El militar habia estado muy ocupado gritando ordenes por el micrófono y profiriendo amenazas. Era un hombre alto, rubio, bastante buen mozo y evidentemente disfrutaba con el papel que le habían asignado: se pavoneaba de un lado a otro.
Algunos detenidos ya le habían apodado " El Príncipe".
En el momento que Víctor casi tropezó con él, el oficial dio muestras de reconocerle, sonrió irónicamente, imitó el acto de tocar la guitarra, rió y a continuación le paso rapidamente el dedo por el cuello. Víctor permanecio sereno e hizo algún gesto de respuesta, pero el oficial gritó"¿Que hace aquí este hijo de puta?" Llamo a los guardias, que le acompañaran y añadio " No permitan que se mueva de aquí. Éste me lo reservo."
Despues Víctor fue trasladado al sótano, donde se le ve fugazmente en un pasillo, el mismo en que con tanta frecuencia se habia preparado para cantar, ahora cubierto de sangre y tumbado en el suelo cubierto de orina y excrementos.
Por la noche le devolvieron a la parte principal del estadio y le dejaron con los demás presos. Apenas podía caminar, tenia la cara y la cabeza ensangrentadas y amoratadas, al parecer le habían pateado. Los amigos le limpiaron la cara y procuraron que estuviera cómodo.
Al dia siguiente, Viernes 14 de septiembre, los presos fueron divididos en grupos de alrededor de doscientos, preparándolos para trasladarlos al estadio nacional. Fue en ese momento cuando Víctor, ligeramente recuperado, preguntó a sus amigos si alguien tenia lápiz y papel, y comenzo a escribir su último poema. Víctor garabateaba a toda prisa e intentaba registrar parte del horror al que se estaba dando rienda suelta en Chile, a fin de que el mundo lo supiera.
En las últimas horas de su vida, las raíces profundas de su infancia campesina lo llevaron a ver en los militares a matronas cuya llegada era la señal de los gritos de parto, lo que de niño le había parecido un sufrimiento insoportable.
Y al llegar a los ultimos versos "Canto qué mal me sales cuando tengo que cantar espanto", para los cuales ya tenia la música en su interior, lo interrumpieron.Un grupo de guardias fue a buscarlo y lo separó de los que estaban a punto de ser trasladados al Estadio. Le paso de prisa el papelito a un compañero sentado a su lado y éste, a su vez, lo escondio en el calcetin mientras se lo llevaban. Cada uno de los amigos intentó aprenderse de memoria el poema a medida que era escrito, para sacarlo consigo del estadio. No volvieron a ver a Víctor.
Luego fue una vez mas insultado y golpeado, en publico, al borde de la histeria y perdido el dominio de sí el oficial apodado el principe, le grito: Canta ahora si puedes, hijo de puta.
La mañana del domingo 16 de septiembre los habitantes de la poblacion encontraron seis cadaveres que yacían en ordenada fila. Todos presentaban espantosas heridas y habian sido baleados con metralletas. " Este es Víctor jara".
ÚTIMO POEMA DE VÍCTOR
Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿cuantos seremos en total
en las ciudades y en todo el pais?
Sólo aquí, diez mil manos que siembran y hacen andar las fabricas.
Cuanta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura.
Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.
Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podria golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temore
uno saltando al vacío,
otro golpeandose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte.
¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera
sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mio?
¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?
En estas cuatro murallas sólo existen un número
que no progresa,
que lentamente querrá más la muerte.
Pero de pronto me golpea la conciencia
y veo esta marea sin latido,
pero con el pulso de las maquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona
lleno de dulzura.
¿Y México, Cuba y el mundo?
¡Que griten esta ignominia!
Somos diez mil manos menos
que no producen.
¿Cuantos somos en toda la patria?
la sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Asi golpeará nuestro puño nuevamente.
¡Canto qué mal me sales
cuando tengo que cantar espanto!
Espanto como el que vivo
como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos
momentos del infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto.
Lo que vi,
lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento...
Estadio de Chile
Septiembre de 1973
El anterior artículo lo subí hace años a un foro en el cual solía participar, lamentablemente no tuve la previsión de anotar la página web de donde lo obtuve, mis disculpas por no poder dar los créditos al mismo, en todo caso como se trata de promover la historia colectiva, he aquí mi pequeño homenaje a éste gran Hombre.
En el Estadio de Chile
apresaban el honor
los chacales de uniforme
siervos del yankee opresor.
En medio del desconcierto
se oyó de pronto una voz
Era la voz del poeta
cantor de revolución
¡Victor Jara era esa voz!
voz de campos y sudor
que cantaba a sus hermanos
infundiéndoles valor.
Un buitre se hizo presente,
con reluciente uniforme
y estrellas en las solapas
y mandó a buscar la voz, sus manos y la guitarra.
A empujones lo llevaron
al sanguinario animal
que con filo de hacha en manos
cortó los dedos al hombre
creyendo que de esta forma
su canto iba a silenciar.
Luego llovieron los golpes
insultos y escupitajos
y los rapaces ¡caramba!
ensañaron su rencor
en el poeta cantor
que sufría desplomado.
Transformado en un guiñapo
se incorporó tambaleante,
con sus dedos mutilados,
Y su corazón sangrante,
mientras el buitre oficial
con un violento empujón decía:
Canta, ahora canta
Si aún te queda valor.
Se hizo el silencio presente
al ver sangrante al cantor,
y se oyó su ronca voz
¡A ver compañeros!, ¡Démosle gusto al señor!
Y un coro de muchas voces
empezó altivo a entonar
un canto de Chile libre
en su Unidad Popular.
Los feroces asesinos
no pudiendo soportar
al hombre que agonizando
no lograron doblegar
y la metralla servil,
con su aguijón asesino
desgarró carnes y entrañas
robando el último aliento
al poeta hombre cantor
ejemplo de valentía.
Que ante su pueblo moría
Que ante su pueblo moría,
Defendiendo su nación.
¡Victor Jara era esa voz!
Voz de campos y sudor
Que cantaba a sus hermanos
Infundiéndoles valor.
Esa canción en homenaje a Victor Jara fue musicalizada por el grupo AHORA de VENEZUELA, en los años 70.
Poema (epigrama) dedicado a Victor Jara:
VICTOR JARA
Golpearon sus manos para que dejara de cantar.
Quebraron sus huesos para que dejara de cantar;
pero siguió cantando.
En el pasado los juglares llegaban a las plazas
y el público escuchaba las batallas,
la valentía indomable de los combatientes
y la traición de quienes
no soportaban el resplandor de las hazañas.
Luego el juglar volvía al camino
para entonar nuevas canciones.
Este hombre murió aferrado
a su pueblo y a su guitarra
era un juglar y un héroe.
FERNANDO LAMBERG, ABRIL DE 2008
Para disfrutar de otras de las obras poéticas del gran escritor chileno, profesor Fernando Lamberg, acceda en:
http://fernandolamberg.blogspot.com/
http://www.panoramacultural.net/Suecia/mPaginas/pSelectRecord.cfm?paginaID=1528&categoriaID=35
http://www.debatecultural.net/Poesia.htm