Hoy inicio una etapa mas en la sección de cuentos, he conocido muchos amigos salvadoreños que escriben regularmente y algunos tambien escriben cuentos muy buenos como el que pondré a continuación.
Su autora es
Erlinda Villanueva cuyos datos y cuentos publicados podrán encontrar aqui.
http://www.cuscatla.com/erlindavillanueva.htm
Las imágenes como siempre son "prestadas" por aqui y por allá
ENMANUEL
Mi amigo Enmanuel, tenía la mirada triste y profunda, como el océano en calma.
Era callado e introvertido.
Aprendí a quererlo y admirarlo, en mis primeros años escolares. El era mi amigo silencioso y meditabundo!. Casi no hablaba, no tenía más amigos que yo.
Su cabello pelirrojo y fino; su cuerpo alto y delgado.
Las pecas abundaban en su piel blanca.
Usaba aquellos lentes gruesos, debido a su aguda miopía; que nunca fue pretexto para devorar todos los libros de aventura y Biología marina que le llegaban a sus delgadas manos.
Siempre vestía impecable su uniforme, con sus zapatos de brillantes charol.
Casi nunca sonreía.
Callaba ante las burlas hostiles de los demás compañeros, quienes lo veían como un extraterrestre.
Siempre se le encontraba en la Biblioteca, su lugar predilecto, leyendo, sumido en sus historias del mar.
Su héroe : Simbad El Marino.
Para mí , él era mi héroe.
Lo sabía todo o casi todo sobre el océano, sobre barcos y navegación.
Nuestras casas quedaban cerca de la playa, así que caminábamos juntos diariamente; por una hora, sin decirnos palabra alguna, hasta llegar al mar... el mar, nuestro mar y regresábamos hasta el anochecer.
Cada fin de semana, cada vacación, estábamos ahí, sentados en la arena.
Observábamos el ir y venir de las olas, el canto de las gaviotas,... los barcos.
Mi amigo Enmanuel, tenía la virtud de mirar fijamente el horizonte, hasta donde el mar se perdía, por largas horas, y suspiraba.
Ahí , a su lado, estaba yo, un niño de once años al igual que él, respetando su silencio.
Siempre estuve a su lado, desde que tengo memoria.
Años más tarde, viajábamos en bicicleta hacia esa masa de agua salada, sintiendo la brisa marina salpicar nuestro rostro.
Nuestra amistad era algo así como el afecto entre Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza.
Sancho Panza era yo, regordete y estatura más chica que él, piel morena, cabello oscuro lacio.
Enmanuel era mi héroe don Quijote, nuestros modernos caballos: las bicicletas.
Hacíamos barquitos de papel, donde escribíamos mensajes, que yo aún no comprendía, como: "Vuelve pronto, te estoy esperando. Abrazos y besos. Enmanuel", luego los lanzábamos al agua.
Me parecia divertido.
Más adelante mejoramos la técnica.
En botellas de vidrio o plástico, metíamos cartas, que mi amigo escribía a un destinatario secreto que solo él y el océano conocían.
Con el tiempo hicimos pequeños barcos de madera, de lata, de cartón, de plástico y jugábamos con ellos junto al mar; Enmanuel tenía una pericia en este arte, una destreza increíble para fabricar barquitos.
Los años pasaron... fuimos a la Universidad, yo estudié Arquitectura, mi amigo Biología y cada vez que podíamos, conducíamos nuestros autos hasta la playa y permanecíamos sentados junto al mar, sintiendo la arena fresca en nuestros pies, disfrutando la brisa marina y hablábamos de cosas triviales.
De pronto mi amigo callaba y yo seguía respetando su doloroso silencio.
Un día sin proponérmelo, supe el motivo de su dolor, de su tristeza, de sus suspiros.
Esta es su historia.
Me la contó el día que cumplía sus veinticinco años , con un nudo en su garganta y lágrimas en sus grandes ojos azules.
Siendo Enmanuel, un niño de siete años, feliz y extrovertido.
Cierto día llegó de la Escuela, tiró a un lado su mochila y sus zapatos y corrió alegremente a la cocina para abrazar a su madre, quien siempre lo esperaba con pastelitos.
Asimismo estaba ansioso por saludar a su padre, a quien no veía desde hacía seis largos meses, pero una carta que había recibido hacía unas semanas, él le hablaba de su regreso para ese día, el día de su séptimo cumpleaños, por lo que el seguramente estaría ahí, para darle un abrazo y su... regalo!.
Que le daría de regalo?
Su padre sabía su sueño de Marinero, Marinero de los Siete Mares como Simbad El Marino!
Sería un libro de Historias como el anterior? o un juguete? o tal vez... tal vez...
un barco, o lo mejor un viaje por el mar, viajar por diferentes destinos junto a sus padres!.
Pronto sus sueños, sus pensamientos se esfumaron de su mente.
Se detuvo a la puerta de la cocina, al escuchar los gritos desesperados de su madre, su doloroso llanto, los reclamos; y vió a su padre tratando de calmarla, más ella hablaba del abandono que sufría cada seis meses, de los viajes largos de su padre en el mar; de si eran más importantes los barcos que su familia.
