No quise poner mi comentario al articulo de Hunnapuh, porque en lo personal también me hace recordar muchas cosas.
Tienes razón Hunnapuh al decir que esos tiempos eran diferentes, pero el mismo tiempo, puede ser diferente para cada uno de todos nosotros. Esa nostalgia que se siente con los vientos de octubre creo que es indiscutible, esas fuertes brisas que vienen del norte, hacían que el mar azul del cielo despejara todas sus nubes y sol desnudo, penetrare en nuestro cuerpo, como los comestibles reciben el calor dentro del micro ondas, cuando son calentados dentro.
Sé que para muchos, les hagan recordar, gratos momentos, la salida de las vacaciones, la elevación de piscuchas (cometas), jugar trompo, capirucho, pero sé también que algunos nos hace recordar otras cosas, que durante la infancia vivimos. En el articulo anterior, expuesto por Hunnapuh, existe un comentario de un joven, que dice que los viejos tiempos le trae malos recuerdos por unas experiencias vividas durante una época, que espero nunca mas se de en mi país, pero dentro de esa mala experiencia, habrán momentos de felicidad que nunca podrá olvidar.
Mi articulo va dirigido a todos aquellos que durante ese mismo tiempo nuestra infancia fue diferente, también los divertíamos pero en diferente forma, Hunnapuh, habla que algunos pudientes compraban hechas las cosas, algunos nosotros la hacíamos, pero estábamos otros, que las hacíamos para que otros se divirtieran y los que las hacíamos no teníamos tiempo para divertirnos con las cosas que nosotros mismo habíamos hecho.
Estos vientos de octubre a mí me hace recordar muchas cosas, en mi niñez y adolescencia, luego de salir de los exámenes finales, cuando comenzaban a soplar estos vientos, mi padre, tomaba un canasto viejo, de los que se habían utilizado el año pasado para la corta de café, y lo hacia pedazos, comenzaba a sacar las varas, mientras mi madre, comenzaba tijera en mano a cortar el papel de china y yo, bueno, “solo tenia la luz”, no son bromas yo era el encargado de preparar todo el “cartucho” de engrudo para hacer las piscuchas, mi padre fabricaba hermosas y bellas piscuchas, al terminar la tarea de fabricación, iniciaba mi madre el puesto de venta. No duraban mucho, se vendían como pan caliente, como mi padre trabaja lejos se iba y regresaba asta los quince días, mi madre no podía mucho hacer piscuchas, así que no podía hacerme una a mí. Yo con lo poco que me fijaba, hacia una de periódico cosa que no funcionaba, por lo pesado que es el papel, pero me divertía, no encumbrándola, sino despedazándole la punta cada vez que esta sé venia de pique.
Mientras los chicos encumbraban las piscuchas en los llanos existentes, luego de la quebrada donde esta ahora la colonia metrópolis, yo trabajaba en la fina cercana, abriendo hoyos para cambiar los cercos, cortando el café de la finca o cuidándole unas cabras a la hija del dueño de la finca.
No deseo escribir este articulo para que se compadezcan de mi niñez o adolescencia, porque en verdad no me quejo, fue hermosa, levantarte temprano para ayudar a barrer la casa, no la trapeaba porque mi casa era de tierra, (menos mal), para dejar las cosas terminadas para podernos ir a la finca, irme a cortar zacate y campanilla con la mano, para darle a los conejos que tenia mi madre, esa libertad de correr descalzo por esos llanos, llenos de palos de guayaba, subirme como mico en los palos, entrar al bosque alegre y triste de los cafetales, quebrarme la “sentadera” en un caballo, respirar ese aroma, andar cortando zunsas, maíz, tirar con la hundía a los conejos, comerme un par de “chengas” con frijoles y una buena porción de queso, en el almuerzo, a las cuatro de la tarde tirarme boca arriba para robarle un poco de leche a una cabra, (como lo hace Pedro en la historia de Heydie). Son tiempos que no podré olvidar, cuando me tocaba jalar el café en mi pequeño lomo, luego de la corta, lucir mi machete (“cuto”), para cortar leña, en el cinto, son hermosos tiempos, en verdad, de eso ya no queda nada, todo es colonia, de la quebrada solo esta ahora un tobogán, algunos ya habrán pasado por ahí, creo que no se les ocurrió en esos entonces crear un puente recto, (creo que no había evolucionado tanto la construcción) todo eso es lo que ahora es la Metrópoli, y es donde esta el Hospital de la Zacamil, todos mis parques de juego se fueron terminando, cuando vendieron la finca, e iniciaron la construcción de la colonia, me quedaba otro refugio los llanos existentes llenos de palo de mango donde ahora es la colonia San Luis y esta el Hospital militar.
A todos nos trae grandes recuerdos, de formas distintas, hermosas y bellas, pude ser llena de juegos, puede ser llena de trabajo y otra algarabía, pero la libertad que se vivía, no la podemos tener ahora nosotros, menos aun nuestros hijos.
YA SEA CON ESFUERSO PROPIO O VISION DE TUS PADRES LOGRASTE SUPERARTE Y AHORA PODES ENTRAR A INTERNET A CONTARLO PERO LA MAYORIA DE A QUIENES VA DIRIGIDO TU MENSAJE COMO DIJISTE, NO LOGRO SUPERARSE Y SIGUE EN EL CAMPO O COMO OBREROS EN LAS FABRICAS Y DIFICILMENTE LEERAN ESTE ARTICULO.
YO SOY UNO DE ESOS QUE LOGRO COLARSE A OTRO NIVEL GRACIAS A MIS PADRES QUE NO ME PUDIERON DAR COMODIDADES PERO SI UNA BUENA EDUCACION Y ESO ME PERMITE LEER TU MENSAJE Y DECIRTE GRACIAS.
NOS IDENTIFICAMOS CON EL TRABAJO DURO INFANTIL, PERO GUARDAMOS RECUERDOS GRATOS DE ESA EPOCA.
Hola un saludo cordial!
Es mi primera vez en este sitio.
Me fascino la anécdota.
Creo que en esos tiempos todos tuvimos muchas
aventuras como la narrada aquí.
Yo crecí en el area de Monserrat. Ahi también habían muchas fincas que al ser cubiertas por cemento dieron espacio a las colonias Vista Hermosa y las vecinas.
Yo también senti los vientos de octubre entre mis cabellos de niña...mientras encumbraba una piscucha.
Teniamos mi hermano y yo un carretel hecho de madera que tenia cientos de nudos añadidos...cómplices de los metros de hilo que daban el poder a nuestra piscucha de ir tan alto que pudiera codearse entre las nubes! Hoy subí de nuevo aquella loma a comer hojas del árbol de jocote con limón...
Gracias por los recuerdos tan hermosos!
Mujer de JADE
Akabal