Lunes, 05 de junio de 2006
Como comenz? todo II

En 1939, con la invasi?n de Polonia, dio comienzo uno de los episodios m?s estremecedores de la Historia de la Humanidad. El ascenso de los fascismos y su pol?tica expansiva, especialmente el alem?n, produjo hondas convulsiones que llevaron a repetir, de forma aun m?s devastadora, la experiencia de la I Guerra Mundial, a pesar de los mecanismos preventivos que las naciones hab?an arbitrado a ra?z de la finalizaci?n de ?sta. La tibieza e indefinici?n del resto de naciones fue tambi?n determinante en el proceso de expansi?n de los fascismos. Nuevamente la guerra tiene un alcance mundial, pues la entrada de Jap?n, deseosa de expandirse en el Pac?fico, empuja a su vez a Estados Unidos a intervenir para frenar el imperialismo nip?n, que amenaza directamente a una de sus ?reas de influencia. El totalitarismo y el racismo nazi producir?n uno de los fen?menos m?s execrables de la Historia, el Holocausto jud?o, en el que millones de personas son desplazadas, confinadas en campos de concentraci?n, obligadas a realizar trabajos forzados y finalmente exterminadas, en aras de la superioridad de la raza aria. Igualmente, la persecuci?n alcanzar? a todos aquellos que Hitler y sus partidarios consideren inferiores o potenciales enemigos. El episodio, junto con la guerra m?s devastadora nunca conocida, se instalar? en la memoria colectiva de la pr?ctica totalidad de la poblaci?n mundial durante generaciones enteras.
A la altura del verano de 1944 empezaba a aparecer en el horizonte un cierto grado de discrepancia entre los aliados, que no se hab?a manifestado hasta el momento, pero que explica en un elevado grado el mundo de la posguerra. Se ha de partir del hecho de que en realidad el Eje, m?s que una verdadera alianza, fue siempre una superposici?n, mal trabada, de intereses contradictorios. El intento de desenganche de Italia contribuy? todav?a m?s a empeorar la mala opini?n que los generales alemanes ten?an acerca de los italianos y el propio Hitler trat? con mucha m?s brutalidad que amistad a Italia en la fase final de la guerra. En ella, por otro lado, los intereses de Alemania y Jap?n siguieron siendo contradictorios, porque el adversario principal para cada uno de estos pa?ses era diferente y ambos pretend?an que le acompa?ara en la beligerancia quien no ten?a objetivo inter?s en ello. Los aliados hab?an mantenido una coincidencia grande hasta comienzos de 1943, merced a la ?ntima amistad entre Churchill y Roosevelt, a estar a la defensiva y a considerar no tan decisiva la potencia militar sovi?tica. La URSS, por su parte, llevaba a cabo una guerra que en cierta manera pod?a considerarse como paralela e independiente de la de los anglosajones. Desde mediados de este a?o, precisamente porque la situaci?n b?lica cambi? y empez? a hacerse patente la posibilidad de la victoria, las cosas cambiaron. Para comprender en qu? t?rminos, es preciso tener en cuenta los puntos de partida de cada una de las tres grandes potencias. Los Estados Unidos hab?an apreciado, con raz?n, que la causa brit?nica estaba ligada a la democracia y que la ?nica posibilidad de que ?sta perdurara era ayudando a la resistencia frente a Hitler. Sin embargo, el presidente Roosevelt era muy consciente de que en su pa?s exist?an minor?as ?tnicas, como la irlandesa, poco proclives a los brit?nicos y, sobre todo, de que el colonialismo tradicional era la ant?tesis de la tradici?n norteamericana. ?sta, por otra parte, estaba muy vinculada al aislacionismo: incluso en plena guerra, el 80% de los norteamericanos pensaba que los problemas m?s agudos que se plantear?an despu?s de ella ser?an de pol?tica interna y no en relaci?n con una nueva configuraci?n del mundo. Era, por tanto, preciso, si se quer?a una paz estable en el futuro, involucrar a los norteamericanos en una nueva organizaci?n internacional superadora de la Sociedad de Naciones.

