La aprobación del TLC con Centroamérica y el Caribe (2)
En un comentario anterior nos referimos a la aprobación por el Congreso Norteamericano de el Tratado de Libre Comercio (TLC) de esa nación con Centroamérica y República Dominicana y también comentamos el escaso conocimiento del contenido del mismo en la gran mayoría del empresariado salvadoreño y ya no se diga de la población en general en El Salvador.
Esto último llama poderosamente la atención y se convierte en un hecho que es digno de comentarse. ¿Cómo es posible que hayamos aprobado un Tratado comercial que no conocemos? ¡Cómo es posible que el mismo Presidente de la Asamblea Legislativa haya votado favorablemente sin conocerlo! ¿Cómo es posible que su aprobación no halla sido precedida de un amplio y profundo debate parlamentario y nacional?
Cuando se aprobó el Tratado de Libre Comercio entre EUA, México y Canadá, a principio de la década de los noventa, su negociación duró varios años, los congresos de los tres países estuvieron involucrados desde el principio de la discusión y los gremios empresariales tuvieron un rol de primer lugar en todo el proceso.
En ese proceso de negociación, el papel central lo tenían los distintos sectores empresariales, que son los actores económicos de estos tratados. Cada rama de la industria, el comercio, las finanzas, los servicios, analizaron las consecuencias, elaboraron propuestas y participaron activamente en toda la negociación.
Se crearon muchas mesas de trabajo, en que las distintas ramas de la economía analizaban por separado las conveniencias de su sector. El rol de los Estados era de integrar las distintas opiniones y propuestas y darles formalidad a los acuerdos. Así a la par del Tratado, como documento central, surgieron una cantidad de anexos, que eran planes específicos llamados Programas para Promover la Competitividad e Internacionalización de las distintas áreas de la industria y el comercio.
Y a que horas traen el café....?
Cada uno de estos programas, abordaba la situación específica de cada sector y señalaba las medidas concretas que debían ejecutarse en plazos determinados a fin de equilibrar los desajustes existentes en cada país. Así se determinaba procesos de modernización, de desgravación arancelaria paulatina, mecanismos de financiamiento, etc. Todo con el objetivo de que cada sector de la economía, se pudiera volver realmente competitivo y eliminar las ventajas que de entrada tienen los países con mayor desarrollo económico y tecnológico.
Uno de los déficit, al menos en el caso mexicano, fue con la participación de los sectores laborales o sindicales. Como bien nos dice Pascual Moncayo y Trejo Delarbre, en su libro “Los sindicatos mexicanos ante el TLC”: “El Libre Comercio en Norteamérica ha sido motivo de muchas discusiones, que van desde la esperanza acrítica hasta la desconfianza catártica. Numerosos sectores de la sociedad mexicana, han tomado, dentro de ese amplio abanico, definiciones ante el tratado que se ha negociado con Estados unidos y Canadá. Uno de los sectores que se supondría mas activamente involucrado en tal discusión, es el sindicalismo. Sin embargo, por sus propias inercias y debido a que el debate sobre el Libre Comercio no ha sido todo lo amplio, ni todo lo sólido que se hubiera deseado, en los sindicatos mexicanos no han existido definiciones mayoritarias, ni influyentes, sobre dicho tema.”
Por lo tanto, cuando el tratado se aprobó por las tres naciones de Norteamérica, la mayoría de los actores económicos sabían de que se trataba, que medidas de modernización debían tomar, que plazos tenían. El problema no era de conocimiento del TLC; era de cómo ejecutar las medidas en los tiempos previstos.
Esta es la diferencia que nos llama poderosamente la atención con el tratado que ahora hemos aprobado. Los sectores empresariales no lo conocen y por lo tanto no saben ni siquiera que medidas deben tomar para involucrarse exitosamente en él.
La publicidad que en su momento se hizo, no era para que se conociera su contenido, si no para convencer que era bueno para el país. Además estuvo plagada de inexactitudes (por no decir mentiras). Se nos hizo creer que cualquier pupusería, podría exportar pupusas a los estados Unidos, que cualquiera podría mandar al mercado norteamericano una canastada de lorocos o paternas.
Ahora resulta que ninguna pupusa salvadoreña cumple con los requisitos fito sanitarios que establecen las leyes norteamericanas. Ni el maíz, ni los frijoles, ni los quesos, ni el chicharrón de tunco, salvadoreños; pasan el mas elemental examen, para ingresar al mercado norteamericano (ni siquiera para que lo consuman los perros gringos).
Achis! y yo que ya me creia empresaria exportadora!
En el caso de El salvador, la situación es más delicada y compleja, ya que el TLC nos obliga no solo a una profunda modernización de los sectores empresariales, si no, a una profunda modernización del país. No sirve de mucho que los empresarios se preparen si el país no lo hace.
No podemos pretender exportar productos agropecuarios al mercado norteamericano, que sido regados con agua proveniente de ríos contaminados. Nadie querrá invertir en un país, en que la seguridad jurídica es inexistente, en que la violencia social y delincuencial nos está ubicando como uno de los países mas violentos de América Latina. Con las actuales y obsoletas leyes laborales, que aparentemente favorecen a los sectores empresariales en detrimento de los trabajadores, pero lo que en realidad tenemos es una bomba de tiempo que tarde o temprano generará mayor inestabilidad social. Con los actuales niveles educativos, jamás tendremos una población con el mínimo de educación y conocimiento que la vuelva sujeto ganador en el TLC.
Pero lo mas grave es que ni siquiera el gobierno (que se supone conoce el Tratado) nos ha dicho como enfrentará las medidas negativas a consecuencia de su vigencia. Baste con señalar que la desgravación arancelaria, golpeará los ingresos que percibe el Estado. Hasta hoy no se ha dicho una palabra de que medidas fiscales deberán tomarse, ni para compensar los ingresos que no se recibirán, ni mucho menos para enfrentar los retos de la modernización del país.
A este chele lo quiero como Hermano -- Este indio ya me ensució la mano
Por tanto nuevamente señalo la necesidad de un amplio debate sobre el futuro de la nación. Ahora es mas urgente que nunca. Los discursos oficiales nos hablan de que el TLC representa una gran oportunidad, pero esto solo será cierto si nos preparamos para ello. Si nos sentamos a esperar que el progreso llegue, nos quedaremos esperando para siempre.
Si continuamos con la mentalidad de que todo lo dejamos para ultima hora, o el “para mientras, por si acaso o por si soca” que es tan característico de nuestra idiosincrasia, seremos los grandes perdedores del tratado, no habrá ganadores, el país entero perderá. De nosotros depende.
Ayutuxtepeque, Martes, 09 de Agosto de 2005.
JJmar,
Que bonito le quedo este articulo. Espero que todo salvadoreno lo lea y se ponga las pilas!!! (como se decia en mis tiempos) si quieren sobresalir entre los centroamericanos para que se habran nuevas fuentes de trabajo por medio del programa de TLC, tiene que dar los mejor de ellos y sus obras o producciones.
algo mas que agregar es que: Chile le esta exportando su fruta a NY y PA. por ser de buena calidad.
Segun un articulo que lei... En Argentina, casi la mitad de la poblacion en Buenos Aires tienen carrera
Universitaria... asi que El Salvador tiene que esforzarse para que aumenten y lleguen fuentes de trabajo.
