Erupciones, Inundaciones y Temblores.
En ocho días la naturaleza nos ha recordado las amenazas que se ciernen sobre el territorio salvadoreño. Y nos ha desnudado con toda su crudeza la realidad que vivimos los salvadoreños.
El sábado 01 de octubre, en las primeras horas de la mañana, el volcán de Santa Ana hizo una erupción. Esa era la noticia del medio día.
En las ultimas horas de la tarde comenzó una lluvia atemporalada, que no cesó, y comenzó a inundar nuevamente las calles y colonias de la capital. Esa era la noticia de la noche.
La lluvia continuó el domingo, lunes, martes, miércoles. Las inundaciones crecieron en el territorio nacional, seguidas de derrumbes que destruían casas y soterraban personas, mas de cincuenta mil damnificados refugiados en albergues. El 70% del territorio nacional era de alto riesgo. Esas eran las noticias de los días siguientes.
El jueves vimos el sol un rato. Pero el viernes, casi al mediodía un sismo de 6.2 grados, con origen en barra Salada, sacudió el territorio nacional. Por suerte, sin mayores consecuencias.
En una semana tuvimos erupción de un volcán, lluvias atemporaladas que inundaron el país y un sismo de regular consideración. Lo sucedido debe enseñarnos a poner los pies sobre la tierra, salir del país de las maravillas que nos venden los grandes medios de comunicación y llegar al país real que en verdad tenemos.
El territorio salvadoreño se asienta en una cordillera volcánica que atraviesa el territorio a lo largo. Hay al menos cinco importantes volcanes en esa cadena: Izalco, Santa Ana, San Salvador, San Vicente y San Miguel. Desde tiempos inmemoriales estos volcanes se han activado y han hecho erupciones. Han modelado el paisaje nacional. Se dice que los lagos de Coatepeque e Ilopango son de origen volcánico.
Lo increíble, es que en pleno siglo XXI no tengamos planes de prevención frente a una erupción. Un día antes de la erupción del volcán de Santa Ana, los pobladores observaron que la situación de la zona estaba cambiando, ante esto tomaron precauciones, sacaron las mujeres, los ancianos y los niños hacia los refugios y los hombres se quedaron cuidando los hogares. Cuando la masa de refugiados llegó a los albergues, en estos no tenían nada preparado para recibirles.
Pero lo verdaderamente inexplicable es que el jefe del Comité de Emergencia Nacional (COEN) y el Ministro de Gobernación, dieron declaraciones que esos refugiados eran ilegales, pues no pasaba nada en la zona del volcán, los acusaron de “auto refugiados” que seguían consignas políticas de a saber quien. Que por tanto debían regresar a sus lugares de origen, pues en los albergues no se les daría ninguna atención.
Unas horas después, la erupción volcánica contradecía a los funcionarios públicos. A pesar de las medidas preventivas de las comunidades, dos personas murieron. Si no hubiera habido evacuación preventiva, decenas o cientos, hubieran muerto.
Con las lluvias y las inundaciones la situación fue similar. A pesar de que en nuestro territorio llueve a cántaros desde hace milenios, no tenemos planes frente a las inundaciones. Cuando las lluvias se extendieron por todo el país, y las inundaciones eran generalizadas, el COEN se dedicó a hacer conferencias de prensa donde informaban que todo estaba bajo control. Mientras el trabajo real de atender a los damnificados lo hacían las municipalidades, los cuerpos de socorro y las organizaciones de las comunidades , sin ningún apoyo de las autoridades centrales.
Todo era una campaña propagandística para generar imagen de eficiencia, informaban de cientos de albergues y decenas de miles de refugiados, de comida caliente, y abrigo. Todo como si el COEN lo proporcionaba. Cuando en realidad no daban nada. Eran las municipalidades con sus escasos recursos y la ayuda de la gente los que estaban sufragando la atención humanitaria.
Cuando ordenaron la evacuación de colonias de clase media, que estaban en situación de alto riesgo, por los posibles deslaves en la Cordillera del Bálsamo y el Volcán de San Salvador, no tenían ningún refugio donde llevarles, a ultima hora improvisaron uno en la Ciudad Deportiva. Pensaban que por ser familias de clase media tenían donde ir, o se irían a los hoteles. Se les olvidó que el empobrecimiento a que han sido sometidas las clases medias en los últimos tiempos, los obligaba a buscar albergues, al igual que los residentes de las colonias marginales.
Por cierto, me llamó poderosamente la atención que no veíamos en las imágenes de la TV a ningún socorrista de la Cruz Roja ayudando. Solo aparecían los Comandos de salvamento, La Cruz Verde, La Cruz Azul, Camilleros, u otras instituciones de socorro que viven del apoyo del público. Pero la Cruz Roja que tiene recursos estatales e internacionales, brillaba por su ausencia a la hora de rescatar la gente atrapada en las inundaciones. Ojalá puedan explicarnos que hacían en esos difíciles momentos.
Los residentes de Pinares de Suiza, una colonia de clase media que fue desalojada por el riesgo de la cordillera del Bálsamo, señalaron que no se habían ejecutado las obras de mitigación en esa cordillera y por ello estaban en situación de riesgo. Riesgo que tienen sobre sus hogares, desde los terremotos del 2001. Quizá estamos esperando otra tragedia como la de Las Colinas, para ver si hacemos algo.
Por suerte que el sismo del viernes, solo nos pegó el susto, pero no hubieron consecuencias mayores.
En síntesis el problema es Ausencia de Prevención. Sabemos que tenemos volcanes y por tanto erupciones. Sabemos que estamos en una zona tropical de altísima precipitación pluvial. Tenemos gran cantidad de fallas geológicas locales y la gran falla continental, que producen sismos y terremotos. Pero a pesar de todo no tenemos medidas de prevención.
Vivimos como si estas cosas nunca sucedieran, cuando suceden no sabemos que hacer y terminamos siendo víctimas. Esta actitud, tanto de las autoridades como de la población, es la que nos vuelve vulnerables ante las amenazas de la naturaleza. Necesitamos un radical cambio de actitud. Debemos comenzar por educar tanto al gobierno como a sus habitantes de los riegos que padecemos, Esto es lo primero, pues si no tenemos conciencia del problema no actuaremos para solucionarlo. (Hablo de conciencia, no de conocimiento).
Ayutuxtepeque, Domingo, 09 de Octubre de 2005.