Elecciones cada cuatro años.
En los años sesenta y setenta del siglo pasado, los Diputados y los Concejos Municipales duraban dos años en sus funciones y el Presidente de La República cinco años. Esto significaba que el país celebraba elecciones cada dos años y cada diez años habían tres años seguidos de elecciones.
Cuando se aprobó la Constitución actual, se modificaron los períodos de los Diputados y Concejos Municipales, aumentándoles un año. Los argumentos básicos eran dos: que el país no podía vivir solo en elecciones y que dos años eran insuficientes para que un funcionario desarrollara los planes que había prometido durante su campaña.
Ahora se ha presentado a consideración la propuesta de modificar la Constitución para que los Diputados, los Concejos Municipales y el Presidente de La República duren cuatro años en sus funciones. Otros Diputados han propuesto que el período de todos sea de cinco años.
Así ha comenzado una carrera para ver si pueden modificar la Constitución en las pocas horas que le quedan a esta legislatura. Como buenos salvadoreños, nuestros Honorables Diputados quieren hacerlo todo a la carrera y a última hora. Han tenido tres años para evaluar estos temas, pero lo hacen hasta que faltan pocas horas para que termine su mandato.
En las últimas semanas les ha dado una fiebre de trabajo a nuestros legisladores que ya hubiéramos deseado que la tuvieran durante los tres años anteriores. Se han impuesto un gran paquete de trabajo que incluye entre otras cosas, elecciones de segundo grado (fiscal y Magistrados CSJ), leyes importantes (Protección de testigos, orgánica de la fiscalía, de ética para los funcionarios públicos), Prestamos (seis créditos por 317 millones de dólares) y reformas constitucionales.
Lo primero que salta a la vista es, que es materialmente imposible, en el poco tiempo que queda, cubrir semejante agenda de trabajo con un mínimo de seriedad. Pueden hacerlo, no me cabe duda, pero en forma irresponsable.
Este es el caso de las reformas constitucionales, a las cuales ya nos referimos en comentarios anteriores.
Volviendo al tema inicial, he revisado las plataformas legislativas que los distintos partidos pusieron a consideración de la ciudadanía en las pasadas elecciones y ninguna menciona la modificación de los tiempos de mandatos de los funcionarios públicos electos en votación ciudadana. Esto que ahora proponen, no nos lo dijeron, ni ofrecieron en la campaña electoral.
Por otra parte estas reformas afectan el funcionamiento de la democracia formal. Y la democracia formal es la base para una sociedad auténticamente democrática (no planteo democracia formal como despectivo, si no como realidad jurídico institucional). Estas consecuencias nadie las ha evaluado. No se puede, en nombre de un supuesto ahorro de dinero o de dar mas estabilidad política al país, hacer estas modificaciones a la carrera. Los efectos pueden ser lo contrario de lo que esperan.
La naturaleza de la función legislativa y ejecutiva son completamente diferentes, los tiempos que son necesarios también lo son. Los Diputados no ejecutan, el Presidente no legisla (a pesar de que sanciona las leyes.). Al igual que la CSJ, que es la que juzga y cada magistrado dura nueve años en sus funciones. Por tanto uniformar los tiempos, sin un serio análisis, puede ser un grave error.
Por otra parte, cuando los diputados duran dos años menos que el presidente, obliga a que hayan elecciones en medio del período presidencial. Aunque estas elecciones sean solo de diputados, la ciudadanía tiene la oportunidad de evaluar la función presidencial y de esta manera, mandar con su voto un mensaje al Presidente de la República.
Si tengo un buen Presidente le doy mi voto a su partido para que gobierne con mas facilidad. Si me parece que no está haciendo bien las cosas, le doy mi voto a la oposición para obligarlo, al menos, a pensar. Es decir que le podemos cambiar las reglas del juego al Presidente en medio de su mandato, para obligarlo a hacer las cosas diferentes.
Los anteriores son únicamente algunos de los elementos que se me ocurren, pensado a la carrera (Ya parezco diputado). Pero en un debate serio podrían haber mas, así como contra argumentos, que son tan necesarios en la democracia. Ojalá que nuestros legisladores piensen bien las cosas y se den cuenta que nuestra Carta Magna no se puede reformar de esta forma tan festinada.
Ayutuxtepeque, Jueves, 27 de Abril de 2006.
Mi papa es un persona que simpatiza mucho con las ideas comunistas y la vez pasada me hizo el comentario que
de su parte prefiere un dictador, que a elegir un presidente!... Cuando le pregunte porque piensa asi, su respuesta fue que el dictador al estar varios an~os en el mando ara algo por su pueblo, el presidente solamente
durara 5 anos, no hara nada y saldra con los bolsas llenas de dinero.
A la larga, le doy la razon.

Es importante darle estabilidad emocional a la ciudadania; cada proceso electoral provoca un desequilibrio en el estado emosional de las personas; el tipo de campañas que desarrolan nuestros partidos no tienen calidad, estan llenas de insultos, calumnias, acusasiones mutuas y mentiras, todo ello acumula estres en la poblacion, sumado a la saturacion propagandistica en los medios, es preferible tener esta situacion cada cincon años que cada dos o tres años.
Tres años de gestion para un Concejo Municipal es muy poco, limita la capacidad de gestion a mediano plazo; para los diputados es mucho, pero ni modo, es mejor un relajo cada cinco años que dos relajos en el mismo tiempo.
No nos hagamos los de los panes... todos sabemos detras de que va esto, no es secreto que los diputados, gozan de un jugoso salario que la mayoria de la población desearia tener, ellos estan viendo sus intereses, sabemos que el estado(osea nosotros) cubre sus gatos, sus viajes, su excentrico salario y todo por la dificil tarea de levantar la mano, hacerla de que estan leyendo las propuestas de ley, de vez en cuando pelearse y faltar al trabajo durante la campaña politica, asi cualquiera quiere quedarse en un puesto 3 añitos mas. www.labodegablog.com
Mi punto de vista es que debemos hacer prevalecer nuestra soberanía como pueblo salvadoreño y nos merecemos otra Constitución.
Apostemos a algo nuestro, no a una Constitución violadora de Derechos Humanos como la actual, que se redactó con los pensamientos bélicos de una guerra civil en el ´83.
Con las enmiendas que se le hagan no será suficiente garantizar a los ciudadanos el goce de nuestros derechos. Nosotros debemos poner las reglas del juego ante el Estado. Eso es democracia. Hacer valer nuestro poder soberano ante el poder estatal.
Sino lo hacemos pasaremos tristemente a la historia como un país más de Latinoamérica doblegado ante las políticas públicas y privadas.