De la violencia no se escapa ni la policía.
Este fin de semana nos sorprendió la noticia de que
tres policias murierion en un enfrentamiento entre ellos en una delegación policial de la Capital salvadoreña, y que otros dos policías fueron víctimas de la violencia delincuencial cuando estaban fuera de servicio.
Fotografia del El Diario de Hoy
En el primer caso, un policía borracho discutió con sus compañeros al interior de la delegación policial del barrio San Jacinto y resolvieron el diferendo a balazos con el saldo antes apuntado. Con esta acción pusieron en peligro a los vecinos de ese barrio que esperan que la policía los libre de la violencia. Para ellos la delegación policial se convierte en un peligro y una zona de riesgo y no en una garantía a su seguridad.
Lo increíble del caso es que el policía borracho que supuestamente generó el incidente ya tenía varios antecedentes de conducta viciada y en varias ocasiones había sido sancionado por la Inspectoría de la PNC. De esto surgen inquietantes interrogantes. Si este policía era alcohólico y tenían pruebas de ello ¿ Porqué continuaba en su responsabilidad? ¿Cuál es la eficiencia con la que trabaja la Inspectoría de la PNC? ¿Cuántos casos similares existen actualmente y son una bomba de tiempo dentro de las delegaciones policiales?
Por la notoriedad que el caso tuvo en los medios de comunicación, hasta el Presidente de la República tubo que dar declaraciones, pero todos señalan que el caso es un hecho aislado, que la policía es profesional y el caso antes apuntado es la excepción y no la regla.
Pero cuando se conversa con amigos policías, estos comentan en confianza y pidiendo confidencialidad, que es frecuente ver policías borrachos y drogados en las delegaciones policiales. Que a menudo estos policías provocan riñas con sus compañeros que en varios casos han llegado a punto de tomar las armas y amenazarse.
También nos comentan que los robos de pertenencias de otros policías al interior de la delegaciones es un hecho constante. Todo policía que por descuido deja un reloj, o una cadena, o un anillo mal puesto, desaparece y no lo encuentran, muchas veces se roban hasta la ropa de los compañeros. Además muchos ciudadanos han podido constatar la presencia de policías borrachos o endrogados, con uniforme por las calles desarrollando su trabajo en ese estado.
Por todo lo anterior podemos concluir que no estamos hablando de un hecho aislado, que hay un problema en la conducta de los policías que nos quieren ocultar a los ciudadanos porque consideran que así seguiremos confiando en ellos.
En nuestro país tenemos la idea de que ocultando los problemas los vamos a resolver. Hasta en el seno de la familia, muchas veces preferimos esconder al pariente borracho para que no lo vean las visitas, que tratar de ayudarlo a que supere su enfermedad.
Creo que lo primero que debería hacer un gobierno serio es reconocer que hay un problema al interior de la policía. De todos modos los salvadoreños ya sabemos que existe. Luego se deben de tomar las medidas para superarlo.
La Inspectoría general de la PNC debe cumplir su papel. Debe dejar de ser una institución decorativa e ineficiente, poniendo un inspector que sea realmente capaz y comprometido con su trabajo. Y no seguirla usando para ocupar la plaza para pagar favores políticos. Debe dotarse a la Inspectoría, de los recursos de equipo, financieros y legales para desempeñar su función.
Por otra parte debe solicitarse el apoyo de especialistas, incluso de los Alcohólicos Anónimos o Neuróticos Anónimos, que pueden ayudar a resolver el problema. Así como profesionales en sicología e incluso lideres religiosos.
Debe revisarse el actual sistema de acuartelamiento de la PNC. El tener policías que durante semanas o meses pasan acuartelados, sin poder ver a su familia o sin tener días de descanso; provoca estas conductas agresivas, la propensión a las bebidas alcohólicas o a las drogas.
Las autoridades alegan que es la falta de presupuesto lo que obliga a tener a los policías con esas largas jornadas de trabajo. Pero los hechos nos dicen que esto no genera mas seguridad a los ciudadanos. Muchas veces es mas cómodo tener a los policías encerrados, siempre disponibles; que hacer una verdadera planificación del uso del recurso humano que le permita al agente policial gozar de una sana estadía con su familia.
En todo caso, ese era el espíritu de los Acuerdos de Paz de Chapultepec firmados en 1992, pues se conocía de sobra como el acuartelamiento de los viejos cuerpos de seguridad fue uno de los factores que contribuyó a que estos se deformaran. En esa ocasión hubo el compromiso que esta situación no continuaría, y se buscó que ese fuera el espíritu de la nueva Ley Orgánica de la PNC. Pero ahora nos hemos olvidado de todo esto.
Si no reconocemos el problema y no tomamos las medidas pertinentes, este se nos irá agrandando, vamos a tener mas casos similares a los de San Jacinto, la ciudadanía perderá cada vez mas la confianza en el cuerpo de seguridad y este se ira deformando hasta volverse irreconocible.
Ojalá las autoridades actúen pronto y vean este hecho como un campanazo de alerta, pues todavía estamos a tiempo.
San Salvador, Miércoles, 08 de Junio de 2005.