Mi?rcoles, 16 de marzo de 2005
El ata?d de don Esteban.

Don Esteban Rodr?guez sali? verde del susto de la consulta m?dica que hab?a tenido en el hospital San Juan De Dios. A Do?a Margarita de Rodr?guez, su esposa, le dio un vuelco el coraz?n cuando lo vio, parec?a un condenado a muerte. Haciendo de tripas coraz?n le pregunt? ?Qu? te dijo el doctor? Don Esteban con la voz en un hilo respondi? ?que me tienen que operar de la ves?cula?. Don Esteban a sus setenta y tres a?os hab?a sido un hombre sano, aparte de catarros y gripes nunca se hab?a enfermado. Nunca hab?a estado internado en un hospital y ahora de repente, lo iban a operar. Se sent?a el hombre mas desgraciado del mundo.
Imagen
Cuando llegaron al mes?n donde viv?an, todos los vecinos llegaron a visitarlo, para intentar consolarlo, daba tristeza ver el estado de animo por el suelo de Don Esteban, que siempre hab?a sido una persona optimista, alegre, bromista, de los que siempre le ven el lado bueno a los problemas. Pero ahora era todo lo contrario, se?alaba que por su edad no resistir?a la operaci?n, a ratos comenzaba a despedirse de todos, como un agonizante y daba consejos de c?mo deb?an de enrumbar sus vidas. Pero poco a poco la insistencia de los vecinos lo comenz? a consolar, le explicaron que la operaci?n de la ves?cula es sencilla, que nadie se muere de eso, Varias se?oras, destaparon sus barrigas y le ense?aron las cicatrices de operaciones mas graves a las que hab?an sobrevivido. Le explicaron que si bien ya no estaba joven, pero el era una persona sana, que nunca hab?a fumado, ni bebido licor en su vida, por lo tanto ten?a todas las de ganar. Le recordaron como don Ezequiel Mart?nez, que era un borracho y fumador de grandes ligas hab?a sobrevivido a una operaci?n igual cuando ten?a mas o menos su edad, ? un mes despu?s de la operaci?n el viejo Ezequiel ya andaba de parranda como si nada?, le recordaron tambi?n que don Ezequiel muri? a los noventa y dos a?os, cuando borracho se atraves? la calle y no vio el bus que ven?a a toda velocidad.

Poco a poco don Esteban fue recobrando el ?nimo, comenz? a bromear, dijo que nadie se muere antes del tiempo, que la mala hierba no se muere y cont? varios chistes sobre la muerte. Las risas comenzaron a inundar el lugar, el optimismo flotaba en el corredor del mes?n, y do?a margarita hab?a comenzado a repartir caf? con pan entre los asistentes. En ese momento don Esteban se atrevi? a decir p?blicamente, la otra parte de la noticia medica que no se hab?a atrevido a mencionar ?el doctor dice que me tienen que operar ma?ana a mas tardar?.

Al d?a siguiente, antes de las cinco de la ma?ana, don Esteban sali? del mes?n con rumbo al hospital, ten?a que llegar temprano pues le har?an varios ex?menes antes de la operaci?n. Le acompa?aban su esposa y Roberto su hijo menor, quien era el fortach?n de la familia y apodaban Campana. Llevaba consigo una bolsa de papel, que conten?a una mudada de ropa interior, una toalla, un par de yinas, un rollo de papel higi?nico y una Biblia. Al llegar al hospital internaron de inmediato a don Esteban, le explicaron a sus acompa?antes que lo operar?an a eso de las nueve y media de la ma?ana, que la operaci?n iba a durar una hora y media, y que ellos podr?an llegar al medio d?a a visitarlo. En vista de lo anterior, decidieron regresar al mes?n donde todas las vecinas los esperaban para que les contaran lo que hab?a sucedido.
Imagen
Despu?s de escuchar las novedades, todas decidieron organizarse para ir a visitarlo al mediod?a, pues concluyeron que si don Esteban las ve?a a todas se iba a sentir mas animado. Adem?s por esos d?as (a principios de la d?cada de los setenta) no hab?an restricciones de numero de visitantes por paciente en los hospitales p?blicos del pa?s. Aqu? es donde yo entr? en escena, pues llegu? como a las once a buscar a Campana, con quien ?ramos amigos, y al enterarme de la situaci?n decid? ser parte de la comitiva que ir?a al hospital a visitar a don Esteban.
Imagen
Fue as? como al mediod?a unas treinta y cinco personas salimos de mes?n con rumbo al hospital San Juan de Dios. Entramos sin ning?n problema y nos dirigimos a las salas de cirug?a de hombres donde deb?a estar don Esteban. Pero para nuestra sorpresa don Esteban no estaba por ning?n lado, incluso destapamos un par de enfermos para ver si era ?l, y nada. A alguien del grupo se le ocurri? que talvez lo ten?an en Cuidados Intensivos, pero all? no nos dieron raz?n de ?l. Entonces nos comenz? a abordar a todos un mal presentimiento, las risas fueron desapareciendo y todos fuimos asumiendo cara de preocupaci?n. A do?a Margarita de Rodr?guez se le comenzaron a llenar los ojos de l?grimas, y empez? con un ligero temblorcito en la voz y en las manos.

