El Tratado de Libre Comercio de EUA, Centroamérica y República Dominicana, acercándonos a su conocimiento.
En dos comentarios anteriores, en que nos hemos referido a la reciente aprobación del Tratado de Libre Comercio de EUA con Centroamérica y República Dominicana, hemos señalado que uno de los problemas es el desconocimiento de su contenido y el debate excesivamente polarizado e ideológizado que aporta muy poco a su conocimiento y entendimiento concreto. En estas líneas pretendo explicar algunos elementos generales de tipo histórico que nos acerquen a su comprensión.
Comenzaremos por señalar que todos los Tratados de Libre Comercio (TLC) pretenden dinamizar y aumentar el comercio entre los países que los suscriben, estableciendo reglas claras para el intercambio comercial. Es decir que son instrumentos de la actividad económica. En un TLC definimos que queremos comprar y que queremos vender, así como bajo que reglas haremos el intercambio al o a los países con los que suscribimos el convenio.
Lo anterior significa que previo al acuerdo, cada país debe saber que pretende vender y comprar. Debe conocer su legislación, especialmente la que regula esta materia, así como la legislación de los países con los cuales firmará el convenio y las condiciones concretas de los sectores productivos, comerciales o financieros que se involucrarán en los procesos.
En el caso de Centroamérica, a lo largo de nuestra historia, hemos buscado la integración regional, para ello hemos firmado múltiples acuerdos de integración política y económica. Baste señalar que ente 1840 y 1940, los centroamericanos firmamos unos veinte acuerdos de libre comercio y otros diecisiete de integración política. Es decir que cuando hablamos de TLC, no estamos frente a un fenómeno nuevo en el país o en la región. Tenemos una experiencia acumulada, tanto en la dirección económica como en la política.
Modernamente estos procesos de integración política y económica los iniciamos en la década de los cincuenta cuando nació la Organización de los Estados Centroamericanos (ODECA) y en 1960 con la firma del Tratado General de Integración Económica Centroamericana. Esta motivación económica que nació en los sesenta, se mantuvo hasta mediados de los años ochenta, en que la profunda crisis, económica, política y social que asolaba la región y amenazaba con la regionalización de los conflictos armados existentes, obligó a retomar los causes políticos e imprimir cambios económicos.
Es a partir de la década de los ochenta en que se firman los primeros convenios de la región con los EUA. En 1983 se establece la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC) que permite a los países centroamericanos exportar mercancías a los EUA sin pagar aranceles. Esto se basaba en una idea, ahora considerada clásica, de las teorías de desarrollo de la época, que consideraba que era mejor privilegiar el intercambio comercial frente a la cooperación. Esta idea se había generalizado luego de haber sido aplicada exitosamente en la reconstrucción europea, después de la Segunda guerra Mundial.
En esta misma época se celebraron las famosas reuniones de los Presidentes de Centroamérica conocidas como Esquipulas I y II. Acá surgió una nueva racionalidad política, una nueva visión integral del proceso de integración regional, que de alguna manera se mantiene hasta la actualidad, aunque con menos fuerza debido al aumento de la importancia de las agendas económicas de los países de la región e internacional.
Esquipulas
La ICC brindó importantes aportes a las economías centroamericanas, pues permitió el aumento y la diversificación de exportaciones no tradicionales; Los nuevos empresarios vinculados al comercio modernizaron su mentalidad exportadora y se intensificó el comercio entre la región centroamericana y el caribe con los EUA. Además la región inició la apertura de comercio con terceros países.
Para desarrollar el comercio, nuestros países van desmantelando la estructura arancelaria, de esta manera desaparece el principal instrumento de protección de nuestra planta productiva, que existía en esa época. Los aranceles comunes centroamericanos bajan en este período de un promedio del 15% al 5%, con el consabido impacto en la recaudación fiscal. Así va desapareciendo el anterior modelo de desarrollo basado en la sustitución de importaciones y de promoción de agro exportaciones tradicionales.
