El Fútbol y sus enredos.
Para mi, el fútbol es uno de esos deportes exóticos que no logro entender. He leído varias veces algunos de los
articulos escritos por hunnapuh sobre este tema, pero es demás, el que trae para maceta no pasa del corredor.
Hace muchos años, fui al estadio con un grupo de amigos a ver jugar nuestra Selección Nacional.
La primera conclusión que saqué es que el Estadio Cuscatlán es el chupadero mas grande del país. Vi a decenas de miles con una cerveza o un trago en la mano, incluyendo al que escribe, que me enzaguané las primeras dos cervezas antes de que el partido comenzara.
Después de cantar el himno nacional a todo pulmón, los aficionados nos sentamos a ver el partido. No pude entender porque dos equipos corren de un lado para otro, disputándose un balón. Creo que el problema se resolvería si le diéramos un balón a cada equipo. Me explicaron los amigos que entonces no tendría gracia el fútbol. Pero de todos modos yo no le hallo la gracia.
Durante casi veinte minutos observaba a un señor vestido de negro, que con un silbato en la boca corría detrás de los jugadores, por mas que pitaba nadie le pasaba el balón. Comenté esta descortesía con mis amigos, “no tiene chiste que alguien corra y corra detrás del balón y nadie le haga caso”. Pacientemente me explicaron que ese señor era el árbitro del partido. Me sentí un poco pendejo, pues era de lógica imaginar que si dos equipos se disputaban un balón, debía haber un arbitro que velara por el cumplimiento de las reglas. Pero a esas alturas ya tenía cinco cervezas entre pecho y espalda y ese sentimiento pendejil no me duró mucho tiempo.
Otra de las cosas que me llamó la atención es que de repente los aficionados se paran todos al mismo tiempo, levantan las manos y gritan. La primera vez que lo hicieron me agarraron desprevenido. Cuando todos se pararon como empujados por un resorte invisible y gritaron, yo también grité pero del susto, y por poco salgo corriendo. Pues pensé que algo grave pasaba. Luego me acostumbré, y consideré que lo mejor era pararme y gritar también junto con los demás, no fuera a ser que me consideraran contrario a nuestra gloriosa Selección Nacional.
De todos modos, a esas alturas, ya teníamos siete cervezas haciéndonos burbujas entre la barriga y las tripas. Así no se agüeva uno de pararse y gritar a todo galío. Además consideré que era igual que en las misas, que de repente todos se paran, luego se sientan, luego se vuelven a parar, luego se arrodillan, luego se sientan. Así se la pasan durante toda la misa. Y aunque uno no sea de esa religión, si va a misa hay que hacer todos esos movimientos.
Cuando estaba concentrando, tratando de destapar la octava cerveza y con la mirada fija en la botella, todo el estadio gritó “Goooooooooool, Goooooool, Goooooooooool de la Selección Nacionaaaaaaaal” Todos se paraban como locos, se abrazaban como si fuera Feliz Año Nuevo, Y yo, no vi el gol por estar pendiente de mi botella. Me explicaron mis amigos, que en el estadio no repiten los goles como en la televisión. Por tanto, si no lo vi, ya me chingué.
Ni modo, de enojado me tomé dos cervezas mas. Puse mucha atención a los jugadores, pero ya no hubieron mas goles. Qué lástima, me perdí el único gol del partido.
De pronto el arbitro, dio un pitazo largo y los jugadores dejaron la bola y se terminó todo. Bueno mis amigos, nos vamos por donde vinimos, nos podemos ir tomando la última cerveza para completar la docena por cabeza. “Momento”, me dijeron los amigos, “el partido no se ha acabado, terminó el primer tiempo, faltan otros 45 minutos de juego después de un breve descanso, para que los jugadores tomen agua y hagan pis”.
Lo anterior pasó hace varios años (a principios de la década de los noventa). Ahora, la Selección Nacional y en general los equipos locales ya no llenan los estadios. Hoy la sensación es el fútbol español. Ahora hay miles de seguidores del “Real Mandril” y otros equipos gachupines.
La afición sigue atenta estos partidos. Los chupaderos con grandes televisores, han sustituido al Estadio Cuscatlán. Como dice Guadalupe Pineda, “Todo Cambia”.
Pero un día de estos, viendo uno de esos partidos por la televisión, con el mismo grupo de amigos con que fuimos al estadio hace muchos años. Me explicaban con paciencia como los mejores jugadores de los equipos españoles son brasileños, argentinos y de otros países latinoamericanos. Primero se llevaron nuestro oro, ahora se llevan nuestros futbolistas. Es decir que la deuda del primer mundo con el tercero, aumenta cada día, pero no sabemos cuando nos comienzan a pagar.
Quizá NADA CAMBIA.
Ayutuxtepeque, 30 de Octubre de 2005.
Muy bueno el post. Recomiendo visitar al respecto el blog "Misceláneas del fútbol" (http://mivisiondelfutbol.blogspot.com)
Saludos,
Leonardo




Y yo pense que era lento para entender el futboll americano.
Los deportista se van a otros paises, pues estos les pagan mas que si jugaran en sus propios paises.. asi que aqui no hay deuda.. sino simplemente el futbolista tiene que pensar en su propio bienestar y el de su familia. No por eso se convierten en traidores.. (no lo dijo usted, pero he oido ese tipo de comentarios)
Lo mismo pasa con jugadores que vienen de Cuba, Republica Dominicana, y Puerto Rico. se van a jugar Baseball con ligas en los Estados Unidos por buenisimos salarios y pues su pais no les da ni tan siguiera el reconocimiento de lo bueno que son.
Asi que no creo que hay deuda...Ni prestamo.. es una lastima que ya ese furor en las canchas ya no se ve en El Salvador... y que todo los deportes se han hecho demasiado Comerciales...

No me importa que los espanoles se llevaron el Oro de latinoamerica... lo triste de su maldita Invasion es que mataron e hicieron desaparecer en ese tiempo grandes civilizaciones como los Aztecas, Mayas e Incas y nos dejaron pueblos llenos de gran ignorancia, lavados de cerebro de Catolicismo.
Para este tiempo, esto no se puede pagar con que nos devuelvan el oro que nos robaron ni los intereses devengados. Desgraciados, Pinches espanoles!