Adiós Nueva Orleáns.
He pasado varios días intentando comenzar a escribir algo sobre la tragedia que dejó a su paso el huracán Katrina. Pero las ideas, los acontecimientos y por sobre todo los sentimientos impedían hacerlo. Primero vimos con impotencia la furia de la naturaleza, luego la indiferencia del gobierno federal ante la tragedia, luego cuando comienza a llegar la ayuda y la dimensión de la catástrofe comienza a verse en cifras.
Katrina ha dado y seguirá dando mucho de que hablar, cobró cientos de vidas, destruyó miles de hogares, destruyó mucha infraestructura, y por sobre todo, cambió para siempre la vida de los que le sobrevivieron. Pero también cambió para siempre la ciudad de Nueva Orleáns.
Esta ciudad nunca volverá a ser la misma. Al menos en las próximas décadas, su importancia decaerá. Limpiar y reconstruir una ciudad no es cosa de meses, tardará varios años. Muchos de sus habitantes no querrán volver, y hay múltiples razones de peso para ello.
Volver al lugar de la tragedia e intentar vivir allí no es cosa fácil. Volver a la casa donde murieron parientes, volver al vecindario donde muchos de los amigos ya no estarán no es asunto fácil. El ser humano busca olvidar los momentos difíciles y las tragedias, por ello cuando algo malo le sucede, busca no regresar al lugar del mal recuerdo.
Pero además, no es lógico regresar a un lugar que ya demostró que es inseguro. La ciudad de Nueva Orleáns es demasiado vulnerable a las inundaciones, en medio de pantanos, lagos y ríos, y colocada bajo el nivel del mar. Los diques tardarán mucho tiempo en ser reparados y reforzados convenientemente. Además, con el cambio climático que experimenta nuestro planeta, la recurrencia de huracanes en la zona aumentará.
Nueva Orleáns siempre fue una zona de alto riesgo, pero ahora hay conciencia de ello. Cuando algo malo no ha sucedido, creemos que no sucederá nunca. Todos sabían que la ciudad tenía un enorme riesgo no cubierto, pero creían que nada pasaría pues nunca había pasado. Ahora el conocimiento se convierte en “conciencia” ante las aterradoras experiencias vividas.
Pero también está la economía. ¿Cuánto tiempo tardará la ciudad en recuperarse de la perdida económica? ¿En cuanto tiempo se recuperará la economía a niveles similares a los de antes de Katrina? Miles de empleos se han perdido, regresar a la ciudad puede ser sinónimo de estar desempleado.
Cuando el desempleo surge de manera abrupta, como en este caso, en que de un día para otro se perdieron miles de empleos, el golpe a la economía local no solo es fuerte, si no que genera un pernicioso efecto de cascada. Los miles de desempleados pierden de pronto su capacidad de compra, esto lleva a la quiebra a mas empresas, estas nuevas quiebras generan mas desempleo. Así la cascada perversa causa un daño tremendo.
Lo anterior se supera con inversión. Inyectando enormes cantidades de dinero a la recuperación económica del lugar. Pero ¿Quién desea invertir en Nueva Orleáns en este momento? Nadie invierte en lugares inseguros, pues nadie quiere perder su dinero. Cuando se invierte, no solo se busca mantener el capital, si no aumentarlo.
Por ahora Nueva Orleáns es un lugar de alto riesgo para la inversión. Lo seguirá siendo los próximos años.
Algunos señalan que las empresas de seguros inyectarán a la ciudad enormes cantidades de dinero para reponer las perdidas, que la reconstrucción generará empleo y esto reactivará la economía en corto tiempo. Ojalá que así fuera. Son mis mas sinceros deseos. Pero dudo que sean realidad.
Aunque parezca ilógico, al menos la mitad de las viviendas no estaban aseguradas contra inundaciones. Habrá dinero para reponer perdidas por otros daños, pero estos son menores comparados con el daño que causó la inundación. Miles de habitantes no podrán reconstruir de inmediato sus viviendas, al no contar con el recurso del seguro.
Otros señalan que habrá mucha inversión pública en la zona, tanto en forma de ayuda, de créditos para la recuperación de viviendas y la actividad económica o donaciones en efectivo para los damnificados. Esto es parcialmente cierto. Habrá dinero. Pero ¿Cuándo?
Todos sabemos la lentitud con que operan las burocracias gubernamentales. Los recursos tardarán, se necesitarán muchos estudios previos, que no pueden comenzar a hacerse mientras la situación de emergencia se mantenga y está durará varios meses.
Además no se sabe cuales serán los montos y los requisitos para acceder a la inversión pública. Todos sabemos que esto será política. La discusión en el Congreso no será tan fluida como hoy, que es emergencia. Habrán discusiones largas, pasarán la factura política al Presidente por su retraso en actuar durante la emergencia. Los fondos destinados a la recuperación no pueden ser a costa de recursos que se requieren en otros Estados de la Federación. Etc, etc.