Es en este contexto, en que entramos a la década de los noventa, en la cual se va desactivando la grave crisis regional de los ochenta, a partir de la culminación de exitosos procesos de negociación política entre los actores confrontados. Pero es también en esta década cuando nuestros países sienten con mayor fuerza el impacto del proceso mundial de globalización.
Es también en los noventa cuando se produce un fenómeno económico de alcance mundial. Nace la Organización Mundial del Comercio (OMC), este era un sueño no realizado por los países capitalistas desarrollados desde la Segunda Guerra Mundial. Con el nacimiento de la OMC culmina el mecanismo transitorio creado en 1948, que conocíamos como GATT. El nacimiento de la OMC, acelera los procesos de globalización comercial a escala planetaria y convierte los Tratados de Libre Comercio en los instrumentos comerciales de ultima generación que pasan a ser un vínculo estratégico con las nuevas realidades económicas.
En la década de los noventa, nuestro proceso de integración regional adquiere nuevos bríos y se revitaliza. En 1990, los Presidentes centroamericanos acuerdan el Plan de Acción Económica para Centroamérica (PAECA), con el cual se pretendía retomar la integración económica de la región al mas alto nivel político, adoptando una visión de gestión macroeconómica y de regionalismo abierto.
En el año de 1991(Octubre) nace el Parlamento Centroamericano (PARLACEN) que se presenta como una novedad, al estilo de la Unión Europea. Además es el único organismo regional electo por los pueblos en elecciones generales por país. Lamentablemente el carácter estrictamente consultivo del PARLACEN, no le ha permitido su satisfactorio desarrollo y se está convirtiendo en un elefante blanco, que es necesario revitalizar, y se podría comenzar dándole iniciativa de ley en todos los países de la región en materia de integración.
En 1992 nace la Corte Centroamericana de Justicia. En 1993 se suscribe el Protocolo de Guatemala al Tratado General de Integración Económica Centroamericana que había surgido en 1960, pero con una visión eminentemente económica, dando así una visión integral del proceso. Nueve meses antes del Tratado General, Guatemala, El Salvador y Honduras, habían firmado el acuerdo conocido como el Tripartito del Norte, donde garantizaban la libre circulación de personas, bienes y capitales entre los tres países.
Como podemos observar, los primeros años de la década de los noventa fueron de una intensa actividad de integración regional. Se producían veloces cambios en la historia de Centroamérica, que de alguna manera estaban ligados a la nueva dinámica económica mundial.
Es en este período donde comienzan a pesar las limitaciones que tenía el ICC firmado con EUA. Si bien había traído los beneficios antes señalados y había permitido a pequeños empresarios volverse exportadores de nuevos productos y en algunos casos, abandonar la economía agrícola de subsistencia, tenía serias deficiencias que comenzaban a afectar el desarrollo del comercio. El ICC era en el fondo un instrumento unilateral de EUA, quien tenía prerrogativas de revocatoria o suspensión temporal de las exportaciones de nuestros países hacia EUA. Esto impedía que se alcanzaran plenamente sus beneficios. Pero además generaba incertidumbre, y esta paralizaba nuevos negocios y nuevas inversiones locales. Había por tanto, poca claridad y seguridad en las reglas, lo cual generaba desconfianza en el largo plazo.
Se presentaron múltiples problemas por medidas arbitrarias que golpeaban las exportaciones de nuestros países, en muchos casos hubieron cuantiosas perdidas en empresas que exportaban productos perecederos. Habían empresas (Vestuario y textiles) que preferían pagar aranceles para obviar la inflexibilidad de ciertas reglas del acuerdo. Aunque también hay que reconocer que en el 2000 se acordaron la ampliación de ciertas reglas, dando beneficios mutuos.
Por ello podríamos considerar el ICC como un antecedente reciente del Tratado de Libre Comercio de EUA con CA y República Dominicana.
Culminamos acá la parte histórica, que aunque incompleta, puede darnos una visión de los antecedentes del TLC y acercarnos a su mejor conocimiento. Ojalá podamos mas adelante continuar con este tema.
Ayutuxtepeque, Sábado, 27 de Agosto de 2005.