Domingo, 27 de noviembre de 2005
Recib? un cuento por correo que posteo a continuaci?n, est? tomado del libro:

El pais de donde vengo
de Francisco Andres Escobar


El autor de este cuento es catedratico de la UCA y reconocido intelectual, literato e investigador.
mas referencias las pueden encontrar aqui.

http://www.elsalvador.com/hablemos/2004/110404/110404-7.htm

http://www.dpi.gob.sv/sala_lecturas/diccionario/Autores/escobar_francisco.htm

El cuento es Realmente entretenido y urbano.


?Paren, se?ores, pareeeenn!

Cuando ten?a unos seis a?os, una prima casadera andaba en amores con un su pretendiente. Buena parte de la familia no lo quer?a: "Yo no s? qu? le habr? visto esta a semejante vago. ?Feyo, bolo y acabado?
bonita vida la que le va a dar! Pero ella no se amilanaba.
Descendiente de una colecci?n de abuelas, madres, t?as, matronas
acostumbradas a hacer lo que su real gana les pidiera, hab?a
decidido noviar con el rechazado, a pesar de los torrentes de
amenazas y cr?ticas que se le desplomaran.

Si hab?a una fiesta, la prima se las arreglaba para que unas
compa?eras del colegio la fueran a buscar a la casa y, ante el
compromiso del tumulto, nadie pudiera objetar la salida. Si hab?a alg?n "turno", la prima ofrec?a cooperaci?n para que los
organizadores le encomendaran las actividades m?s variadas. Si hab?a alg?n velorio, la prima se ofrec?a como primera rezadora o
cantadora, y nadie era capaz de objetar el piadoso oficio. Si hab?a alguna procesi?n de la Virgen, la prima se agenciaba uno de los mejores lugares de la andadilla para cargar la imagen. Si hab?a?En fin, si hab?a lo que hubiere, la prima siempre encontraba ocasi?n para enrolarse en el asunto y, entre vueltas y revueltas, verse y darse sus roces con el gal?n.

La madre ard?a en vituperios y admoniciones, porque siempre hab?a alg?n o alguna lenguaraz que corr?a a la casa con detalles
espeluznantes: "All? iba ese hombre con la muchacha. A saber con qu? intenciones anda, porque iban como qui?n va para la estaci?n". "All? est? su muchachita, se?ora. Despu?s no diga que no le vine a avisar.
El baboso le avent? una pedrada al foco de la esquina, y all? la
tiene bien apercollada contra la pared". "All? va?". "A la mierda con que vaya a donde vaya-explotaba calentada la se?ora-. El problema es de ella, no de ustedes.?metidos. En todo est?n, menos en misa!" Entonces, si mi abuela estaba presente, terciaba
conciliadora: "Mejor dele permiso a ese hombre de que llegue a la casa, si no, la gente se va a seguir comiendo viva a la
Noem?"."?Antes, muerta! Para que ese hijueputa entre en mi casa,
tiene que volver el diluvio universal". "Entonces, atenete a las
consecuencias"."?Que se atenga ella, porque hoy la malmato!".

Malmatadas iban y ven?an. Las encerronas se suced?an una tras
otra: "Hoy no me vas al cine, aunque llor?s sangre". Los
impedimentos variaban en ingenio: "Ma?ana domingo, no me le dejen ropa que pueda ponerse. Que salga en pelota, si tanto es la chirria de ver a ese infeliz". Pero todas las argucias y cercos de la madre nada pod?an contra el amor de aquella prima por su escu?lido caballero, por quien habr?a sido capaz de lanzarse sobre cercos y tejados para tener con ?l un momento de gusto.

No pasaban a mayores cosas, no. En eso era medida e inteligente.
En una ocasi?n en que el caballero barajust? en ardores y decidi? irse de manos libres rodillas adentro, la prima le tron? un reverendo tortazo entre nariz y cachetes, al tiempo que le
dec?a: "?All? no, animal!" Pero por nada de este mundo hubiera
estado dispuesta a dejar de quererlo, y menos a privarse de los
vapores y calores que provee un buen zamaque?n de besos y abrazos gozados a hurtadillas. "Mir?, Cristina-trataba de abonar mi abuela-, si eso que se den sus socones no tiene nada de malo. Vos y yo hemos pasado por lo mismo". "Por eso mir? como estamos?!Y mejor callate, que si esta bruta te oye, es capaz que se ancha, y entonces quien la detiene". Campante y rasante, a la prima no la deten?a nadie.