Mientras tanto, muchos valientes regresarán al viejo hogar, con la esperanza de un empleo. Con el sueño de rehacer su antigua existencia. Con el esfuerzo puesto en olvidar, en ver solo hacia delante. Ojalá Nueva Orleáns no sea la primera ciudad del tercer mundo en un país del primer mundo.
Es difícil predecir el futuro, casi siempre el destino nos alcanza cuando menos lo esperamos. Pero de una cosa estoy seguro: Nueva Orleáns nunca será la misma que antes de Katrina. Por ello, los que alguna vez tuvimos la dicha de conocerla, de recorrer su barrio francés, de pasar una noche oyendo jazz en algún bar no nos queda mas que la memoria de lo que fue. Por ello: Adiós Nueva Orleáns.
Ayutuxtepeque, Martes, 13 de Septiembre de 2005.
JJMAR, Hay dos cosas que la ciudad de New Orleans le quiere comentar:
1- Hasta la vista, Babe!!
2- I'll back!!
Envió mis mas sentidas condolencias a todas las familias que sufrieron perdidas humanas, que es lo único que no se puede recuperar.
C.M
Entiendo los sentimientos que le embargan al hablar de New Orleans Jjmar, yo tambien conocí y me enamoré de esta ciudad y tambien pienso que nunca volverá a ser la misma.
Nunca he estado en esta ciudad, pero si estoy segura del espiritu norteamericano. Aqui en los Estados Unidos, sus ciudadanos, se quejan, se pelean, y lloran. Pero al final eatan unidos en la desgracia y saben que tienen que levantarse el animo y seguir adelante (el luto se queda en el corazon). Siempre hay luz al final del Tunel, no importa los abstaculos que se encuentren en los rieles y cuanto tren opuesto cubra con su sombra la luz.
Hay un dicho en ingles que se traduce como "Es hogar donde esta el corazon". Y muchas gente tiene sus corazones en esta ciudad.
Talvez, la ciudad no sera la misma en un 100%, Pero las raices no se arrancan tan facilmente. (Pedazos de ellas siempre se quedan) Asi que la ciudad volvera sin perder sus esencia. No es "Adios Nueva Orleans" sino, "Bienvenido a la NUEVA Orleans"
Lo dicho arriba es con gran FE.
Maria Jose
En Noviembre del año pasado el Huracán Michelle azotó el Caribe y se ensañó con Cuba. Según Ben Wisner, del Instituto de Desarrollo de la London School of Economics, el huracán que afectó a casi 25.000 viviendas, destruyó totalmente 2.800, causó solamente cinco muertes entre la población cubana. El gobierno cubano evacuó a 700 mil personas, el 6.36% de su población en tan sólo 24 horas. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba llegaron al sur de la isla para ayudar a la población, y lo hicieron. No llevaban órdenes de disparar a matar para “mantener el orden”.
Hace una pocos dias el Huracán Katrina asoló el estado de Luisiana y los muertos se cuentan por miles. La mayoría de los muertos son negros y latinos, sus cuerpos flotan en las calles inundadas de Nueva Orleáns, muy cerca del Superdome, el gigantesco estadio que habría de servir como centro de refugio y evacuación.
El presidente Bush estaba de vacaciones. Condolezza Rice se compraba zapatos en una tienda exclusiva para mujeres como ella.
Era una tragedia previsible. En el año 2001, la revista Scientific American advirtió del estado lamentable de los diques que contenían las crecidas del río Misisipi, de lo obsoleto de los sistemas de bombeo en caso de inundación, del crecimiento incontrolado de viviendas en zonas de alto riesgo, y de la insuficiencia de vías de evacuación. Ese mismo año la Agencia Federal de Control de Emergencias advirtió al gobierno que si no se tomaban medidas inmediatas, un huracán tendría consecuencias catastróficas para Nueva Orleáns. Los ingenieros militares de los Estados Unidos recomendaron la aprobación urgente de un presupuesto de 27.1 millones de dólares para reparar los diques.
El gobierno de Bush lo aprobó, pero a la hora de enviar el dinero decidió desviar el 80% para solventar los cada día mayores gastos de la ocupación de Irak. Así se planifican las catástrofes imperiales. Así se condena a que cientos de miles mueran de sed, de falta de asistencia médica, aplastados bajo los escombros, ahogados bajo las aguas, o devorados por los caimanes del Misisipi. Vomitivo.
Las televisiones del mundo mostraban náufragos sobre los techos de sus viviendas, algunos de ellos –nunca faltan- enseñando la bandera de las barras y las estrellas que ni siquiera les sirvió de toalla. Vomitivo.
Cuando el Estado nos abandona, cuando la necesidad se impone, cuando la sed y el hambre amenazan con matar, el instinto de sobrevivir ordena violar las leyes que no sirven. Es legítimo saquear un supermercado si la ayuda no llega.
Y la gobernadora del Estado de Luisiana, Kathren Blanco, en lugar de acelerar la ayuda humanitaria, armó con fusiles M-16 a tres mil soldados de la guardia estatal. “Saben como disparar a matar,están más que deseosos de hacerlo y espero que lo hagan”. Sus palabras son parte de la historia norteamericana. Esa mujer es una republicana de pura cepa. Vomitivo.