Publicado en el Diario COLATINO
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No se preocupe, hermano - Wednesday, October 12, 2005 hora 14:03
René Martínez Pineda
Puta, hermano, cómo se ve que usted habla sólo porque tiene hocico.
Cómo se pone a creer que no me voy de este lugar porque me gusta vivir aquí.
¿Acaso cree usted que es bonito pasar toda la madrugada sacando agua con mierda de la casa?
Es que no tengo para donde irme, así de simple, no tengo para donde putas agarrar con mis tiliches.
Si pudiera conseguir casa en un lugar seguro y decente, y si pudiera pagarla, corriendo me fuera.
¿Que me vaya donde un familiar mientras pasa la alerta? Con mucho respeto, hermano, no sea usted pendejo, qué no ve que todos mis familiares viven en este barranco y están tan jodidos como yo, y que pasamos en alerta todos los días, porque cuando no es el río, es el volcán o el dengue o el gobierno.
Esa sugerencia está bien para los que viven en falsas residenciales y tienen familiares en lugares que son más seguros que los suyos. Y ni crea que se van contentos, ni que lo hacen inmediatamente, pues, a ellos también les cuestan sus cositas, que son un poco más caras y más bonitas que las mías, pero, es lo mismo, porque para ellos y para mí, esas cositas representan el esfuerzo de toda una vida, y no es fácil dejarlas tiradas a la buena de dios, o de los ladrones.
¡Claro que veo noticias! ¡A toda hora!
Y... ¿sabe una cosa? Me da asco ver cómo se entretienen con mi calamidad, que hasta hoy saben que es pública.
Pero, la mera verdad: yo no entiendo esos mapitas, y mucho menos ese montón de palabras raras que usan esos señores que cambian de chumpa todos los días.
Qué voy a saber yo de milímetros de lluvia, si ni siquiera sé cuántos milímetros de leche le hacen falta a la pacha de mi hijo para que crezca sano y fuerte, ya que tengo años de no comprarla porque está más cara que la gasolina y, sin embargo, nadie hace una comisión especial para que busque la forma de abaratarla porque:
¿A quién le importa que la leche esté cada día más cara?
Qué voy a saber yo de depresiones tropicales, si la única depresión que conozco es la que me entra en los ojos, en el pecho, cada vez que miro el cielo nublado, y entonces pienso en mis hijos que están solos e imagino mi cama nadando en la correntada.
¿Que por qué los dejo solos?
En qué país vive usted, hermano.
Si no me presento a trabajar me echan a la mierda inmediatamente, así cómo lo oye: me echan a la mierda.
No me diga que usted se cree eso de la solidaridad con nosotros, los siempre-jodidos.
¿Para dónde cree que se van los damnificados cuando termina la emergencia? Se van para el mismo hoyo de donde salieron, hermano, para el mismo hoyo, bajo el mismo paredón, junto al mismo río, a esperar el próximo invierno, y el próximo, y el próximo, y, así, hasta que se les acaben los muertos y lleguen otras familias a reemplazarlos.
Qué voy a saber yo de chubascos aislados, si lo único aislado que conozco es mi comunidad, que está aislada del progreso del que tanto hablan. Qué voy a saber yo de flujos de vientos convergentes del Pacífico, si lo único que sé es que en el invierno se juntan, con violencia, el río y la pobreza en la sala de mi casa.
Puta, hermano, cómo se ve que usted habla sólo porque tiene hocico.
Cómo se pone a creer que es bonito estar en un albergue.
Bien se ve que usted no sabe lo que es hacer cola para comer y hasta para ir a cagar, si usted mismo me dijo que no pudo soportar estar unos días de posada donde sus suegros.
Si de morir se trata, ya sea bajo un paredón o de vergüenza, es preferible morir aplastado en un lugar conocido.
¿Acaso cree usted que me gusta ver a mis hijos y mi mujer mendigando una cobija?
¿Cree usted que es una virtud escarbar lodo buscando el cuerpo de algún familiar?
Yo ya he estado varias veces en un albergue, porque no crea que esto de las inundaciones es cosa nueva.
¡Qué va, hermano!
Si mi bisabuelo, que nació en 1899, las padeció desde que era cipote, y esa fue, autenticada por el invierno, su herencia: continuar el apellido de la familia en medio del lodo, de la mierda, en esta comunidad en la que ni los perros merecen vivir.
Es triste pero cierto.
Es triste ver el cuerpecito pálido de una hija y saber que nunca más nos va a alegrar con su sonrisa.
Dan ganas de matarse, hermano, de matarse, para acabar con todo el sufrimiento de una buena vez, pero, siempre hay más hijos, siempre el corazón se niega a dormir cuando ve salir el sol.
Mire, hermano, yo no entiendo eso de los colores de las alertas... que amarilla, roja o verde.
Los únicos colores que conozco desde niño son: el café profundo del río cuando está a punto de desbordarse, y el negro... el negro, porque ya se hizo costumbre que en cada invierno entierre a un familiar sin que a nadie le importe.
Puta, hermano, cómo se ve que usted habla sólo porque tiene hocico.
¿Que qué voy a hacer?
Seguir nadando en la mierda, hermano, nadando en la mierda.
Total, quién por nosotros, si hasta dicen por televisión que ya estamos acostumbrados y que no hay mal que por bien no venga.
Bien se ve que no saben lo que es vivir donde yo vivo.
Lo único que me consuela es que, dentro de poco, usted también va a estar igual que yo; entonces hablamos.
Pero, no se preocupe si no sabe nadar, hermano, porque usted, de seguro, va a flotar en la correntada.
Licenciado, dejeme felicitarlo...
ESTE MENSAJE DEBE SER DIFUNDIDO POR MUCHOS MEDIOS MAS...
EXCELENTE. DEMOSLE GRACIAS A LOS TITERES DE EE.UU ES DECIR NUESTRO GOBIERNO