Un goleador solidario

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Cuando lo puedes hacer, hazlo
La solidaridad comienza a ponerse en práctica con los más próximos: En la comprensión de los familiares y amigos, pero desborda intimidad y privacidad como apoyo fraterno y de hermandad, hacia grupos, movimientos o colectividad que necesita e intenta reducir el nivel de violencia, opresión o fuerza en las instituciones sociales o políticas.
La solidaridad es una virtud básica para la comprensión de lo que llamamos humanidad, pues se es solidario con el dolor ajeno, con el que está en desventaja, con el oprimido, sea individuo o pueblo. La solidaridad se basa en que a partir de la comprensión del otro se ofrece el apoyo no sólo moral, también de ayuda activa o económica como lo hemos visto en el gesto solidario de la Teletón 2005 que con la aportación económica de cada uno de los salvadoreños ellos juntaron la cantidad de un millon, 454,763 dólares, cerca de 50 mil dólares más que el año anterior.
Solidaridad es con los padres de los menores asesinados recientemente. Me pregunto: ¿que hice por solidarizarme con esta familia, además del pesar que me causo la noticia? ¿Colaboro con la Cruz Roja Salvadoreña? Por ejemplo, no necesariamente como enfermero, pero ¿lo hago como donante de sangre? O ¿con $ 5.00 dólares cada tres meses?
En el trabajo debemos buscar esos puntos que hacen de nosotros solidarios con el compañero de trabajo, lo mismo que con el jefe. La verdadera riqueza del trabajo está en las capacidades humanas, en la inteligencia y en la creatividad de las personas, Es muy peligroso de hacer del trabajo sólo mercadería, peligros que subsisten todavía hoy en nuestro terruño si miramos el sentido del TLC.
Hay un incremento de bolsas de desempleo, trabajo negro, trabajo de menores, trabajo mal pagado y explotado, y trabajo de “ayudar a emigrar”.
A ello se suman nuevas formas, mucho más sutiles, de explotación de los nuevos trabajos, al súper-trabajo, al trabajo-carrera que a veces roba espacio a dimensiones igualmente humanas y necesarias para la persona, a la excesiva flexibilidad del trabajo que en realidad hace precaria y a veces imposible la vida familiar.
El Salvadoreño es fácil de alienarse invirtiendo medios y fines, “para negociar” en el contexto del trabajo actual --cualitativo más que cuantitativo-- se pueden dar elementos de alienación, según crezca la participación en una auténtica comunidad solidaria o en cambio aumente el aislamiento en un complejo de relaciones de exasperada competitividad y recíproco extrañamiento.
Para que exista un verdadero humanismo en el trabajo, es necesaria una nueva solidaridad entre todos los trabajadores salvadoreños, y que el verdadero desafío viene de la concurrencia entre los dueños y los empleados de cualquier lugar de trabajo, en un país como el nuestro en vías de desarrollo.
Y es que actualmente el país está dividido en tres franjas: la de los grandes empresarios, que sin embargo deben afrontar la concurrencia de los “empresarios” emergentes, sobre todo del sector transporte; la de los empresarios emergentes, que con ritmos de crecimiento muy fuertes irrumpen en el escenario comercial llevando también consigo las propias contradicciones; y la de los “empresarios” más pobres, que aún no salen de la miseria y del desarrollo. Como aquellos que tienen un chalet de venta de pupusas o venden CD’s en las calles.
Solidarios con el hombre, buscando solución a su trabajo
No podrá darse de hecho un verdadero humanismo nacional del trabajo sin que los trabajadores de estas tres franjas encuentren una nueva solidaridad. Esa solidaridad que se da en el sentido empresarial, libre de ideologías en las cuales participan los entes políticos de esta nación.
A la solidaridad no se le ha de alcanzar por medio de la investigación es por medio de la imaginación como se logra alcanzarla, es por medio de la capacidad imaginativa de ver en los extraños a un compañero en el sufrimiento. La solidaridad no se descubre se crea por medio de la reflexión, se crea incrementando nuestra sensibilidad a los detalles particulares del dolor y la humillación de seres humanos distintos y desconocidos.
Una sensibilidad que va más allá de una recompensa o un monto económico indica que aun cuando existen las diferencias de clases sociales, la gente rica o de dinero, no en todos los casos margina a las personas humildes pensando... “no lo sienten como lo sentimos nosotros’’, o “siempre tendrá que existir el sufrimiento en el mundo ¿por qué no dejar que ellos sufran?.. ’’.
Reconocer a alguien como semejante implica sobre todo la posibilidad de comprenderle desde adentro, adoptar por un momento su propio punto de vista alguien que es tú puede ser yo.
Si no admitiésemos que existe algo fundamental entre nosotros los seres humanos, no podríamos ni cruzar palabra y eso aun cuando la relación entre personas sea joven o viejo, hombre o mujer, blanco o negro, tonto o listo, sano o enfermo, pobre o rico.
Consiste en darse cuenta que pese a todas las muy reales diferencias entre los individuos “estamos también en cierto modo dentro de cada uno de nuestros semejantes’’.
Para empezar no sólo de palabra se trata de ponerse en el lugar del otro, esto es algo más que el comienzo de toda comunicación simbólica, se trata de tomar en cuenta siempre los derechos de los demás y cuando sus derechos faltan entonces comprender sus razones.