A ello dedic? especiales esfuerzos el presidente norteamericano, un pol?tico profesional muy atento a los movimientos de opini?n, poco formado, personalista y a menudo caracterizado por la duplicidad, pero cuya grandeza se apreci? en una guerra durante la cual las decisiones estrat?gicas fundamentales fueron suyas en su mayor parte y supo construir un nuevo orden internacional que tuvo sus indudables aspectos positivos. Por inter?s, pero tambi?n debido a las peculiaridades de su l?der pol?tico, Gran Breta?a tend?a a cerrarse en banda a cualquier cosa parecida a la descolonizaci?n y, en general, propend?a a favorecer reg?menes mon?rquicos -en Italia, Grecia y Yugoslavia, por ejemplo- como si ello sirviera para contrapesar el tono radical de los movimientos de resistencia. Conflictos menores con los norteamericanos se produjeron en asuntos como la relaci?n con De Gaulle -con respecto a quien el "premier" brit?nico era m?s tolerante que el presidente norteamericano- y en lo que ata??a a la inmigraci?n jud?a hacia Palestina. Pero, a pesar de que Churchill mantuvo siempre una diferencia fundamental, al proponer una estrategia perif?rica, hacia Italia, los Balcanes o Grecia, en vez de en direcci?n hacia el centro del Viejo Continente, la cooperaci?n militar siempre result? muy positiva, a pesar de ciertas dificultades de car?cter personal en los mandos como, por ejemplo, las causadas por Montgomery. Con la URSS, la relaci?n fue mucho m?s complicada. Los anglosajones supieron de la existencia de espionaje sovi?tico en sus pa?ses, aunque no llegaron a conocer ni su volumen ni a aquellos campos esenciales a los que se dirig?a. Stalin, adem?s, mantuvo una pol?tica exterior propia, lo que le permit?a tratar con alguno de los adversarios sin informar a sus aliados, como sucedi? con Rumania o Finlandia. Pero las mayores discrepancias con los anglosajones surgieron en torno a Polonia

?sta hab?a sido el motivo de Gran Breta?a para ir a la guerra y ten?a en Estados Unidos una importante minor?a nacional. Cuando se sublev? Varsovia (agosto-octubre 1944), los sovi?ticos, con el Ej?rcito Rojo detenido ante la ciudad, no s?lo no la ayudaron, sino que tampoco permitieron que lo hicieran los anglosajones, e incluso Stalin lleg? a calificar de "aventureros" a los protagonistas de la insurrecci?n. En cuanto a la nueva organizaci?n internacional, que Roosevelt consideraba indispensable, Stalin no quer?a que pudiera intervenir en la vida interna de la URSS; pretend?a, adem?s, exigir la unanimidad de los Grandes y en ella deseaba tener el mayor n?mero posible de votos. El acercamiento de los anglosajones a los sovi?ticos, con el prop?sito de elaborar una estrategia y unos planes de futuro comunes, tuvo lugar a partir de la segunda mitad de 1943. En octubre se encontraron por primera vez los responsables de la pol?tica exterior anglosajona con Stalin, pero el avance que se produjo en la relaci?n fue limitado. Hubo acuerdo sobre la desnazificaci?n de Alemania y la necesidad de desmembrar su territorio. Los brit?nicos descubrieron, con sorpresa, que los sovi?ticos deseaban la flota de Italia y parte de su Imperio colonial. Se mencion?, tambi?n, pero vagamente, una posible organizaci?n internacional. Stalin dej? claro su m?nimo inter?s en coordinar su acci?n militar con la de sus aliados. Mucha m?s importancia tuvo la reuni?n de Teher?n, entre noviembre y diciembre, con la participaci?n por vez primera de Churchill, Roosevelt y Stalin. Fue el m?ximo desplazamiento que los anglosajones obtuvieron del dictador sovi?tico y tuvo como resultado m?s trascendental la definici?n de una estrategia militar en Europa, previendo la apertura de un segundo frente. Los m?ximos responsables anglosajones se hab?an reunido previamente en El Cairo, pero all? Churchill se hab?a resistido al desembarco, prefiriendo optar por la ofensiva en direcci?n hacia Italia y los Balcanes o tratando de involucrar a Turqu?a en la guerra contra el Eje. Pero ante Stalin esa posici?n no pod?a ser mantenida, porque la interpretaba como un modo de eludir el cumplimiento de repetidas promesas. Por lo dem?s, las potencias democr?ticas pudieron ser conscientes de algunos de los mayores intereses sovi?ticos y de aquellos puntos en los que no iban a ceder. Stalin no iba a renunciar a los pa?ses b?lticos ni a la salida a este mar, pero afirm? no tener inter?s en Finlandia.

