La confianza en nosotros y la salud.
En el comentario anterior señalaba la importancia de que ganemos confianza en nosotros mismos, y daba algunas disparatadas ideas de cómo conseguirlo. Para seguir martillando en el tema les expongo a continuación algunas reflexiones sobre como esta puede afectar positiva o negativamente, nuestra salud.
Al ir ganando confianza en nosotros mismos, los miedos y temores van desapareciendo poco a poco, vamos venciendo la timidez y ganando seguridad. Esto nos hará sentirnos mas liberados, veremos como hemos roto cadenas que antes nos tenían atados y nos volveremos mas tranquilos.
Para mi (Aclaro nuevamente que no soy psicólogo) el primer síntoma del cambio es cuando comenzamos a reírnos de nosotros mismos. Cuando de pronto decimos “Qué pendejo fui en tal ocasión” y nos reímos solos. Esto no es un síntoma de locura ni de enfermedad mental, aunque los que nos vean así lo crean, es todo lo contrario, es el primer síntoma de salud mental.
Todos en la vida cometemos errores y hacemos pendejadas, algunos pasan la vida avergonzados de lo que hicieron y su timidez es por miedo a repetirlas. Otros aprendemos a reírnos de ellas, pues solo el que no hace nada es el que no se equivoca.
El miedo a equivocarnos nos vuelve pesimistas, creemos que todo nos puede salir mal, y nos volvemos feligreses de Murphy, que señala “Que todo lo malo que nos pueda suceder, de seguro pasará” y que cree que “nunca nada es tan malo que no pueda empeorar.” Los pesimistas creen que si un día naufragan con tres mujeres en una isla desierta, una de ellas será su mujer.
Está comprobado científicamente que el pesimismo, resultado de los miedos, temores e inseguridades, afecta negativamente nuestro sistema inmunológico, es decir que nos volvemos mas fácil presa de cualquier enfermedad. Además nos volvemos mas proclives a sufrir un accidente (confirmando así las Leyes de Murphy).
Basta con que observemos a cualquier amigo pesimista que tengamos, siempre andan enfermos, cuando no tienen catarro, tienen migraña, o tienen diarrea. Además les ocurre con frecuencia cualquier tipo de accidentes o percances, a menudo se caen, se queman la lengua con café caliente, se deslizan en una cáscara de plátano, los muerde el perro del vecino, se machucan el dedo intentando poner un clavo en la pared (para colgar el retrato de su suegra). Lo que no les pasa, les sucede. A nadie le gusta platicar con ellos porque solo de calamidades y desgracias hablan.
Mejor me como un gusanito...
En cambio, si vemos a los optimistas y seguros, andan rebosantes de salud, “no les entra polilla”, nunca les pasa nada malo, pareciera que la vida les sonríe a cada momento. Se ríen de las vicisitudes de la vida. Pero además, es agradable conversar con ellos, su optimismo nos contagia. En el fondo hasta los envidiamos.
Pero eso no significa que los optimistas no se enfermen nunca, o nunca les pase nada malo. Ellos son seres humanos como nosotros, tienen sus achaques y sus problemas. La diferencia está en la forma de enfrentar los problemas. Para ellos cada problema o dificultad es un reto y una oportunidad de mejorar, para el pesimista significan la muerte. Es muy común el ejemplo de cómo vemos el vaso, medio vacío o medio lleno, pero lo seguro es que es el optimista quien se lo toma, y descubre que tenía un buen ron.
La clave de todo está en que aprendamos a identificar y desafiar los pensamientos negativos, buscar una forma mas positiva de explicarnos los acontecimientos, y buscar soluciones posibles para los problemas. Esta es la base para comenzar a tener una actitud positiva ante la vida, que sin duda nos dará mas posibilidades de tener bienestar, salud y éxito.
Es importante que entendamos que al cambiar nuestra actitud frente a la vida, podremos influir mas positivamente en los acontecimientos que están por venir y que no sabemos en que consisten, porque nadie puede predecir el futuro.
Haras un viaje....a Mariona
Las estructuras de poder en la sociedad promueven la inseguridad y los temores, pues les conviene el ciudadano pasivo, que no protesta y solo agacha la cabeza. Les da miedo que protestemos cuando nos aumentan el costo de la luz eléctrica o cuando tiran a cientos de empleados a la calle. Una población temerosa es víctima de todas las injusticias posibles.
El optimista no se deja joder tan fácilmente, hace valer su opinión, actúa frente a los problemas, es mas asertivo. Al final casi siempre se sale con la suya. Tengo un amigo que hace algunos años fue despedido injustamente de una gran y poderosa empresa. Él con valor e inteligencia les metió pleito en un juzgado laboral, después de varios meses de habilidosa, paciente y tesonera lucha legal, les ganó el juicio. La gran empresa tuvo que darle una jugosa indemnización y pagarle aparte daños y costas, con lo cual le salió gratis el abogado. Ahora tiene una bonita empresa que inició con los fondos que le dieron. Pasó de ser empleado a ser empresario. El despido fue la gran oportunidad de mejorar su vida.
Posiblemente algún día, el optimismo lo vendan en cápsulas en las farmacias (con sabores de menta, vainilla y eucalipto), pero mientras ese día llega, tenemos que hacer un esfuerzo por lograrlo. Comencemos por hacer un poco de ejercicio, aprendamos alguna técnica de relajación, tengamos buen humor y eduquemos nuestra mente. Esa disfunción eréctil puede ser por disfunción mental.
Hay una frase popular que dice que “querer es poder”, por supuesto pongámonos metas realistas. Yo pensaba que el día de mi cumpleaños, Hunnapuh y Demander me regalarían un Mercedes Benz ultimo modelo, con la Pamela Anderson adentro, pero eso no sucedió.
Happy Birthday... jjmar!
No olvidemos la famosa frase de los griegos, “mente sana en cuerpo sano”. Mente y cuerpo son una unidad indisoluble, no son como los matrimonios modernos. Adelante y tratemos de comenzar a cambiar este día.
San Salvador, Viernes, 24 de Junio de 2005.