Su emocionada mente de niño por un momento divagó, sus padres callaron al verle.
Su padre, quien era Marino, maletas en mano, le explicó a Enmanuel, su pequeño hijo, que se iba de la casa, que dentro de un año, para su cumpleaños próximo regresaría, y le dejó de recuerdo un pequeño barco de madera en sus manos, como prueba de que regresaría.
Así aquel niño, se despidió de su padre con lágrimas en sus ojos, viendo el barco llamado: "El Peregrino", alejarse en el mar, hasta perderse en el horizonte, mientras su padre agitaba la mano diciendo: "Adiós".
Por eso cada día, iba al mar, esperando el retorno de su padre, quien había abordado un barco en aquel mismo muelle, hacía tantos años...
Sabía que su padre era el Marinero de los Siete Mares, y que un día volvería; no importaba cuando, pero lo haría.
Eso a pesar de que muchos decían que el padre de Enmanuel había muerto en una guerra, otros que su barco había naufragado en el mar; pero habían quienes aseguran que lo habían visto en diferentes puertos disfrutando de la vida.
Enmanuel callaba y solo lo esperaba a la orilla del mar.}
Pasaron los días, los años,... pasaron décadas completas.
Enmanuel y yo, llevábamos a nuestros hijos, a nuestros nietos al mar, para sus vacaciones.
Les enseñábamos a fabricar barquitos de papel y lanzarlos al mar.
Continuamos por años enviándole mensajes en botellas al padre de Enmanuel, quien nunca volvió.
Mensajes de amor para aquel abuelo desconocido, pero tan amado; porque Enmanuel les enseñó a mis hijos y a mis nietos, al igual que a toda su descendencia a amar tanto a su padre, "El Marinero de los Siete Mares".
Les contaba historias fantásticas a todos ellos de ese maravilloso Marinero, les narraba cuentos preciosos de aventuras marinas.
También yo aprendí a amar, sin resentimientos a esa persona desconocida.
Sin saber el porqué, ni cuando, también yo aprendí junto a mi inseparable amigo, a extrañar a este personaje invisible, en mis cumpleaños, quizá porque yo tampoco tuve a mi padre cerca de mí.
Ellos: mis hijos, sus hijos, mis nietos, sus nietos, unidos por un lazo invisible de amor y hermandad, disfrutaban el mar.
Nosotros dos ancianos ya, éramos felices disfrutando al lado de ellos, disfrutábamos el ser padres, el ser abuelos, jugar con ellos; el oír sus risas, el estar unidos siempre como una sola familia.
No había, ni habrá palabra mas bella que la que ellos pronunciaban a nuestros oídos, llamándonos Papá, o Abuelo, y nosotros responder; "Si mi hijo acá estoy".
Celebrábamos cualquier evento ahí junto al océano, cumpleaños, bodas, graduaciones.
Cualquier pretexto era válido para ir a nuestro mar.
El mar, nuestro mar, nuestro único testigo, cómplice, compañero, nuestro maestro, padre, hermano, que calladamente nos escuchaba, nunca reclamaba y siempre estaba ahí con los brazos abiertos esperándonos pacientemente, como un padre espera a su hijo.
Tengo este día ochenta largos años, que pesan sobre mis espaldas; mi caminar es lento, pero vine al mar;... es que amigos lectores, saben una cosa?.
Por nada del mundo podría perderme la ceremonia de hoy.
Enmanuel, mi gran amigo y hermano del alma murió.
Su último deseo fue que sus cenizas fueran lanzadas al fondo del mar, dentro de una botella, que contiene una carta para su padre.
Quizá tu no llegues a entender esto, pero yo si lo entiendo perfectamente.
Después que su padre se fué, Enmanuel nunca más quiso subir a un barco, pero la ceremonia se hizo en el mar, desde un barco llamado: "El Peregrino", que mi amigo construyó en honor a su padre.
El día de hoy, con lágrimas en mis ojos, escribí una carta y la coloqué dentro de una botella y saben que hice? la lancé al mar de la vida.
Esta carta, va dirigida a todos los padres de la tierra; quiénes por un viaje de dinero o placer, se subieron en el Barco de la aventura y dejaron por ahí, a Enmanuel, olvidado en la playa, sentado junto al peligroso mar de la vida, esperando su regreso, durante años y nunca volvieron!.
Padres que olvidan sus promesas, padres que olvidan el cumpleaños de Enmanuel.
Mi carta es esta historia, la botella es el libro que tienes en tus manos, el destinatario eres tú.
Dedico con amor esta historia a mi GRAN AMIGO Y HERMANO ENMANUEL, quien ahora yace en el fondo del mar, esperando por su padre.
De esta manera daremos a conocer a muchos talentos que tiene nuestro pais.
FELICIDADES QUERIDA AMIGA
ESTA CHIVO TU CUENTO
TU CHERO
RIGO