fuera de lugar, o una falta, por ejemplo) que lo tuyo es lo correcto.. Voz te vestís de blanco y el otro de naranja, voz gritas ¡aaaalbooo!, ¡aaaalbooo! y el otro ¡águila!, ¡águila! Si ganaste, fue por el ¡arbitro! Y a la salida nos tiramos piedras y hasta nos acuchillamos.
Lo que ocurre en este país con sangre derramada por ambas partes, (todos salvadoreños) y que recordamos a cada rato, uno porque la impunidad se mantiene, otro porque la paz fue firmada y no se pueden abrir cicatrices, me ha impulsado a continuar una reflexión que brota a menudo de lo más hondo de mi corazón, al rememorar acontecimientos históricos que han marcado mi vida, especialmente en los años de mi juventud. Los indecibles sufrimientos de los pueblos del oriente del país y los de Chalatenango y de las personas, entre ellas no pocos amigos y conocidos míos, causados por los asesinatos de las guerrillas y las incursiones de las fuerzas armadas, siempre me han interpelado íntimamente y animado mi pensamiento. Muchas veces me he detenido a pensar sobre esta pregunta: ¿cuál es el camino que conduce al pleno restablecimiento del orden moral y social, violado tan bárbaramente? La convicción a la que he llegado, razonando y confrontándome conmigo mismo, es que no se restablece completamente el orden quebrantado, si no es conjugando entre sí la justicia y el perdón. Los pilares de la paz verdadera son la justicia y esa forma particular del amor que es el perdón.
Pero ¿cómo se puede hablar, en las circunstancias actuales, de justicia y, al mismo tiempo, de perdón como fuentes y condiciones de la paz? Mi respuesta es que se puede y se debe hablar de ello a pesar de la dificultad que comporta, entre otros motivos, porque se tiende a pensar en la justicia y en el perdón en términos alternativos. Pero el perdón se opone al rencor y a la venganza, no a la justicia. En realidad, la verdadera paz es “obra de la justicia”. La paz es “el fruto del orden asignado a la sociedad humana y que los hombres, siempre sedientos de una justicia más perfecta, han de llevar a cabo”. Desde hace más de 30 años vengo escuchando, injusticia, nepotismo, barbarie, unidad de obreros, unidad de trabajadores, sindicato de trabajadores, escuadrones de la muerte, guerrillas asesinas, robo eleccionario, dictadura, el pueblo unido jamás será vencido y ya en los ochenta, libertad se escribe con sangre, quienes vienen pregonando que la paz, a la cual se debe tender con la aportación de todos, consiste en la tranquilidad del orden.
Asesinados campesinos y sacerdotes, asesinados capitanes y tenientes, asesinados sindicalistas y políticos, asesinados niños y mujeres inocentes, asesinados campesinos vestidos de soldados y guerrilleros vestidos de campesinos, hasta que firmaron la paz.

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La verdadera paz, pues, es fruto de la justicia, virtud moral y garantía legal que vela sobre el pleno respeto de derechos y deberes, y sobre la distribución ecuánime de beneficios y cargas. Pero, puesto que la justicia humana es siempre frágil e imperfecta, expuesta a las limitaciones y a los egoísmos personales y de grupo, debe ejercerse y en cierto modo completarse con el perdón, que cura las heridas y restablece en profundidad las relaciones humanas truncadas. Esto vale tanto para las tensiones que afectan a los individuos, como para las de alcance más general, e incluso internacional. El perdón en modo alguno se contrapone a la justicia, porque no consiste en inhibirse ante las legítimas exigencias de reparación del orden violado. El perdón tiende más bien a esa plenitud de la justicia que conduce a la tranquilidad del orden y que, siendo mucho más que un frágil y temporal cese de las hostilidades, pretende una profunda recuperación de las heridas abiertas. Para esta recuperación, son esenciales ambos, la justicia y el perdón.
Es precisamente la paz fundada sobre la justicia y sobre el perdón la que es atacada actualmente por todos. En estos últimos años, especialmente después de la firma de los acuerdos de paz, la lucha ideológica salvadoreña se ha transformado en una sofisticada red de connivencias políticas, técnicas y económicas, que supera los confines nacionales y se expande hasta abarcar todo el mundo. Se trata de verdaderas organizaciones, dotadas a menudo de ingentes recursos financieros, que planifican estrategias a gran escala, agrediendo a personas inocentes y sin implicación alguna en las perspectivas pretendidas por los politicos de turno. Que Cuba y Venezuela, que Los Estados Unidos y El Salvador.
Empleando sus mismos secuaces como arma arrojadiza contra personas inermes y desprevenidas, estas organizaciones políticas muestran de modo sobrecogedor el instinto de muerte que las mueve. Las maras nacen del odio y engendra aislamiento, desconfianza y exclusión. La violencia se suma a la violencia, en una trágica espiral que contagia también a las nuevas generaciones, las cuales heredan así el odio que ha dividido a las anteriores. Las maras se basan en el desprecio de la vida del hombre. Precisamente por eso, no sólo comete crímenes intolerables, sino que en sí mismo, en cuanto recurso al terror como estrategia política y económica, es un auténtico crimen contra la humanidad.