Sin perder todav?a las esperanzas y como ?ltimo recurso, fuimos con la jefa de enfermeras de cirug?a, quien con una frialdad que bajaba dos grados la temperatura del lugar nos dio la noticia que tanto tem?amos ?el paciente Esteban Rodr?guez falleci? en medio de la operaci?n? y para terminar de machacar agreg? ?el cad?ver se encuentra en la morgue, para ir a reclamarlo deben de traer un ata?d, de lo contrario, mas tarde lo envolver?n en un petate y lo enterraran como desconocido por cuenta del hospital?. Comenzaron los gemidos y los gritos de las mujeres. Una se?ora gorda que nos acompa?aba jadeando en las carreras de la b?squeda, cay? con ataques, y dos hombres corrieron a socorrerla. La jefa de enfermeras nos ech? a todos una mirada de desprecio, dio la vuelta, se meti? a la sala y cerro la puerta. Y all? nos quedamos todos parados sin saber que hacer o que decir. Do?a margarita estaba blanca como un papel, pero hab?a mantenido la cordura, y con un hilo de voz, nos dijo a todos ? y yo con qu? pisto voy a comprar el caj?n para enterrar a Esteban, si no tengo ni para la comida?


Una hora despu?s ya hab?amos organizado una colecta entre los asistentes, hab?amos solicitado la colaboraci?n de varias personas de buen coraz?n que iban de visita al hospital y hab?amos logrado reunir ciento cincuenta colones. Con ese dinero nos dirigimos a una funeraria de mala muerte que estaba enfrente del hospital, el due?o y carpintero del lugar nos dijo que el servicio funerario mas barato era de doscientos colones que se pagaban por adelantado.
Este servicio incluia el ata?d, dos burros para colocarlo, veinticinco sillas, cuatro bases para candelas y un crucifijo de lata. Si quer?amos cortinas y reclinatorio para la rezadora, hab?a que pagar veinticinco colones mas.
Imagen

Pero como nosotros solo ten?amos ciento cincuenta colones, comenzamos el regateo, despu?s de un rato convenimos el servicio por esa cantidad que no incluir?a las veinticinco sillas. Para el due?o de la funeraria el argumento mas fuerte era que ten?a como tres d?as de no vender nada, la noche anterior hab?a bebido con unos amigos y estaba de goma, sin un centavo para quit?rsela, por ello no dej? ir la oportunidad. Fue as? como nosotros salimos con el ata?d hacia la morgue, y el carpintero sali? corriendo para la cantina a comprar una pacha de guaro.

La morgue era un cuarto semi abandonado al final del hospital, donde en unos cajones viej?simos se colocaba a los difuntos, para mientras llegaban los parientes a recogerlos o los enterradores de la municipalidad. Por lo tenebroso del lugar decidimos que no ir?an todos, pues hab?an tres personas con catarro y les pod?a hacer da?o el chuquillo de los muertos, adem?s hab?an varios ni?os que no era conveniente llevarlos al lugar y se quedaron con sus madres.
Imagen
Pero al llegar a la morgue nos encontramos con un solo cad?ver, de un se?or que era casi de la misma edad que don Esteban, los dem?s cajones estaban vac?os, buscamos por todos lados dentro del sal?n y nada. Entonces todos corrimos a la administraci?n del hospital para saber que pasaba. Apur?monos, dijo don Vicente Hern?ndez, porque hay algunos estudiantes de medicina que se roban los cad?veres para hacer experimentos. Ante tal noticia nos atendi? directamente el Director del hospital, quien extra?ado y confundido, nos pidi? unos momentos para hacer las investigaciones respectivas.