Una tarde, mientras la feria del lugar se desenvolv?a con sus
ruidos y colores, mi prima lleg? donde mi abuela: "Mama?ta Tulita?
?me presta al ni?o?...Es que quiero llevarlo a las ruedas?hasta hoy s?lo de los caballos sabe, y quiero que se suba a las otras". Mi abuela supuso todo lo que hab?a detr?s, pero como no era muy amiga de echarle a perder el gusto a nadie, y no ten?a nada especial contra el caballero en mientes, con simpleza contest?: "Pero en la chicago no me lo vayan a encaramar, porque de all? se desbarranca".

Tres esquinas m?s adelante, est?ba el enamorado de la Noem?, en espera acezante. Yo, intuyendo lo que uno suele atisbar en esas ocasiones, me adelant? unos pasos, mientras ellos caminaban
abrazados, atr?s.

La feria era una maravilla. En las dos o tres cuadras que
preced?an al parque, un t?nel de velachos y mantas se extend?a entre acera y acera. All? hab?a de todo: populares juguetes de madera, dulces de colaci?n, dulces acitronados y otras ambros?as, machetes, piedras de moler, s?banas, herrajes y chumpas, jarcia, monturas, juguetes de barro,?M?s adelante se expand?an las comidas nacionales:
pupusas, pasteles, atoles, yuca sancochada, yuca frita, ponche?Y
luego, en el contorno cuadrado del parque, los caballitos, las
voladoras, la chicago, el gusano, los carros locos, y la ola
giratoria hac?an reverberar el aire con sus velocidades, mientras la mujer sin cabeza, la peluda, los t?teres, las loter?as, los chingolingos, las refresquer?as y otras tantas alucinaciones hac?an de aquel lugar un peque?o pa?s de mentira.

Comimos chucher?as, bebimos frescos, nos subimos a la ola
giratoria que emit?a un traque traque, mientras la gran rueda,
guarnecida por una especie de larga persiana, daba leentas y
oscilantes vueltas en serena posici?n horizontal. Despu?s abordamos la chicago. All? fue el drama.

Mi prima y su amado se socaron el uno contra la otra, y a mi me pusieron en el extremo del reducido asiento, sin m?s apoyo y socorro que el peque?o barrote de madera que serv?a de seguridad y sost?n.

Al principio todo iba en calma. Los asientos sub?an y bajaban, y uno pod?a ver el panorama que crec?a ampliamente en la ascensi?n y luego se iba reduciendo en el descenso. De pronto, la velocidad del aparato creci?, y lo que en un principio para m? fue gusto se convirti? luego en un horror inmanejable. Las vueltas se suced?an una tras otra con v?rtigo, los asientos se bamboleaban, y la gente, entusiasmada o aterrorizada, daba alaridos. Abajo, un enorme gentillal hac?a cola para la vuelta siguiente. Yo no paraba de
gritar a galillo abierto: ?Paren, se?ores, pareeenn!! Y trataba de aferrarme a la prima y a su caballero; pero ellos, indiferentes a la velocidad y a mi horror, permanec?an atrapados en un prolongad?simo beso que solo sol?an interrumpir para tomar aliento.

Al final del martirio, me baj? p?lido, sudoroso, mareado, con
fiebre. Cuando salimos a un espacio aireado del parque y la Noem? vio mi lamentable condici?n, se afligi?. "No le vayas a decir a tu mama?ta Tulita que te subimos a la chicago, o?s?Te vamos a dar peseta?Yo le voy a decir que fue un fresco de ensalada el que se te cay? en la ropa". Los mir? con malevolencia. ?"Un col?n?"! exig?. Mi prima se le qued? viendo al amado; y el escu?lido caballero no tuvo m?s remedio que sacar un billete de a uno que, para arreciar mi desquite, exig? que fuera de los nuevecitos.


Francisco Andr?s Escobar
De su libro "El pa?s de donde vengo"

Publicado por hunnapuh @ 7:01  | Cuentos y Humor
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