Con las lluvias comienza la inundación de San Salvador.
Cuando llega mayo, todos esperamos con ansias el inicio del período de lluvias. Después de seis meses de clima seco, y después de los calores de marzo y abril, las lluvias de mayo refrescan nuestro ambiente. Hay un dicho popular que dice “te esperaba como agua de mayo”, cuando uno espera algo con mucho deseo o interés.
En el campo, también la lluvia es esperada con ansias, la ven llegar con alegría, es sinónimo de vida, de trabajo en la siembra, de futuras tortillas y atoladas, de esperanza. Se recuerda a San Isidro Labrador, patrono de los agricultores, “San isidro labrador, quita el sol y pon el agua”, rezan nuestros campesinos. Cuando llueve mucho “San Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol.”
....Pon el quita y agua el sol.. UPS!
Pero este panorama ha ido cambiando en nuestra capital San Salvador. Ahora las lluvias son motivo de angustia para decenas de miles de familias en condiciones de pobreza, que viven apiñadas en las colonias marginales y barrios populares. Las lluvias generan correntadas de agua sin control que inundan sus humildes viviendas y destruyen sus escasas pertenencias.
Pero también las lluvias son sinónimo de enfermedades. Desde siempre las primeras lluvias nos han traído diarreas, especialmente para los cipotes. Popularmente le hemos llamado “el mal de Mayo”, que consiste en diarrea con retorcijones que sufrimos en estas épocas.
Pero ahora los virus y microbios como que se han puesto mas bravos, ya no basta la Yodoclorina o los tradicionales “tapones de olote” populares como la sopa de guineos verdes, o las horchatas de maicena para curarlas. Resulta que necesitamos cada vez antibióticos mas fuertes. A lo anterior se agrega las epidemias de Dengue clásico y dengue hemorrágico, que todos sufrimos a consecuencia de las plagas de zancudos.
Es decir que en nuestra ciudad capital, el significado de las lluvias de mayo ha venido cambiando poco a poco. Ahora las lluvias equivalen a inundaciones, perdida de bienes materiales, enfermedades. Es decir se agudiza aun mas la problemática social existente.
La actitud de nuestras autoridades es salir a paliar de alguna manera las consecuencias, pero sin analizar las causas que las generan y mucho menos contar con plan de soluciones verdaderas.
Los actuales problemas que padecemos, tienen factores diversos que los generan. Por una parte el sistema de recolección de aguas lluvias de la capital está colapsado desde hace muchos años y no tenemos un plan para reconstruirlo. Es mas, ni siquiera tenemos un eficiente sistema de mantenimiento y limpieza del mismo; hay inundaciones provocadas por la simple acumulación de basura en los tragantes de aguas.
La ausencia de planificación en el crecimiento urbano ha generado la proliferación de colonias y residenciales por todos lados a criterio y gusto de las empresas constructoras de viviendas, que simplemente resuelven los problemas de aguas lluvias por la ruta de menor costo, que es tirar el agua a la barranca mas cercana a la urbanización que construyen.
Tenemos como país un problema estructural, que es la emigración del campo a la ciudad. Enormes contingentes de población, que empobrecida o sin empleo llega a nuestra gran urbe a buscar las oportunidades que no encuentra en sus lugares de origen. Estos grupos pasan a integrar los ya agrandados cinturones de pobreza, construyendo viviendas (si es que se les puede llamar así) en lugares de alto riesgo como son las orillas de barrancas y quebradas. Este es el sector mas vulnerable a las inundaciones y a las enfermedades.
Rio Acelhuate
Por otra parte la falta de sistemas preventivos de salud, agravan las enfermedades en esta época. El gobierno se lava las manos acusando a la población de no tomar las medidas necesarias para evitarlas, pero esto es pura demagogia gubernamental. La falta de agua potable en decenas de miles de viviendas obliga a la población a almacenar agua, con el consiguiente efecto de proliferación del zancudo transmisor del dengue. La falta de programas educativos de salud, agrava mas estos problemas.
Las soluciones no son fáciles, pero a la larga serían mas eficientes y mas baratas que lo que hacemos ahora, que es enfrentar las consecuencias. Se necesita un verdadero plan de desarrollo urbano, que ordene el crecimiento de las ciudades. Se necesita reconstruir la red de recolección de aguas lluvias y negras. Se necesita proveer de agua potable a todos los barrios y colonias de la ciudad. Se necesita la acción del Ministerio de Salud en los programas de educación de la población.
Se puede alegar que lo anterior requiere millones de dólares para su implementación, pero hay que pensar que muchas cosas pueden hacerse con el apoyo de las comunidades, con el trabajo conjunto con organizaciones no gubernamentales, orientando recursos estatales de áreas poco necesarias como propaganda en medios, viáticos a funcionarios que viajan al exterior etc.
El dinero se puede obtener de prestamos blandos que para este tipo de obras de beneficio social están disponibles. Solo pensamos en créditos cuando nos hablan de construir grandes carreteras, pero no lo hacemos con estas obras de inmenso beneficio social.
Si comenzáramos ahora, en unos años tendríamos resuelto una buena parte del problema y la época de lluvias volvería a tener el significado original que señalamos al principio. De lo contrario, en unos años, el problema será mas grave aun.
San Salvador, 13 de Mayo de 2005.