Pasaron veinte minutos que para nosotros fueron eternos, despu?s de los cuales apareci? el Director con una cara entre apenado y sorprendido y nos explic? con voz muy pausada ?Me veo en la obligaci?n de pedirles mil disculpas, pues hemos cometido un error imperdonable?. Hizo una pausa para lamerse los labios y agarrar aire y continu?, Resulta que esta ma?ana operamos a dos se?ores de la misma edad y de lo mismo, uno de ellos falleci? y el otro se encuentra en buen estado de recuperaci?n? A todos nos dio un vuelco el coraz?n, y el Director continu? ?Por un lamentable error, el m?dico residente confundi? las fichas de ambos, y por ello les tengo la buena noticia de que el difunto no es el paciente Esteban Rodr?guez, si no el otro. Don Esteban se recupera a total satisfacci?n y en pocos d?as ser? dado de alta.?

Todos ca?mos de rodillas dando gracias a Dios, ahora los llantos de las mujeres eran de alegr?a, los hombres con una gran sonrisa nos dimos la mano. Don Vicente se?al? en voz baja ? Y ahora ? Qu? hacemos con el caj?n de Esteban??.


Corrimos de regreso a la funeraria a devolver el ata?d y que nos devolvieran tambi?n el dinero. Cuando llegamos nos recibi? el due?o, que estaba departiendo con sus amigos, tres pachas de guaro y un gran plato de comida en forma de bocas, que daba hambre. Nos explic? que su empresa no hac?a devoluciones, pues ?l no estaba seguro si el ata?d se lo devolver?amos usado. Ante nuestra insistencia, nos devolvi? cuarenta colones, pues no usar?amos las bases para las candelas, ni los burros ni el cristo de lata. Pero el ata?d no pod?a aceptarlo de regreso.

Fue as? que no tuvimos mas alternativa que regresar a pie al mes?n donde viv?a don Esteban con el ata?d en hombros. Cuando caminamos por las ultimas dos cuadras antes de llegar al mes?n, la gente sal?a a las puertas de las casas a vernos pasar y se persignaban en se?al de respeto ante la muerte. Era evidente que ya se hab?a corrido la primera noticia , pero a?n no llegaba la segunda.
Imagen
Dejamos el ata?d en el corredor de la pieza del mes?n, al rato regres? contenta do?a Margarita pues logr? ver a Esteban, que a?n estaba medio dormido por la anestesia pero estaba vivo y le entregamos los cuarenta colones que servir?an para la convalecencia del enfermo.

Varios d?as despu?s, don Esteban regres? a su casa, bastante recuperado, no hab?a tenido ninguna complicaci?n y estaba listo para vivir muchos a?os mas. Entonces le contamos la historia del d?a de su operaci?n. A pesar de que le dol?a un poco la herida no pudo contener la risa, todos re?mos. Luego don Esteban con el entusiasmo que siempre lo caracteriz? se dirigi? a mi y dijo ?usted joven, que le gusta escribir y que el otro a?o va a ir a la universidad, ojal? que alg?n d?a escriba esta historia? Luego dirigi?ndose a todos nos dio las gracias, los cuarenta colones servir?an para una medicina que no hab?a en el hospital y para mantener la dieta blanda por ocho d?as mas. Sobre el ata?d nos dijo ? De todos modos, yo necesitaba un ropero para guardar la ropa, as? que para eso servir? y tiene la ventaja que cabe debajo de mi cama. De todos modos alg?n d?a me voy a morir y es una ventaja tener comprado el caj?n para evitar que me entierren en un petate.

Once a?os despu?s falleci? don Esteban, de muerte natural, rodeado de sus hijos y de sus nietos. Dicen que tubo una muerte tranquila, ?se qued? como dormido? dec?a su anciana esposa do?a Margarita que le sobrevivi? muchos a?os mas. Yo no pude asistir a su entierro pues estaba exiliado en M?xico. Pero ahora a veinte a?os de su muerte, cumplo con el deseo de don Esteban de relatar a ustedes la historia.
Publicado por JJmar @ 18:18  | Cuentos y Humor
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
Lunes, 10 de noviembre de 2008 | 15:26
que onda mi raza soy eric velazquez saludos para todos y echenle un chingo de ganas bye...........
Publicado por Alber madrid
Lunes, 22 de diciembre de 2008 | 5:26
Esto nos hace apreciar la vida un poco mas,muy bonita historia con final feliz.Sabeis que en la edad media en europa ataban una campana al cadaber por si resulta que no estaba muerto de verdad???? salu2