Existe, por tanto, un derecho a defenderse de las maras, de los politicos gangueros y de los intolerables que buscan el no al si y el si al no de las cosas, con el fin de que quizás algún día, conquisten el poder a través de la fuerza y la idiotez, para derramar mas sangre en este país. La Democracia es un derecho que, como cualquier otro, debe atenerse a reglas morales y jurídicas, tanto en la elección de los objetivos como de los medios. La identificación de los culpables ha de ser probada debidamente, porque la responsabilidad penal es siempre personal y, por tanto, no puede extenderse a los partidos políticos en si, a los grupos organizados, gubernamentales o no, o a los religiosos que piensan que el perdón no puede existir sin cárcel.
La colaboración ciudadana en la lucha contra el destrampamiento de la polarizacion debe comportar también un compromiso especial en el ámbito político, diplomático y económico, con el fin de solucionar con valentía y determinación las eventuales situaciones de opresión y marginación que pudieran estar en el origen de los planes de los que entienden la democracia como una forma de irrespetar el orden constituido. En efecto, el reclutamiento de las personas resulta más fácil en los contextos sociales donde los derechos son conculcados y las injusticias se toleran durante demasiado tiempo.
No obstante, es preciso afirmar con claridad que las injusticias existentes en El Salvador nunca pueden usarse como pretexto para justificar los asesinatos a diario de las maras, la no aprobación de una ley de protección al testigo, el no voto legislativo a las ayudas de bienestar social como la llamada red solidaria y a “el olvido entre asamblea entrante y asamblea saliente la ratificación de los tratados de la OIT y por ello
600 salvadoreños pierden su empleo. Puedo, además, que entre las víctimas de la destrucción radical del orden, como pretenden los enajenados de este país, han de incluirse en primer lugar a los miles de miles de hombres y mujeres menos preparados para resistir el colapso de la solidaridad internacional. Me refiero concretamente a los pueblos de la llamada “zonas mas pobres de El Salvador”, que viven ya con estrechos márgenes de supervivencia, y que serían los más dolorosamente perjudicados por el caos nacional, económico y político. La pretensión de una izquierda o una derecha de actuar en nombre de los pobres es una falsedad patente. Porque no se puede dar por un lado y quitar por conveniencias por el otro.
aqui en 1992 Cristiani y Shafick dijeron Shafick Handal, por los rebeldes. Dijo: "Emocionado, a este hombre de 62 años, de barba encanecida, se le quiebra la voz: "El FMLN ingresa a la paz abriendo la mano (y la extiende fijando la mirada en un Cristiani 15 años menor que él), que ha sido puño (y la cierra con un gesto de fuerza), y extendiéndola amistosamente a quienes hemos combatido (vuelve a abrirla y sostiene el gesto dirigido a la mesa oficial) como corresponde a un desenlace sin vencedores ni vencidos, con el firme propósito de dar comienzo a la unificación de la familia salvadoreña". "El FMLN desea reconocer al gobierno de Estados Unidos su cooperación para que la cooperación alcanzara sus frutos, particularmente desde la ronda de septiembre del año pasado en Nueva York".
Al final, el paso de la estafeta política: "Las partes en la negociación hemos terminado nuestro trabajo. Desde ahora la nación entera asume el protagonismo de su propia transformación. ¡Viva la paz! ¡Viva El Salvador! ¡Viva México!".
Cristiani dijo: "La crisis en que se vio envuelta la nación salvadoreña en el último decenio no surgió de la nada ni fue producto de voluntades aisladas. Esa crisis tan dolorosa y trágica tiene antiguas y profundas raíces sociales, políticas, económicas y culturales".
Un reconocimiento capital, sin cambiar la modulación de la voz: "En el pasado, una de las perniciosas fallas de nuestro esquema de vida nacional fue la inexistencia o insuficiencia de los espacios y mecanismos para permitir el libre juego de las ideas, el desenvolvimiento natural de los distintos proyectos políticos, derivados de la libertad de pensamiento y de acción. En síntesis, la ausencia de un verdadero esquema democrático de vida".
El llamado al reencuentro: "Le decimos al FMLN, con respetuosa convicción, que su aporte es necesario para desarrollar en El Salvador una democracia estable y consistente (…) podemos trabajar en conjunto para el beneficio del país, como El Salvador se lo merece".
El final, cargado de misticismo religioso:
"¡Que Dios sea con nosotros y que la paz sea con nosotros ahora y siempre!".
Entonces ocurrió el momento más emocionante. Una cerrada y prolongada ovación, la más sonora, envolvió al presidente que salía del podio y con paso firme se dirigía hacia la mesa de la comandancia general del FMLN. Los saludó, uno por uno, comenzando por Handal, a quien además dio un medio abrazo. El aplauso creció. Saludó a la delegación oficial. Pasó frente a James Baker sin saludarlo.
El rostro de Cristiani estaba enrojecido.
–¡No saludó a Baker! –comentó un colega.
No era su intención. Cristiani se dirigía hacia su mujer que lo recibió con lágrimas en los ojos. Su hija lloraba visiblemente. Y, mientras Cristiani volvía a su lugar en el podio de los diez presidentes, Margarita Cristiani corrió a saludar de abrazo y beso a los comandantes máximos del FMLN. El intenso frío de la invernal mañana cedió un instante.
Ya es tiempo que los dos bueyes de este pais se pongan en una direccion para mover la carreta de la patria.