Todos aceptaron una transformaci?n de Alemania que la privara de peligrosidad. De ello nacer?a luego el llamado Plan Morgenthau -por el nombre del secretario de Agricultura norteamericano- que pretend?a una imposible reruralizaci?n de este pa?s. Este prop?sito solamente sirvi? para que la Alemania nazi, que lo lleg? a conocer, lo utilizara como testimonio de la perversi?n del adversario. Para solucionar el problema de las futuras fronteras de Polonia, se opt? por "empujar" el conjunto del pa?s hacia el Oeste, siguiendo la indicaci?n del dictador sovi?tico. Pero por el momento, todav?a los dirigentes anglosajones no dieron por supuesto un af?n imperialista en Stalin. Pero las cosas cambiaron cuando, a partir del verano de 1944, no s?lo se produjeron los ya mencionados sucesos polacos, sino que tambi?n se manifest? una creciente reticencia respecto a la colaboraci?n en la organizaci?n internacional que, en el caso del nuevo orden econ?mico mundial, result? cerrada y definitiva.

La segunda reuni?n de los l?deres aliados testimoni? todav?a menos generosidad por parte de Stalin pues se celebr? en Yalta, en Crimea, durante los primeros d?as de febrero de 1945. Roosevelt, agotado y pr?ximo a la muerte, consigui? mejores resultados de los que suele afirmarse, para tratarse de una de las reuniones internacionales de peor fama en la Historia de los tiempos recientes. Se ha dicho, en efecto, que el presidente norteamericano cedi? o fue enga?ado, entregando gran parte del Este de Europa a los sovi?ticos, pero lo cierto es que esto dependi? siempre del puro y simple desarrollo de las operaciones militares: ya, por ejemplo, la URSS hab?a establecido un Gobierno sat?lite en Polonia y los checos exiliados hab?an propuesto un tratado con la URSS. Se discuti? mucho acerca de Polonia (en siete de las ocho sesiones que tuvieron lugar), pero sin otro resultado que confirmar aquella decisi?n del desplazamiento del pa?s hacia el Oeste e intentar que otras personalidades pol?ticas se sumaran al Gobierno organizado por los sovi?ticos. Tampoco cedieron ?stos en nada respecto de los Balcanes: de una forma un tanto c?nica, que en realidad ten?a como objetivo que los sovi?ticos pusieran por s? mismos l?mites a sus pretensiones, Churchill hab?a intentado distribuir en porcentajes entre los aliados su influencia sobre cada uno de estos pa?ses del Sureste europeo. Stalin pudo aceptar la discusi?n e incluso los porcentajes, pero no ten?a el menor deseo de cumplirlos, como no tard? en comprobarse. Al menos los anglosajones consiguieron que Stalin aceptara algunas propuestas. La Declaraci?n de la Europa Liberada, que presupon?a en ella la celebraci?n de elecciones libres, no se convertir?a en realidad nada menos que hasta 1989 pero, al menos, servir?a para deslegitimar desde un principio lo que los dirigentes sovi?ticos siguieron haciendo a continuaci?n. Francia fue admitida entre las grandes potencias y se dio viabilidad a la Organizaci?n de las Naciones Unidas con el sistema del veto en el Consejo de Seguridad. Las naciones que declararan la guerra al Eje antes de marzo podr?an participar en la reuni?n fundacional, que tendr?a lugar en los ?ltimos d?as de abril en San Francisco para, de esta manera, involucrar en la cuesti?n a la opini?n p?blica norteamericana. Stalin, en fin, menos de un a?o despu?s de haber ratificado su neutralidad respecto a Jap?n, se mostr? dispuesto a declararle la guerra y acept? dejar Manchuria en manos de China cuando se produjera su ataque. No eran tan malos resultados y, adem?s, la reuni?n result? relativamente cordial. El presidente norteamericano, como ya hab?a hecho en Teher?n, a menudo utiliz? la t?ctica de identificarse m?s con Stalin que con Churchill. Pero lo que estaba sobre el tapete no eran relaciones personales, sino formas muy distintas de entender la organizaci?n de la vida pol?tica y social y, en estas materias, los siguientes meses vieron ya c?mo se abr?a un abismo entre los todav?a aliados.

III parte. La guerra fr?a y la participaci?n de El Salvador
Publicado por nelsons @ 9:14  | Politica
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